La Congregación General 32 de la Compañía de Jesús previó ya la necesidad de fomentar un vínculo mutuamente enriquecedor entre nuestra vida de fe y nuestro compromiso en las obras de caridad y justicia. Sin una genuina vida de fe, nuestro compromiso con otras personas en el mundo será antes para nuestra propia gloria que para mayor gloria de Dios. Esta interacción de la fe y la justicia suscita nueva esperanza para entender los actuales temas medioambientales y ofrece asimismo algunas respuestas verosímiles para proteger, conservar y mantener la belleza, armonía e integridad de toda la creación.