La misión hay que abordarla en su raíz: los cristianos desde el bautismo estamos enraizados en Cristo. Por tanto tenemos que preguntarnos en primer lugar por la misión de Cristo, que es la que nosotros, en la Compañía de Jesús, queremos continuar. Se recorre el testimonio de la Escritura y de la Iglesia en el Concilio Vaticano II llegando a la CG 35 con sus definiciones. Esa misión desborda a la Compañía, por tanto la colaboración surge como llamada al laicado como fermento evangélico en el mundo.