Ser cristiano consiste básicamente en seguir a Jesús. La cuestión que el autor quiere plantear en este artículo deriva de esa convicción primera y clave, que la teología actual reconoce como cierta, con un consenso cada vez más generalizado, como explica en este escrito. Tal convicción podría también formularse así: el seguimiento de Jesús, con toda su radicalidad, es una exigencia para todo creyente cristiano, por el simple hecho de serlo. O como dice J. Sobrino: “el seguimiento de Jesús es la fórmula breve del cristianismo”. Radicalidad y universalidad son, pues, características del llamamiento de Jesús a seguirle.