Aunque alejadas del océano Pacífico, donde se manifiesta el fenómeno La Niña, en las regiones áridas y semiáridas de África oriental se siente su impacto en forma de empobrecedoras inundaciones o sequías.

 

El episodio en curso del fenómeno La Niña, que ha influido en las precipitaciones y exacerbado sequías e inundaciones en varias partes del mundo, puede prolongarse durante varios meses, al menos hasta agosto y posiblemente hasta finales de año, advirtió la Organización Meteorológica Mundial (OMM).

Petteri Taalas, secretario general de la OMM, dijo que “el cambio climático antropógeno (generado por la actividad humana) acrecienta los efectos de los fenómenos de origen natural, como La Niña, e incide cada vez más en las condiciones meteorológicas”.

Esa incidencia se manifiesta, sobre todo, “mediante una mayor intensidad del calor y las sequías, y el riesgo conexo de incendios forestales, así como los diluvios y las inundaciones sin precedentes”, agregó Taalas.

La Niña es un fenómeno que produce un enfriamiento a gran escala de las aguas de la superficie oceánica en las partes central y oriental del Pacífico ecuatorial, además de otros cambios en la circulación atmosférica tropical, como los vientos, la presión y las precipitaciones.

Por lo general, tiene efectos en el tiempo y el clima contrarios a los de El Niño, que constituye la fase cálida del fenómeno denominado El Niño Oscilación del Sur.

La OMM dijo que la sequía reinante en el Cuerno de África y en la parte meridional de América del Sur lleva el sello de La Niña, al igual que las precipitaciones por encima de la media en Asia suroriental y Australasia, y las predicciones de una temporada de huracanes en el Atlántico con una actividad superior a la media.

Según esa agencia de las Naciones Unidas, todos los fenómenos climáticos de origen natural ahora se producen en el contexto del cambio climático antropógeno, que provoca un aumento de las temperaturas mundiales.

Esa actividad humana también exacerba los fenómenos meteorológicos y climáticos extremos, y altera la configuración de las temperaturas y las precipitaciones estacionales, castigando grandes espacios con sequías e inundaciones.

Millones de personas están padeciendo hambre –cientos de miles en situación de emergencia- o han debido migrar en áreas castigadas sobre todo por la sequía en África oriental, occidental y en el Sahel, la franja semiárida que separa el desierto del Sahara de la zona de bosques en el continente africano.

El episodio actual de La Niña comenzó en septiembre de 2020 y continuó hasta mediados de mayo de 2022 en todo el Pacífico tropical. Hubo un debilitamiento enero y febrero de este año, pero se ha fortalecido desde marzo.

Según la OMM hay 70% de probabilidades de que se mantenga durante todo el verano boreal, e incluso de que vuelva a aumentar levemente hasta la llegada del invierno en el hemisferio norte.

A pesar de la persistencia del episodio La Niña en el centro y oriente del Pacífico ecuatorial, en el resto del mundo se imponen, de forma generalizada, temperaturas de la superficie del mar que son superiores a la media.

También se prevé un dipolo negativo (agua más tibia y mayores precipitaciones) en el Índico, lo que implica condiciones más frescas y secas al oeste de ese océano y más cálidas y con más lluvia –más fuerza en los monzones- en las regiones situadas a su oriente.

Taalas insistió en la necesidad de un mayor esfuerzo internacional “para cumplir el objetivo de que todas las personas tengan acceso a los sistemas de alerta temprana en los próximos cinco años, para protegerlas contra los peligros relacionados con el tiempo, el clima y el agua”.

 

Imagen e información de ipsnoticias.net