Descripción
Los cambios profundos en el mundo del trabajo están ejerciendo una presión sin precedentes sobre el contrato social. Este acuerdo implícito que define la relación entre el gobierno y los ciudadanos, entre los trabajadores y el capital, o entre diferentes grupos de la población, ha sido cuestionado.1 Los temores generados por la naturaleza cambiante del trabajo han conducido a un creciente consenso acerca de la necesidad de fortalecer el contrato social, que depende en gran medida de la participación individual de los ciudadanos en las decisiones que afectan a sus vidas. Tal como subrayó la Comisión Mundial sobre el Futuro del Trabajo de la OIT: “La ausencia o el fracaso del contrato social perjudica a todos.”2 En este contexto, no es sorprendente observar un creciente interés en los modelos alternativos de crecimiento económico basado en el bienestar social, como la economía social y solidaria (ESS).