En la presentación del libro de Juan Ochagavía se lee que la fe es, fundamentalmente, un agradecimiento al Dios Creador y salvador, Consumador y Dador de Vida plena que sostiene y da sentido a todo y a todos. Un agradecer y alabanza constante, que aprendemos juntos en la comunidad eclesial de fe. Como creyentes estamos llamados a pensar nuestra fe, a hacer teología y este pensar será auténtico en la medida que sepa mantener una relación vital con el pasado y con su presente, en el horizonte del futuro.
Esto es básico en nuestra experiencia de fe, dado que la novedad central del movimiento cristiano de ayer, hoy y mañana, surge siempre del redescubrimiento de su origen: Dios Trinidad, el Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. No hay ni habrá una vivencia cristiana plena que no sea, a la vez, una experiencia de Dios Trinidad, que se manifiesta en la historia como relación, fundamento de la comunión que caracteriza la creación.
La teología como gesto de tradición, como memoria y actualización agradecida y reflexiva, no podrá prescindir jamás del vital testimonio de los testigos de la misma fe, a través de los siglos, para orientarse y buscar nuevos horizontes en medio de los desafíos, en diálogo con la cultura, la filosofía de ayer y de hoy e, igualmente, con las ciencias humanas, que tienen una palabra significativa sobre el misterio insondable del ser humano. No solo memoria y actualización sino, sobre todo, esperanza de una vida eterna, de una felicidad sin límites, de una plena comunión de vida y amor con Dios y todos los bienaventurados.