Los ministerios son hoy más que nunca un problema de y en la Iglesia. Por un lado, hay una toma de conciencia generalizada de que el actual modelo de ministerios se encuentra en crisis. Lo cual se traduce en las dificultades que tienen muchas iglesias para reclutar ministros ordenados y en el creciente envejecimiento de los eclesiásticos, propiciado además por las salidas de ministros que se han laicizado. Por otra parte, aumentan las parroquias sin ministros, siendo atendidas por religiosos no sacerdotes y por laicos. Crecen las críticas al dualismo teológico que subraya el derecho de los cristianos a los sacramentos (LG 37) y la praxis existente que pone condiciones que impiden reclutar a los ministros necesarios para ellos.