El autor nos dice que, con miedo a ser simplista, cree que la fe desde la experiencia tiene una aproximación más vital y menos teórica. Hoy vinculamos la razón, el dogma y su formulación, con la práctica o la acción y en definitiva con la vida, y eso es lo que trataremos de mostrar. Ya Santiago afirmaba en su carta pastoral, que una fe sin obras es una fe muerta (Sant. 2,17). Sin embargo este ensayo que busca abordar el título del artículo no pretende ahondar en el tema de la fe, es más bien un intento modesto de responder a una pregunta: ¿Qué clase de fe nos conduce a la justicia y a la reconciliación en un mundo multicultural y multireligioso? Partiendo desde una experiencia de fe y de una fe personal y colectiva, (aunque tendríamos que preguntarnos a qué tipo de fe nos estamos refiriendo) se nos llama a luchar por la justicia y la reconciliación. Estas son palabras gruesas que exigirían de nosotros alguna aclaración u otro tipo de tratamiento, pero antes nos parece más conveniente preguntarnos cual es esa FE que se hace reconciliación y justicia.