El calentamiento global es un tema central en la agenda mundial. El reporte* más importante a escala mundial sobre el tema evidencia que la temperatura media mundial fue 1,09°C más alta entre 2011-2020 que entre 1850-1900, acelerando la suba del nivel del mar, derritiendo el hielo del planeta, empeorando fenómenos extremos como olas de calor, sequías, inundaciones y tormentas. Y demuestra con evidencia que los seres humanos son la causa dominante del calentamiento global y que los cambios podrían ser irreversibles.

El Acuerdo de París, estableció un marco global para evitar un cambio climático peligroso manteniendo el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2°C sobre los niveles preindustriales limitándose a 1,5°C. Dicho marco, también aspira a reforzar la capacidad de los países para hacer frente a los efectos del cambio climático y a apoyarlos en sus esfuerzos.

¿Y Argentina?

En este contexto, Argentina se encuentra entre la inacción y cambios sin precedentes. Nuestro país está muy retrasado y con graves dificultades en la bajada al territorio de una política ambiental efectiva que articule las acciones nación, provincia y municipios.

Investigaciones del Conicet muestran que nuestro país también está siendo seriamente afectado por el cambio climático: entre 1961 y 2018, la temperatura aumentó en promedio 1 grado centígrado, empeorando la tendencia en el mediano plazo.

Hacia adelante, se espera un incremento de 1,5°C más para el 2030 en el norte y un 0,7°C en el sur.

En la pampa húmeda y en el nordeste las lluvias torrenciales aumentaron en un 20 por ciento en los últimos años. Se hicieron entre 5 y 7 veces más frecuentes entre 1950 y 2000. Esto provocará desertificación y serios problemas para la agricultura, motor clave en el crecimiento económico actual de nuestro país. Asimismo, el cambio climático podría causar serios problemas en la navegación (en el Río Paraná hoy los barcos sólo pueden llevar cargas al 50%), impacto en las reservas hidroeléctricas, dificultad para el abastecimiento y mayor contaminación.

De lo lineal a lo circular

Los modelos económicos lineales basados en la producción, consumo y desecho de productos a partir de la extracción y transformación de materias primas son hoy objeto de debate. Son modelos que poseen un límite a los resultados positivos económicos impactando luego sobre el bienestar humano, social y planetario. Además demostraron no ofrecer resiliencia ante la disrupción en las cadenas de valor globales que produjo la crisis sanitaria actual.

Muchas son las voces que se alzaron ante el "Gran Reinicio" que planteó la llegada del virus pandémico, remarcando la necesidad de pasar de una economía lineal a una economía circular, mediante el diseño de estrategias de recuperación económica que minimicen la pérdida de materiales y de energía mediante la práctica activa de las 6R: Reciclar, Reparar, Reutilizar, Rediseñar, Remanufacturar y Reimaginar un nuevo modo de producir llamado la Economía Verde.

Modelos implementados en otras regiones, como es el caso del País Vasco muestran que un enfoque circular no solo hace a las economías más resilientes sino también más eficientes. Las estimaciones muestran que hacia el 2030, estos modelos generarían una industria de 4.5 billones de dólares, creando también nuevas oportunidades de empleo.

Estudios económicos que analizaron 700 potenciales políticas de estímulo post Covid-19, evidencian que las políticas destinadas a promover la innovación verde, economía circular e I+D orientada al desarrollo de tecnologías medioambientales generan más puestos de trabajo, mayores retornos en el corto plazo y mayor ahorro de costos en el largo plazo en comparación con los paquetes de estímulo fiscal tradicional.

Se trata de un cambio de paradigma que implica pasar del concepto de Globalización donde toda la producción de bienes y servicios mundiales se trasladan por todo el mundo de manera lineal, al concepto de Glocalización donde la producción de bienes se desenvuelve localmente en un esquema circular y la data viaja globalmente sin límite de fronteras.

En todo el mundo se encuentra abierto el debate para la reconversión de la industria de un sistema lineal a uno circular post Covid. Es hora de que Argentina comience a debatir su modelo de economía circular más allá del color. Pensar y formular planes económicos y sociales que incluyan como fuerte eje la agenda ambiental, desde una política fiscal proactiva hasta políticas de estímulo y fomento en línea con un mundo 4.0.

No son acciones simples. Se necesita de una profunda conciencia individual y amplio consenso social. Los retos de Argentina ante la pandemia y el calentamiento global trascienden a un gobierno y a una generación.  El debate está abierto.

*Realizado en agosto de 2021 por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de la ONU en base a una recopilación de investigaciones realizadas por 234 científicos basándose en 14 mil publicaciones revisadas.

 

Información de ucc.edu.ar