La intuición fundamental de este artículo es que del mundo de los pobres viene salvación. No sólo viene de este mundo, pero desde él surgen elementos e impulsos de salvación que difícilmente provienen de otros mundos. En el mundo de los pobres hay algo que humaniza y que es diferente, y aún contrario, a lo que prima en el mundo de la abundancia: alegría, creatividad, paciencia, arte, esperanza, solidaridad… Y de ahí surge la esperanza de un mundo “humano”.