Al iniciar el texto, el autor, Pedro Trigo sostiene que lo primero que desea mencionar es que forma parte de la misión de la Compañía de Jesús, hacer teología desde su misión, lo cual significa que no se trata de un tema entre otros sino que es un enfoque inexcusable para un teólogo jesuita. Continúa señalando que es es útil porque ayuda a que se hagan cargo de esa misión y la incorporen a su propio quehacer teológico ofreciendo, al mismo tiempo, criterios de discernimiento para calibrar hasta qué punto uno opta por ser jesuita como teólogo, es decir, hasta dónde se hace teología como jesuita, en cumplimiento de la misión a la que se han consagrado por vocación.
Como segundo preámbulo señala que la misión actual de la Compañía no debe interpretarse como una novedad absoluta, ya que si así fuera, como la vocación es para la misión, si la misión fuera distinta de la de Ignacio y los fundadores, ya no serían jesuitas porque habrían cambiado de identidad. Sin embargo, complementariamente, se debe afirmar también que la fidelidad no puede entenderse como seguimiento textual, como imitación. Una fidelidad así dejaría de ser espiritual y, por lo tanto, no sería verdadera fidelidad sino mero continuismo. La fidelidad, al ser obra del Espíritu, ha de acontecer en una verdadera creación.