Mucho se insiste hoy en que la Iglesia de este milenio es la “Iglesia del laicado” Esta afirmación ha sido acuñada por religiosos a partir del magisterio de la Iglesia, y para ellos tiene muchos significados e implicaciones. En este artículo el autor propone con humildad y libertad leer esa frase desde su experiencia laical, la que ha madurado en el contexto vocacional y asociativo de la Comunidad de Vida Cristiana. No pretende representar a los laicos ni imponer una particular visión o experiencia, pero desea que su aporte fluya desde la experiencia y la reflexión sin inhibiciones metodológicas ni temores paralizantes. Está convencido que un primer significado de la expresión “la Iglesia de los laicos” es precisamente que los laicos, encontremos el modo y la oportunidad de expresarnos en la Iglesia, como Iglesia, en cuanto Iglesia confundida, más allá de ella misma y provocada desde la vida misma. Además, asume que la expresión “los laicos” es muy amplia, que abarca a personas muy diversas, con historias de fe muy distintas. Lo común a todos es el sello cristiano del bautismo, que nos incorpora a la vida pascual y a la misión de Jesucristo por medio de su Iglesia.