Con la siguiente frase, de Juan Bautista Libanio: “La espiritualidad ignaciana fecunda el cotidiano banal del posmoderno con la fuerza movilizadora de las grandes causas de la modernidad. Ahí está su secreto para el día de hoy”, inicia este artículo señalando que la Posmodernidad, en un primer momento, se revela como desencanto frente a la Modernidad, que presentaba el mito del progreso a partir de la razón. Frente a los excesos de racionalidad, le apuesta a la sensibilidad y a la afectividad; frente a proyectos totalizantes, prefiere darle valor a la diversidad; frente a la preocupación por el progreso y el futuro, da más atención al presente en toda su densidad; y cuando le apuesta a la libertad se radicaliza, desemboca en un individualismo que reduce la sociedad a un conglomerado de individuos, preocupados solamente por sus intereses particulares y menos sensibles a los intereses generales de la colectividad: es un rasgo muy típico del mundo de hoy.
Al continuar leyendo, encontramos las siguientes preguntas: ¿Cómo es posible la experiencia ignaciana del encuentro con Dios en una sociedad individualista? ¿Dónde está la originalidad de los Ejercicios frente a este “mundo líquido”?. El autor, con mucha claridad, da respuesta a cada una de ellas.