La Familia Ignaciana de Guatemala, en un comunicado compartido por la Universidad jesuita Rafael Landívar, emitió un pronunciamiento por la detención del periodista José Rubén Zamora y de la fiscal auxiliar Samari Gómez, cuestionando el actuar del Ministerio Público. Compartimos el comunicado:

 

Carta a la Familia Ignaciana de Guatemala:

Justicia y libertad al servicio del Bien Común

 

Guatemala de la Asunción, 1 de agosto de 2022

 

Compañeras y compañeros de camino:

Luego de la Asamblea Nacional Apostólica que celebramos el pasado 30 de julio, con motivo de la fiesta de San Ignacio de Loyola, consideramos oportuno hacer un repaso por los últimos acontecimientos que han afectado la vida del país, que nos ayude a reflexionar y discernir en comunidad.

Hace un año, decíamos que vivir con dignidad no debe ser una utopía ni un privilegio. En ese momento compartimos la preocupación de una gran parte de la ciudadanía guatemalteca por el evidente deterioro de las instituciones de justicia del país que alcanzó un nuevo nivel luego de la arbitraria destitución de Juan Francisco Sandoval, titular de la Fiscalía Especial Contra la Impunidad (FECI), del Ministerio Público (MP). A este gesto de rasgos autoritarios, le siguieron muchos otros en todo el país: periodistas comunitarios amedrentados, defensores de derechos humanos involucrados en procesos penales con escasa información pública, jueces y fiscales con demostrada honorabilidad exiliados.

Este año, en las vísperas de la celebración de San Ignacio de Loyola, el MP allanó la casa del periodista José Rubén Zamora, presidente de elPeriódico. Luego de varias horas se le aprehendió y condujo a la torre de tribunales. Al mismo tiempo, se allanaron las oficinas del diario en mención y se retuvo a ocho trabajadores del medio, violentando sus derechos humanos. Samari Gómez, fiscal de la FECI, fue detenida también, en medio de un clima de incertidumbre.

Las explicaciones oficiales del MP dejan en evidencia el verdadero propósito de las acciones que atestiguamos en los últimos días: limitar la libertad de expresión, de prensa y de acceso a la información pública, que son garantías constitucionales fundamentales para que vivamos dignamente.

Así lo demuestran la suspensión de la audiencia de primera declaración programada para hoy y el embargo de las cuentas bancarias de elPeriódico. Lo primero entorpece el debido proceso y la segunda acción afecta directamente el funcionamiento del medio y vulnera los derechos de las y los trabajadores y sus familias.

Estos casos deben recordarnos que el exilio, la persecución y las penas que enfrentan distintas ex funcionarias y ex funcionarios del sector justicia, defensoras y defensores de derechos humanos y periodistas, no son normales. Todas estas personas lideraron oportunamente procesos de investigación que evidenciaron cómo funciona la corrupción y la impunidad en Guatemala. Por esa razón, hoy enfrentan la venganza de quienes quieren que permanezcamos en la oscuridad.

La Conferencia Episcopal de Guatemala nos recuerda que "luchar por el bien común, respetar la democracia y defender el Estado de derecho constituyen prioridades para el Estado de Guatemala en sus distintos organismos: Judicial, Legislativo y Ejecutivo. Cuando, en el pasado, estos criterios se perdieron en nuestra historia, entramos en los tiempos funestos de las dictaduras". Por ello, en estas horas, el silencio no es una opción.

No podemos olvidar o dejar o dejar de valorar la labor que realizan las mujeres y hombres que en los últimos años han defendido la democracia guatemalteca. En especial, las y los periodistas en todo el país, que a pesar de las condiciones que enfrentan, trabajan por develar las problemáticas que vivimos, aún cuando ello suponga poner en riesgo su vida y la de su familia.

Sin esta labor, "la oscuridad será claustrofóbica y densa, nuestra vulnerabilidad hará que cada día lo vivamos con temor, arrodillados ante el crimen organizado que seguirá avanzando sin las cortapisas del Estado de derecho que dejamos desfallecer porque nunca logramos valorarlo", como bien expone el consejo editorial de Plaza Pública.

Por ello, es fundamental que respaldemos ese trabajo, desde nuestras comunidades, hogares, oficinas, aulas, parroquias y lugares de servicio. No podemos ser indiferentes a esta coyuntura que necesita una mirada crítica. Es decir, resulta indispensable analizar los fenómenos que tenemos delante a la luz del Evangelio y responder como cristianas y cristianos con solidaridad y compromiso.

Al terminar este año ignaciano en el que conmemoramos que una bala de cañón generó la gran crisis que cambió la vida del joven Ignacio de Loyola, que lo llevó a una conversión radical y cambió su modo de estar en el mundo, debemos sentir también ese llamado en medio de esta crisis que azota Guatemala. En ese sentido es oportuno preguntarnos: ¿En qué aspectos de nuestros apostolados necesitamos una conversión? ¿Cómo colaborar y salir de este silencio que nos tiene esclavizados?

Siguiendo el ejemplo de Ignacio también nosotras y nosotros debemos dar un paso adelante para colaborar en la construcción de una Guatemala en la que el conocimiento, la justicia y la libertad estén al servicio del bien común.

Fraternalmente,

Consejo Nacional Apostólico
Compañía de Jesús en Guatemala

 

Información de Universidad Rafael Landívar