El sistema de salud pública cubano prioriza las demandas del exterior a costa de las necesidades básicas de sus habitantes. El desabastecimiento de medicinas, el déficit de especialistas y las condiciones de salubridad de centros hospitalarios contrastan con la publicidad que vende a la isla como potencia mundial en salud.

 

Durante los peores meses de la pandemia de la covid-19 en Cuba varias personas denunciaron la muerte de familiares por falta de oxígeno en los hospitales. La vida de muchos pacientes ha peligrado también por la escasez de medicamentos básicos para tratar infecciones respiratorias, como la azitromicina, que solo se ha podido comprar en el mercado negro y a altos precios. La vida "depende de si recibes remesas desde el extranjero", dijo a Diario de Cuba y CONNECTAS Aurora Oliva Martín, licenciada en matemáticas residente en la barriada de Romerillo, en el municipio habanero de Playa, quien tenía a su cargo a dos ancianos enfermos. "No puedo imaginarme siquiera cómo se las arreglaría una familia que no recibe remesas y solo dependen del salario obrero", añadió.

Su madre, de 80 años, fue diagnosticada con Alzheimer en noviembre de 2020. Apenas una semana después, a su padrastro, de 77, le diagnosticaron un tumor en la arteria mesentérica, páncreas e intestino. La salud de ambos empeoró y tuvieron que ser asistidos. “Conseguir los medicamentos que les prescribieron sus doctores para sus enfermedades fue la primera proeza”, relató Oliva Martín.

Su madre requería risperidona para controlar la demencia y clonazepam para poder dormir en las noches. Además, le habían recetado vitamina B6 y ácido fólico. Pero el medicamento fundamental era la memantina que no hay en Cuba. A su padrastro le habían recetado novatropin y omeprazol para controlar los malos efectos digestivos, y furosemida para eliminar líquidos.

 

Este panorama ya es un lugar común a lo largo y ancho de Cuba. El mismo Gobierno –habituado al mutismo ante las problemáticas que acosan a la isla– ha reconocido que la escasez de medicamentos es un mal crónico. “La situación actual de la disponibilidad de medicamentos en Cuba, sobre todo aquellos destinados a la venta a la población en las farmacias, sigue siendo muy compleja", publicó recientemente el diario oficial Granma y advirtió que el déficit de fármacos no se va a solucionar de inmediato. Por otra parte, el propio ministro de Salud, José Ángel Portal Miranda, reconoció, según otro reporte publicado por el diario, la escasez de oxígeno para atender a los pacientes ingresados en hospitales cubanos, lo que atribuyó a una avería en la principal planta productora del país.

Ante esta situación, muchos pacientes no tienen más remedio que acudir a sus amigos o familiares que residen en el exterior. Gracias a que viven en España, los hermanos Oliva pudieron enviarle la memantina. “Otros me los donan mis amistades y personas solidarias en las redes sociales. También estoy en un grupo de WhatsApp donde intercambiamos medicamentos”, dijo.

En medio de la escasez y la devaluación del peso cubano frente al dólar, las redes sociales se convirtieron en una vía para el trueque. Facebook es la preferida para postear avisos clasificados sobre medicamentos que ya no hay o que sobran y pueden ser intercambiados.

Además, después de las protestas del 11J el régimen permitió a los viajeros la entrada de medicinas y alimentos a la Isla para paliar la escasez. La agencia periodística Reuters informó que en las dos semanas posteriores a la autorización, los viajeros llevaron 112 toneladas de productos a través del Aeropuerto Internacional de La Habana, según datos de la Aduana cubana.

Las redes sociales también son la principal plataforma de denuncias públicas. Allí se retrata una realidad que pocas veces se ventila fuera de la isla. Diario de Cuba y CONNECTAS recopilaron testimonios de pacientes y relatos de familiares en redes que contrastan con la imagen sobresaliente que se tiene en el exterior del sistema de salud cubano. Es una triste paradoja que ni los mismos cubanos entienden.

Las redes, especialmente Facebook y Twitter, también se han convertido en un arma de doble filo, pues a través de ellas el Gobierno rastrea a aquellos que muestran una realidad que no le conviene con el objetivo de intimidarlos.

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Imagen e información de connectas.org