Las opciones políticas moderadas sucumben entre los extremismos. El calendario electoral que inauguraron las ‘elecciones’ en Nicaragua plantea el nuevo escenario de la región.

 

Sin ninguna novedad Daniel Ortega consumó una ‘victoria’ que lo encamina a 20 años consecutivos como presidente de Nicaragua si llega a concluir este cuarto mandato. A sus 75 años el otrora considerado líder revolucionario hoy simplemente es la imagen del autoritarismo anclado en un extremo.

Con los principales opositores encarcelados, detenciones masivas, persecución a la prensa y represión sistemática, Ortega bien podría inspirar un nuevo capítulo de la popular serie documental de Netflix “Cómo se convirtieron en tiranos”. En efecto, parece ejecutar perfectamente el manual: “conquistar el poder, acabar con tus rivales, gobernar mediante el miedo, controlar la verdad, crear una sociedad nueva y gobernar para siempre”.

La comunidad internacional ha reaccionado en su mayoría para rechazar los resultados de estos comicios y calificarlos como “antidemocráticos”. El secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, reiteró que Washington seguirá imponiendo “sanciones” al Gobierno de Daniel Ortega y criticó que la “represión y manipulación electoral” arrebaten cualquier “significado real” al voto del 7 de noviembre. En esta línea llama la atención la sorpresiva postura asumida por el gobierno del presidente de Perú, Pedro Castillo, que mediante un comunicado de la Cancillería sostuvo que las elecciones “no fueron libres, justas ni transparentes”.

En cambio no sorprendió la postura de Venezuela, Cuba y Bolivia, que junto con Rusia y China celebraron la continuidad de su mandato con expresiones como “histórica victoria y vocación democrática”.

En Nicaragua no se realizó una elección sino una votación, asegura el uruguayo Ángel Arellano, doctor en ciencia política,  porque considera que en ese país “la democracia está totalmente anulada”. Según el Tribunal Electoral, participó el 65,3 por ciento de los nicaragüenses, una cifra que difiere radicalmente de la proporcionada por el observatorio Urnas Abiertas, que estimó una participación del 18,5 por ciento.

El de Nicaragua es un caso perdido, pero cronológicamente le da la partida, en medio de un debate de extremos, al calendario electoral más intenso en América Latina. Consolidada esa “pantomima”, como la calificó el presidente norteamericano Joe Biden, ahora la atención se concentra en Chile, que elegirá un nuevo presidente, 155 escaños en la Cámara de Diputados y 27 de 50 senadores. Lo hará en un ambiente muy peculiar que aún tiene las huellas del estallido social de 2019.

Las encuestas apuntan a que los extremos disputarán el poder en una segunda vuelta. Por un lado aparece el abogado José Antonio Kast, candidato del Partido Republicano y líder de la extrema derecha, y por otro el representante de la extrema izquierda, el diputado Gabriel Boric del Frente Amplio, cercano a los movimientos sociales.

Kast, que ha mostrado similitud ideológica con Donald Trump y Jair Bolsonaro, tiene propuestas polémicas como instalar una zanja en la frontera norte de Chile con Bolivia para controlar la migración irregular o priorizar la “mano dura” en conflictos con los mapuches en La Araucanía. Por su parte, Boric plantea la necesidad de impulsar la descentralización del país, profundizar la paridad de género y el reconocimiento a la diversidad sexual y el cuidado del medio ambiente.

Como afirman varios analistas en Santiago, la estrategia de los otros candidatos de centro-izquierda o centro-derecha ha sido justo mostrar a Kast y Boric en los extremos y decir que Chile no merece eso, que se requiere un gobierno más serio. El ambiente está muy polarizado, crispado y tenso y hay miedo de que pase lo mismo que con otros países latinoamericano donde la gente apostó por los más extremos. Sin embargo  en este momento la gran incógnita realmente es saber cuánta gente va a votar porque en Chile el voto es voluntario y por eso algunos consideran que las encuesta resultan imprecisas. 

También hay un ambiente de polarización en Argentina, que luego del revés que sufrió el gobierno del presidente Alberto Fernández en las Elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), se asoma con incertidumbre a las próximas legislativas. “Podría perder el quórum en el Senado y la primera minoría en la Cámara de Diputados, pero si mantiene la cohesión interna no debería tener inconvenientes en negociar las leyes que necesite”, dice el politólogo de la Universidad de Lisboa Andrés Malamud.

En este proceso ha atraído especial atención el desempeño de una figura nueva en la política: el economista “ultraliberal” Javier Milei, de Avanza Libertad. Este personaje de gran impacto mediático acaparó la preferencia en las PASO, con un discurso o narrativa antisistema. Sus polémicas frases en televisión le han dado popularidad sobre todo con los jóvenes, pero sus propuestas también resultan polémicas como “volar por los aires” el Banco Central.

Por ahora una reciente encuesta de la consultora CIGP en la Ciudad de Buenos Aires indica que  María Eugenia Vidal, de Juntos por el Cambio, lidera la preferencia con un un 46 por ciento. Luego Leandro Santoro de Frente de Todos con un 25 por ciento y en tercer lugar Milei con 19 puntos de intención de voto. Sin embargo este último, caracterizado como de extrema derecha, tiene la mayor resonancia internacional y los sondeos auguran su presencia en el Congreso

Entre el desgaste del gobierno de Alberto Fernández y el pasado del expresidente Mauricio Macri, el sistema confrontado entre peronistas y antiperonistas, izquierda y derecha parece llegar a un punto de quiebre entre los votantes.

Al norte de Suramérica, en Venezuela, tendrán lugar el 21 noviembre las elecciones regionales y municipales, en un escenario electoral que también se mueve en la polémica, pero con un ingrediente nuevo. Esta vez, el gobierno de Nicolás Maduro, afectado por graves cuestionamientos sobre su legitimidad, aceptó una veeduría internacional y tendrá en la contienda electoral a la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), que decidió asistir a la convocatoria con el único objetivo de quitarle espacios al Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). 

Y en Honduras las elecciones generales enfrentarán al oficialista Nasry ‘Tito’ Asfura, un empresario ultraconservador perteneciente al Partido Nacional, contra Xiomara Castro, la esposa del expresidente izquierdista Manuel Zelaya del Partido Libertad y Refundación (Libre). El certamen está marcado por el fantasma de la salida del poder de este último, que para sus copartidarios fue un golpe de Estado, aunque para otros se trató de una destitución para evitar que Zelaya derogara a su favor una cláusula pétrea de la Carta Política que prohibía absolutamente la reelección indefinida.

El clima político es tenso y se refleja también en las calles, donde simpatizantes de Asfura gritan consignas contra el “comunismo” que en su criterio ofrece la oposición de izquierda. En el medio, la gente espera que, gane el que gane, prevalezca la institucionalidad para el reconocimiento de los resultados.

El escenario político de la región en 2021 muestra que en los próximos años los extremismos protagonizarán los procesos electorales. Entonces, ¿cuál es el futuro de la socialdemocracia?  Según Ángel Arellano, “el principal riesgo del triunfo de los extremos es que no solo polariza el sistema político sino a la sociedad. Quienes están en los extremos construyen su discurso sobre los otros que son los malos y yo que soy el bueno y por eso puedo justificar mi accionar. Países que han tenido más éxito desde el punto de vista político, institucional, económico y social son aquellos que se han acercado más al centro, es decir, más a hablarle a todos”, asegura.

Pero en un ambiente como este, pocos se atreven a presentarse como verdaderos representantes del centro político, por el temor a que los consideren tibios o faltos de personalidad para enfrentar los graves problemas de la región. Eso parece suceder en Colombia, donde las propuestas de ese talante no han logrado decidir al candidato capaz de enfrentarse con éxito en 2022 al exalcalde de Bogotá Gustavo Petro, un claro simpatizante del fallecido presidente venezolano Hugo Chávez, que lidera todas las encuestas. En su defecto, los colombianos tendrían que decidir entre Petro y “el que diga Álvaro Uribe”, en referencia al candidato de la extrema derecha, que seguramente será escogido por el expresidente o con su beneplácito.

En suma, las propuestas políticas actuales están lejos de encontrar un equilibrio entre los polos extremos del espectro político, mientras el populismo y el autoritarismo acechan a una democracia que parece en cuidados intensivos. En varios países de América Latina lo estamos viviendo.

 

Imagen e información de connectas.org