A los interrogantes profundos sobre el sentido y sobre el fin de la aventura humana responde la Iglesia con el anuncio del Evangelio de Cristo, que sustrae la dignidad de la persona humana al fluctuar de las opiniones, defendiendo la libertad del hombre como ninguna ley humana lo puede hacer. El Concilio Vaticano II señaló que la misión de la Iglesia en el mundo contemporáneo consiste en ayudar a todo ser humano a descubrir en Dios el significado último de su existencia: la Iglesia sabe bien que «sólo Dios, al que ella sirve, responde a las aspiraciones más profundas del corazón humano, el cual nunca se sacia plenamente con solos los alimentos terrenos».Solamente Dios, quien ha credo al hombre a su imagen y lo ha redimido del pecado, puede ofrecer a los interrogantes humanos más radicales una respuesta plenamente adecuada por medio de la Revelación realizada por su Hijo hecho hombre: el Evangelio, en efecto, «anuncia y proclama la libertad de los hijos de Dios, rechaza todas las esclavitudes, que derivan, en última instancia, del pecado; respeta santamente la dignidad de la conciencia y su libre decisión; advierte sin cesar que todo talento humano debe redundar en servicio de Dios y bien de la humanidad; encomienda, finalmente, a todos a la caridad de todos»