Compartimos el artículo del boletín de la Oficina de Comunicaciones del Servicio Jesuita a Migrantes Bolivia "El Canto del Tordo" N° 12, del P. Julio Acosta.

 

Previas anotaciones

El radio geográfico de Haití cubre una superficie de 27,750 km2. Territorio equivalente al tamaño de Bélgica, como 18 veces más pequeño que España, y 39 veces más pequeño que Bolivia. Le circundan 5 islas adyacentes: la Tortuga en el litoral noroeste, la Gonave en la bahía de Puerto Príncipe, la Grande Caymite en el este de Jérémie, la Ille-à-Vache al frente de les Cayes, y la Isla de Navare.

El pequeño Haití (en términos geográficos), es un gigante en estatura histórica, que es la primera República Negra del mundo en proclamar su independencia –1º de enero 1804–. La Sangre resistente del Haití solidario creó un impacto histórico de incidencia sin par para con las luchas independentistas del Continente de las Américas.

Ese Haití solidario es el que, antes del 1804, pasa por la crucifixión de la esclavitud: la sangre sudorosa de medio millón de esclavizados desde el siglo XVI hasta el XVIII. Hombres y mujeres desarraigados violentamente de su África natal, y sometidos a la cruel explotación del trabajo de las plantaciones y la servidumbre de los amos blancos.

Aquel sistema de esclavitud coadyuvó a la primera acumulación de capital para Europa (generando el capitalismo mercantil de la Francia napoleónica). Para ese tiempo de acumulación, el comercio exterior de la isla alcanzó los 40 millones de dólares sobre los 36 millones de los 13 estados de Norte América. Es decir, una sola colonia insular del Caribe producía más riquezas que 13 estados del Norte Continental.

De la realidad del país

Antes del terremoto del 12 de enero de 2010 la población aproximada de Haití giraba en unos 10 millones de personas. Es uno de los países caribeños con mayor tasa de km2 (251 hab/km2 – hasta el 2001).

Haití es un pueblo ‘peregrino de la vida’, de buena madrugada empieza la marcha en busca de la vida. Toda la ciudad de Puerto Príncipe, que es la capital nacional, es un gran mercado, caracterizado por la dinámica de la economía informal (casi todo el mundo vende, ¿quién compra?). En el continente, ¡jamás he visto un pueblo tan trabajador!

Breves datos estadísticos

Haití está un 56% bajo la línea de pobreza, tiene más del 60% de analfabetismo, 58.1 años de expectativa de vida, 1 de cada 2 personas sin acceso a agua potable, 66% de la población rural sin crédito agrícola, 80% de los productos alimenticios son importados, solo 41% tiene acceso a letrinas en su morada, menos del 5% de la población recibe algún que otro servicio de saneamiento sanitario. El 4% de la población que controla el 66% del ingreso nacional difunde la imagen artificial de que “Haití es un buen lugar para vivir”. El 75% de la población rural actualmente vive con menos de 2 dólares por día.

A estos datos hay que añadir que del 1.3 millón de refugiados, en unos 1,300 campos de refugios improvisados –secuela catastrófica del terremoto del 2010–, todavía deambulan a la intemperie. Más grave aún, se cuentan más de 10 mil muertes a causa del cólera post-terremoto, un crimen de lesa humanidad, que sigue en la impunidad.

Fenómeno migratorio

Además de las migraciones internas, el fenómeno como tal es una constante que configura la sociedad haitiana. En idioma Creol haitiano, emigrar se explica con esta expresión "chache la vi" = buscar la vida.

Históricamente, por múltiples factores, desde la violencia colonialista esclavista hasta la violenta intervención militar de los Marines Gringos Estadounidenses (1915-1934), el pueblo haitiano supervive como ‘forzado errante’ en su propia tierra (al estilo de ave migrante).

Durante el periodo de 1915-1934 el proceso migratorio de ciudadanos haitianos, se intensifica a República Dominicana, Cuba y a las islas Bahamas. Para la pertinente explicación sobre el impulso de los flujos, hay que tener en cuenta dos hechos determinantes: el primero es el ‘desalojo violento de los campesinos’ de sus tierras parcelas por parte de las compañías estadounidenses de los Marines intervencionistas, quienes, tempranamente (1915) crearon un ejército de desocupados. Las autoridades de EE.UU establecidas en Haití, y en contubernio con fracciones de la burguesía local haitiana, organizaron el tráfico de haitianos hacia las plantaciones azucareras de Cuba y Rep. Dominicana. El segundo, el apogeo monopólico de la industria azucarera estadounidense en el caribe insular. Los EE.UU para obtener ganancias económicas, usaron contingentes de braceros durante las zafras azucareras con métodos de súper explotación en los ingenios azucareros (=fábricas de azúcar) de Rep. Dominicana y de Cuba.

Durante el gobierno de la familia Duvalier (1957-1986), la situación migratoria llegó a proporciones más alarmantes: un millón de haitianos salieron del país hacia EE.UU, Canadá, las Antillas del Caribe y a Europa. Dentro del proceso de los flujos, un hecho triste y doloroso es el de los 15,000 braceros que cada año cruzaban la frontera dominicana por acuerdo entre el Consejo Estatal del Azúcar (CEA), de Rep. Dominicana y el gobierno del dictador haitiano Fronçois Duvalier. La suerte de esos braceros fue como la noche tenebrosa de todo lo infrahumano. El acuerdo entre el CEA y el gobierno haitiano le proporcionaba al dictador Fronçois Duvalier y a su hijo dictadorzuelo (Jean Claude Duvalier) la suma de 1'225,000.00 dólares por poner los braceros en la frontera. Y así, se le proporcionaba al gobierno dominicano contar con una mano de obra barata a explotar.

Pro-conclusión

Para una lectura actual contextualizada, el calvario de un pueblo ‘forzado a ser errante’, está tejido de nuevas cruces dolorosas, es un país al que contemplamos en su peregrinación, con su sello casi indeleble "chache la vi" = buscando vida. Haití es un pueblo victimado por vicisitudes y discriminaciones racistas-xenófobas, y re-victimado por las recientes embestidas violentas de la crueldad feroz de bestias blancas galopando a caballo en Texas-EEUU en octubre del 2021. Así como la manera indiscriminada de las deportaciones con maltratos, abusos, extorsiones y violaciones de los derechos humanos de personas migrantes. La constante agresión física y moral a personas indocumentadas y documentadas, en países tenidos por “democráticos” (Chile, México, Perú, Argentina, y otros).

Ante ese espectro crítico de un pueblo ‘forzado a ser errante’, la voz de una conciencia crítica ciudadana clama ante el cielo, sintonizando con la sensibilidad pastoral del Papa Francisco: que los Estados, no solo en Haití, tomen en serio garantizarle a sus pueblos este triple derecho fundamental: ‘tierra, techo y trabajo’.

Con Haití, para despacharlo sinvergüenzamente, se ha prefabricado la tesis que reza: Haití = Estado fallido. Quienes sustentan esta tesis, no se atreven a sustentar la contratesis: ‘no quieren pagar el precio de haberlo herido’.

P. Julio (Julin) Acosta
Sacerdote diocesano de nacionalidad dominicana.
Participa del Servicio Solidario Dominico-Haitiano
y Pastoral de Migrantes (Haití-Rep. Dominicana) y del
Servicio Internacional Cristiano de Solidaridad con América Latina y el
Caribe “Mons. Romero” (SICSAL). Miembro del Comité Internacional de
Gobierno de la Comisión Internacional Católica para las Migraciones (CICM).

 

Imagen e información de El Canto del Tordo. N° 12. Servicio Jesuita a Migrantes. El Alto - Bolivia. 2021