La autora define a las C. V. X. como comunidades de personas que pasaron y desean pasar por la pedagogía de los Ejercicios Espirituales que fue la experiencia de Ignacio, y sienten que su vida puede cambiar radicalmente con esto. Compartir este deseo y esta esperanza crea entre estas personas una amistad nueva e indestructible, que las hace compañeras de Jesús y compañeras las unas de las otras y es como el cemento de su vida comunitaria y de su misión apostólica en la sociedad y en la Iglesia. En el proceso de esta experiencia comunitaria con que Dios mismo le enseñó a Ignacio a quererlo y a buscar y hallar su voluntad son pieza central e indispensable. Son ellos los que hacen de una comunidad C.V.X. algo único y original, distinto de otros grupos en la Iglesia, distinto de un grupo de oración, distinto de un equipo de trabajo apostólico. Es su pedagogía, el proceso con que van penetrando en las vidas de los miembros C.V.X. y, a través de ellos en la vida de la comunidad, que hace que una C.V.X. sea lo que es y camine en dirección a ser lo que debe ser. El paradigma que va a nortear todo ese camino va a ser siempre el proceso vivido por el mismo Ignacio.