En los EE está la presencia de la Iglesia. Es más, la eclesialidad es el marco en el que todo el proceso tiene lugar. Es verdad que tienen un marcado acento personal (el que da y el que recibe los EE). Y es que a Ignacio “no se le ocurre explicitar la eclesialidad en que discurre la experiencia entera. No está ahí el problema a resolver. El problema lo siente Ignacio en la inconsecuencia personal, de quien, viviendo en el seno de la Iglesia, ha vivido para sí mismo, sordo al llamamiento, lleno de riqueza y crecida soberbia, en la inconsecuencia de los primeros binarios. En esa inconsecuencia está el impedimento de la auténtica eclesialidad, y a ella enfoca Ignacio su artillería”. En la actualidad, ya sería ingenuo presuponer la eclesialidad de nuestros ejercitantes. Es más, vienen demasiadamente marcados por la experiencia personal individual. Si no marcamos de entrada la presencia de la Iglesia, corremos el peligro de favorecer un intimismo espiritualista o puramente ético. Así como no se puede presentar la persona de Cristo desvinculada del Reino (desvinculamos persona y misión), así tampoco existe un Reino sin la Iglesia.