La comprensión del ser humano como ser superior al resto de los seres, es prácticamente unánime. Dicha superioridad se considera ontológica y es la que fundamenta la obligación moral del respeto a la dignidad de cada ser humano. Sin embargo, sólo tiene sentido afirmar que el ser humano es más digno de respeto que cualquier otro ser si, realmente, hay argumentos que muestran que la vida de un ser humano -del que fuere- tiene más valor intrínseco, en sí y por sí mismo, que la vida de cualquier animal más o menos evolucionado, de la subespecie que fuere.