Estamos en un contexto en el que, además del debilitamiento del modelo económico dominante, el reto central es diseñar respuestas nuevas y operativas para conseguir un escenario mejor. Y aquí se presenta el desafío para las personas, organizaciones, movimientos, etc., cuya razón de ser se basa en la solidaridad y la justicia. ¿Qué papel están dispuestos a jugar? ¿Aceptan trabajar y luchar por estar presentes y ser protagonistas a la hora de elaborar objetivos, modos de funcionamiento, actitudes, etc., del sistema o se limitan a ser agentes menores cuya función no va más allá de determinadas políticas sociales con objetivos muy concretos? Nuestra propuesta/respuesta es que en este proceso no sólo hay un espacio y una oportunidad para esta ambiciosa tarea, sino que supone una exigencia que pone a prueba la fuerza de nuestra propuesta como alternativa. Dejar de asumir esa responsabilidad, quitaría toda legitimidad a nuestras declaraciones y acciones. Esta memoria recoge el esfuerzo de un grupo de personas y organizaciones que han aceptado con convicción y coraje ese reto. Han emprendido un proceso con un fuerte compromiso de crear una comunidad de reflexión y búsqueda, con una visión de largo plazo, que implica un aprendizaje continuo, que tiene una dimensión normativa clara, que reúne a personas que trabajan desde culturas, países, profesiones, etc., muy diversas. No es una casualidad que se haya constituido así, porque esa es la mejor garantía para navegar en la complejidad e incertidumbre de nuestro tiempo: confiar en el grupo y caminar desde los principios y no desde las recetas, con las personas como preocupación central. Como decía Martin Luther King Jr.: “El progreso humano no se mueve sobre las ruedas de la inevitabilidad. Llega mediante los esfuerzos incansables y el trabajo persistente […]. Sin ese duro trabajo, el tiempo se convierte en un aliado de las fuerzas del estancamiento social” (PNUD, 2010).