El inicio de este nuevo milenio nos encuentra viviendo, en la Iglesia, un período lleno de desafíos caracterizado por el deseo de transitar de una "Iglesia de clérigos" a una "Iglesia de laicos" como lo vislumbra el Concilio Vaticano II. Así, los autores nos hablan de la esperanza del renacer del laicado, las dificultades de una tradición, el volver a aprender lo que somos, la persistencia de un imaginario impregnado de dualismo, la experiencia del límite y de las posibilidades de reaprender, para luego hablarnos desde su experiencia como pareja de laicos.