“Yo me expreso siempre en quechua y no me siento menos”, afirmó Elías Ccollatupa, de 47 años, quien lleva más de dos décadas como profesor intercultural bilingüe en el distrito de Chinchaypujio, uno de los nueve que conforman la provincia de Anta, en el departamento de Cusco, en el sur andino de Perú.

Ccollatupa dialogó con IPS por teléfono desde su comunidad campesina quechua de Pauccarccoto, que pertenece a Chinchaypujio, mientras de fondo resonaban las risas de las niñas y niños en pleno recreo, quienes son parte del millón 239 389 estudiantes de la educación intercultural bilingüe en este país sudamericano, según cifras oficiales.

Docente desde hace 21 años, expresó su preocupación por la intención en el gobierno  de homogenizar el aprendizaje escolar con el empleo del castellano, pese a la política vigente que garantiza el derecho a la educación intercultural bilingüe, es decir, que el aprendizaje se dé respetando la lengua originaria del alumnado y su identidad cultural.

Perú aprobó en el 2016 su Política Sectorial de Educación Intercultural Bilingüe y aunque la implementación ha tenido debilidades, Ccollatupa, integrante de la Asociación de Publicaciones Educativas Tarea, considera importante contar con este marco normativo.

“De esa forma aseguramos que nuestras lenguas originarias no desaparezcan del mapa y que sigan vivas nuestras culturas”, manifestó.

El Estado peruano inició a mediados del siglo pasado sus políticas para garantizar el derecho a la educación bilingüe de la población indígena, en el marco de mandatos internacionales, pero sin darle prioridad a su aplicación.

La persistente demanda de las organizaciones de los pueblos indígenas, otras no gubernamentales y de la Defensoría del Pueblo contribuyeron a que se fueran institucionalizando y contando con mayor presupuesto hasta llegar a 2016, cuando se aprobó el Plan Nacional de Educación Intercultural Bilingüe, que contó con la consulta a los pueblos indígenas.

Ese Plan, que incluye la Política Sectorial, es quinquenal y venció en 2021, pero sigue vigente mientras no sea reemplazado.

A nivel nacional se cuenta con casi 27 000 centros habilitados para impartir educación bilingüe inicial, primaria y secundaria, en las 48 lenguas de los pueblos originarios existentes en Perú, donde la plana docente debe acreditar el dominio de la lengua del territorio. En febrero de 2022, el Ministerio de Educación había adjudicado 61 % de las 44 146 plazas previstas.

Las voces de alerta saltaron en enero, a comienzos del curso escolar en el país,  cuando una directiva de la Dirección General de Educación Básica Alternativa, Intercultural Bilingüe y de Servicios Educativos en el Ámbito Rural, dependiente de ese ministerio, solicitó, en la práctica, la relación de colegios donde existía un déficit de profesores especializados para modificar su caracterización y poder contratar docentes monolingües, hablantes solo del castellano.

Parte de la colonialidad

La Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (Aidesep), portavoz de los pueblos indígenas de la Amazonia, se pronunció rechazando lo que consideraron una política de aniquilamiento de las instituciones educativas orientadas a la educación intercultural bilingüe.

Alfredo Rodríguez, asesor del Comité Directivo de la organización en el tema, criticó que funcionarios gubernamentales consideren el derecho al trabajo de los docentes mestizos por encima del derecho de los niños indígenas de ser educados en su lengua materna.

En una entrevista con IPS, realizada en Lima, mencionó el caso de las comunidades nativas urarinas, ubicadas en la cuenca del río Chambira en el departamento amazónico de Loreto, en el extremo norte del país. Allí, este año se adjudicaron 20 plazas a docentes monolingües del idioma castellano, cuando la población escolar de la zona habla su lengua materna, la urarina.

“Eso es parte de la colonialidad en la mente de esas personas. Ellos quieren castellanizar a palos porque creen que las lenguas indígenas son dialectos sin importancia para la cultura y que el atraso del Perú se debe a la diversidad, que debemos homogenizar a todos”, sostuvo Rodríguez.

Colocó como parte del «sistema político criollo (de los descendientes de los colonizadores españoles)» la falta de valoración entre las autoridades de la diversidad cultural y lingüística del país.

Incluyó en esa posición al actual presidente, Pedro Castillo, que se define como un maestro rural campesino, pero no indígena, y que fue docente en pueblos del norteño departamento de Cajamarca, además de sindicalista, antes de su ingreso a la política.

“Se equivocaron quienes creían que Pedro Castillo era indio y hoy en la gestión educativa se está procediendo al etnocidio, a la aniquilación de las civilizaciones y culturas indígenas”, remarcó Rodríguez.

En Perú, con más de 32 millones de habitantes, casi la cuarta parte de su población censada de 12 años a más se autoidentifica como indígena amazónica o andina. Son cinco millones 771 885 en esa condición, según el Instituto Nacional de Estadísticas e Informática.

Desatención a niñez indígena

El asesor de Aidesep incidió en que el derecho a la educación intercultural bilingüe necesita ser fortalecida para reducir las desigualdades que afectan a la niñez y adolescencia indígena.

Se refirió por ejemplo al hecho de que 94 % de docentes de esta área no están profesionalizados, según documentó la Defensoría del Pueblo. “El Ministerio de Educación no hace nada al respecto. Hay universidades interculturales solo de nombre, sin recursos económicos por el abandono de 500 años a estas poblaciones”, denunció.

“Es valioso que los niños aprendan en su lengua materna y pasen luego a una segunda. Su estructura cognitiva se forma en los cinco primeros años de vida y tiene que ser fortalecida en la educación inicial y primaria. La enseñanza en la lengua materna produce un desarrollo intelectual importante y cuando aprenden la segunda lengua lo hacen muy bien”, agregó.

Sin embargo, consideró que debido a la falta de atención del Estado, el escenario actual es que no aprenden bien su lengua materna y el castellano lo hacen de manera distorsionada, lo que se refleja en la redacción, la escritura y la comprensión lectora.

Esta situación refuerza la discriminación y el racismo. Rodríguez explicó que adolescentes indígenas abandonan o pierden becas en universidades por los baches de una educación secundaria dada por docentes sin la profesionalización adecuada.

Aidesep ha presentado al gobierno un conjunto de propuestas.

Entre ellas están el no cambiar la caracterización de las instituciones que brindan el servicio de educación intercultural bilingüe, implementar programas especiales de formación de docentes indígenas.

Además, plantean el establecimiento de una comisión de reforma curricular para diseñar contenidos de acuerdo a los pueblos en consonancia con el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el referido a los derechos de los pueblos indígenas y tribales.

Según el último Censo Nacional de Población, de 2017, contaba con educación secundaria 40,5% de la población que se autoidentificó como indígena u originaria en las regiones andinas y amazónicas, en un país con 55 pueblos originarios reconocidos oficialmente.

De ese total,  23,4 % con educación primaria,  26,3 % con educación superior. Mientras,  9,4 % no accedió a un nivel de estudios y 10,8 % no sabía leer ni escribir, siendo este último porcentaje compuesto en su mayoría por mujeres.

Sensibilizar a familias y comunidades

El profesor Elías Ccollatupa se formó en educación intercultural bilingüe, al igual que su esposa. Ellos tienen como lengua materna el quechua y enseñaron el idioma a sus tres hijos, un hombre y dos mujeres, quienes “están orgullosos de saberlo y practicarlo”.

Como docente y ahora como responsable de la red educativa intercultural bilingüe de Chinchaypujio, mantiene vigoroso su compromiso con el derecho de niñas y niños de formarse en su lengua madre. Tiene a su cargo seis instituciones de primero a sexto grado, cada una con un promedio de 12 estudiantes.

“Veo con preocupación que en los grados de primaria de seis, siete, ocho años están con el tema del castellano y es porque son hijos de madres y padres jóvenes que salieron de la comunidad y están con la idea de que el quechua ya no”, dijo.

Es como una discriminación por la lengua, agregó,  por estatus social, como que el que habla castellano es superior al que habla su lengua originaria. Pero cuando se les explica entienden, es cuestión de sensibilizar a las familias, a las autoridades; el castellano es importante les digo, pero eso no significa dejar de lado el quechua.

Propuso la incorporación de un componente de sensibilización y articulación con la comunidad educativa en cada territorio donde se brinde la educación intercultural bilingüe, tarea que si bien correspondería a los docentes, no se está cumpliendo de forma adecuada por falta de tiempo.

Y también planteó la necesidad de entender el servicio educativo a partir de la cultura para conocer las vivencias en cada localidad a la que se llega como docente. Para ello, remarcó, es importante establecer alianzas con los sabios de la comunidad y con ellos abordar el conocimiento local y hacerlo dialogar con otros saberes.

 

Imagen e información de ipsnoticias.net