Si la crisis política y el asesinato del presidente Moise han pasado a ser parte del paisaje para muchos haitianos es porque a diario enfrentan problemas mucho más urgentes e ineludibles. El acceso a la energía es uno de ellos. El país caribeño es el único de la región que carece de acceso universal a la energía. Y, paradójicamente, es el que tiene los precios más altos por este servicio.

 

La unidad de maternidad Isaïe Jeanty, comúnmente conocida como Hospital Chancerelles, es el único hospital público especializado en atención ginecológica en Puerto Príncipe, la capital de Haití. Aunque se encuentra en Cité Soleil, una de las comunas más peligrosas de la ciudad, acuden a este hospital muchas mujeres, la mayoría de las cuales no pueden pagar la atención privada. Sin embargo, un suministro de electricidad cada vez más intermitente está provocando que las mujeres dejen de ir. Ya no se trata solo del riesgo de llegar, sino también de tener una intervención con poca luz.

Cuando hay un corte de energía, usamos nuestro teléfono celular como fuente de luz para finalizar las intervenciones en condiciones que no son óptimas. Lo que está en juego es que las operaciones pueden terminar bien o en el otro caso, pueden terminar con secuelas”, dijo a Alter Presse y CONNECTAS el Dr. Stéphane Michel, obstetra del hospital Chancerelles.

Haití es el único país de América con tasas de acceso a la electricidad inferiores al 90 por ciento. Según un informe del Fondo Monetario Internacional de 2020, más del 70% de la electricidad consumida en Haití es producida por generadores diésel a pequeña escala. Según cifras del Banco Mundial en 2019, solo el 45% de los haitianos tiene acceso a la electricidad, una de las tasas más bajas del mundo.

Si bien la electricidad es generalmente un dolor de cabeza para los países insulares, la situación de Haití comparada con la del país vecino, República Dominicana y otras islas del Caribe, muestra que es un problema que se debe a razones internas. Mientras que Haití tiene solo entre 250 y 400 MW para abastecer de energía a 11 millones de habitantes, según datos del Banco Mundial en 2018, República Dominicana tiene una capacidad instalada de 3,000 MW para una población similar. Jamaica, por ejemplo, tiene 700 megavatios para una población de 4 millones. Según la Autoridad Nacional de Regulación del Sector Energético, ANARSE, de los 9 millones de personas sin acceso a la electricidad en el Caribe, 7 millones están en Haití.

Como señaló Evenson Calixte, director general de ANARSE, en una entrevista con el diario haitiano Le Nouvelliste el pasado mes de octubre, la situación es aún más grave. “Cuando sumo toda la potencia en términos de capacidad de producción para abastecer a todo el territorio, hay 370 MW de potencia instalada distribuida entre operadores independientes y la EDH”, declaró, precisando que en realidad de ese total solo 130 MW están disponibles para todo el país.

Algunas zonas residenciales y comercios de altos ingresos pueden recurrir a un sistema autónomo. En cada gran hotel, por ejemplo, “hay un sistema energético autónomo, que les cuesta más caro que (el de) Electricité d’Haïti (el operador público de electricidad, conocido como EDH”, explica Jean Marcel Pinard, exdirector de esta entidad. Pero, como explica el Dr. Michel, los hospitales públicos en Haití no son lo suficientemente rentables como para tener su propia fuente de energía, como es el caso de algunos establecimientos y hogares de altos ingresos.

En otros casos, la gente está recurriendo a métodos menos ortodoxos para acceder a la electricidad. Como las hermanas Daphney y Daphna Souffrant, que tienen una pequeña tienda de comestibles en casa, en el distrito comercial de Delmas. Son consumidores “enchufables”, una especie de arreglo con otro vecino que les permite conectarse a la red a través de su medidor individual. Según Daphna, esto es algo común en el vecindario; los residentes rara vez tienen un medidor individual. Su madre le contó que los trámites para obtener medidores en el barrio se empezaron a gestionar desde 1978, pero el proceso es tan difícil que la gente prefiere recurrir a conexiones informales. Y eso los pocos afortunados que tienen esa posibilidad. La mayoría de las familias haitianas están obligadas a vivir sin el servicio de energía, con pequeños generadores a gasolina que les alumbrar de noche, luz de velas o simplemente a oscuras.

Así como la oscuridad se vive en las casas, locales y hospitales, también se sufre en las calles. Los botes de basura prendidos, haciendo las veces de faroles comunales y la ausencia de semáforos son frecuentes en la capital haitiana. Incluso así, la situación en las ciudades es mucho mejor que en las provincias, con una tasa de acceso a la electricidad del 50% en comparación con el 13 al 15% en zonas rurales.

El problema es, en primera medida, la insuficiencia de producción energética y de capacidad instalada. La producción de energía en Haití depende principalmente de las 19 centrales termoeléctricas del país, que funcionan con la combustión de combustibles fósiles. Este tipo de energía representa alrededor del 85 por ciento de la capacidad instalada, según el reporte Haïti Priorise de 2017. La segunda fuente de energía es la energía hidroeléctrica, con seis centrales eléctricas distribuidas en diferentes áreas.

Sin embargo, el sistema no está interconectado a nivel nacional. Las centrales más importantes son Péligre (hidroeléctrica), Carrefour y Varreux 1 y 2, con una producción combinada de 50 MW, pero que actualmente solo producen el 20% de su capacidad, es decir, 12 MW.

Pero, además, el sistema es altamente ineficaz y no promueve la competencia necesaria para mejorar la inversión. EDH ha tenido el monopolio de la producción, transmisión y distribución de energía desde su creación en 1971. Pero debido a su incapacidad para satisfacer la demanda de toda la población, debe depender de productores privados, quienes le venden energía a un precio fijo y representan el 50% de la producción energética del país, 100 MW. Esto consolida el suministro de energía en unas pocas cabezas con gran poder político.

Tres productores privados han abastecido a EDH durante años, lo que ha provocado una situación de dependencia de esta entidad y por ende un aumento de poder de estas compañías: Societe Generale de Énergie (Sogener), una empresa familiar que suministró energía eléctrica a EDH desde 2005, pero a la que se le ordenó devolver más de 233 millones de dólares al Estado haitiano y retirarse del suministro de corriente eléctrica desde 2019. Sogener operaba la central Varreux, ubicada en la capital.

El segundo proveedor privado es E-Power SA, empresa nacional fundada en 2004 que suministra energía desde 2006 de la planta de Drouillard, Cité Soleil, en virtud de un contrato de compra de electricidad a 15 años adjudicado tras una convocatoria de ofertas internacionales supervisada por el BID y el Banco Mundial; y Haytrac, la más antigua, fundada en 1950 en Les Cayes, en el sur del país, pero que actualmente también opera en otras tres regiones del país, incluida Puerto Príncipe.

El problema energético en Haití es un círculo vicioso que comienza y termina en EDH, una entidad que, según fuentes internas, dejó de ser rentable desde 1988. Ya en el 2013 sus deudas superaron los 60 millones de dólares y consume más de 200 millones de dólares anuales en subsidios, lo que representa el 2% del PIB nacional de Haití.

El sistema no ha podido seguirle el ritmo a la creciente demanda, como muestra el ejemplo de la planta Peligre: “En el momento de su instalación, su capacidad superaba con creces la demanda que había en Puerto Príncipe. Entonces teníamos alrededor de 300, 400 mil personas viviendo en la región metropolitana de Puerto Príncipe. Ahora la población se ha multiplicado por diez en unos cincuenta años. El avance de EDH no se ha visto reforzado con el aumento de esta población”, explicó Jean Marcel Pinard para este informe.

En un intento por superar sus problemas financieros, en el 2020 la entidad anunció que retiraría los medidores de los deudores morosos. Además, el EDH ha estado aplicando la tarifa más alta de la región durante décadas. Según datos recogidos por Osinergmin en Perú y el Centro Mexicano de Relaciones Internacionales, la tarifa eléctrica de Haití en 2019 fue de 28 centavos de dólar/kWh, muy por encima de la tarifa de la vecina República Dominicana, que fue de 8.80/kWh, y superior a la de todos los países de Iberoamérica.

A su vez, los altos precios por un servicio deficiente han alimentado una cultura de robo de servicio durante décadas, uno de los mayores problemas en el sistema energético de Haití. Según Pinard, el robo de energía en Haití podría representar el 40 por ciento de la oferta, mientras que en otros países no supera el 3 por ciento. Según un informe de Limestone Analytics, EDH está perdiendo el 70 por ciento de la energía debido a cortes técnicos, conexiones ilegales y clientes que no pagan.

Willy Charlotin es uno de esos clientes que no pagan. Y no porque no quiera, sino porque las tarifas son tan elevadas que sus ingresos como trabajador informal no le alcanzan. Vive con su familia en Baillergeau, un barrio en donde funcionan muchas ONG y oficinas. A pesar de los constantes apagones, Charlotin debe pagar una factura de mil gourdes al mes, unos 10 dólares. Ya lleva 4 meses de atraso en el pago. Charlotin tiene que pagar una factura de 1.000 gourdes al mes, o unos 10 dólares, a pesar de vivir al día, sin salario ni ingresos estables. Acumula trabajos ocasionales y negocios minoristas que le reportan unos 5.000 gourdes al mes. “El Estado no controla nada, es por su irresponsabilidad que tenemos que pagar un monto fijo por una corriente inestable”, se queja Charlotin.

La distribución de energía en su barrio es gestionada por un comité de administración de energía, encabezado por un policía y compuesto por vecinos de la zona. El comité compra todos los materiales necesarios para abastecer las viviendas y entrega un porcentaje a la EDH. Este comité llama a los técnicos de EDH cuando hay una avería importante en el área. Sin embargo, esta forma de organización no está reconocida legalmente y no garantiza una corriente estable o regular, explica Charlotin. De hecho, la distribución de energía eléctrica se basa en los requerimientos energéticos de las oficinas de la administración pública ubicadas en la zona, y es muy común que los fines de semana el barrio se sumerja en la oscuridad porque esas oficinas están cerradas.

Así como el problema de suministro de energía de Haití no es nuevo, tampoco lo son las promesas hechas por los políticos para resolverlo. Antes de que Jovenel Moïse asegurara en el 2017 que electrificaría todo el país las 24 horas del día, en un plazo máximo de 24 meses, otros ya habían prometido algo similar.

El expresidente Jean Bertrand Aristide, durante su segundo mandato, (2001-2004), había prometido la provisión universal de energía en el país. Pero fueron muy pocas las ciudades de provincia que tuvieron acceso a la electricidad, y durante un corto tiempo. Después de la salida de Aristide en 2004 se creó el ICF, una estrategia del gobierno de transición y donantes internacionales para promover el desarrollo económico en Haití, con el fin de orientar las inversiones de la comunidad internacional hasta 2007. Aunque el sector eléctrico fue una de las prioridades, los objetivos de este sector no se cumplieron.

El fallecido presidente René Préval también prometió electricidad para todos durante su segundo mandato (2006-2011). Aunque los fondos de Petrocaribe pagaron la factura energética del país de 2008 a 2016, el acceso general a la energía eléctrica aún estaba lejos de ser una realidad.

El Ministerio de Obras Públicas, Transportes y Comunicaciones publicó en 2006 una estrategia para el subsector eléctrico. Según esta propuesta, EDH debía renovar sus instalaciones, construir fábricas en el norte, sur y la región de Artibonite y construir la red de transporte, entre otras acciones. Pero esta propuesta se quedó en el papel.

La administración de Joseph Michel Martelly, sucesor de René Préval, también se benefició del acuerdo PetroCaribe, que le permitió realizar una inversión de 45 millones de dólares para suministrar energía eléctrica a 200 mil hogares en 2012.

Detrás de la falta de acceso a la energía eléctrica en Haití, el problema es que no hay proyecto que vaya más allá de un presidente y la instalación de una planta aquí y otra allá. Hay una falta de continuidad en términos de acción. Como dijo el Dr. René Jean Jumeau para este reportaje, “cuando una administración es decidida, se dan pequeños cambios durante ese mandato, pero ningún progreso real. Si consideramos que las opciones políticas no son constantes de una administración a otra, entonces esto explicará que las opciones de políticas públicas cambiarán constantemente”.

Más pleitos, menos luz

La vieja promesa de iluminar a Haití se reactivó con los grandes planes de Jovenel Moïse: El presidente Jovenel se comprometió en Miami a electrificar todo Haití: “Me estoy dando entre 18 y 24 meses para que Haití tenga electricidad las 24 horas del día”; un proyecto que en adelante estará orientado a energías como la solar, eólica, biomasa e hidroeléctrica. “declaró. Sin embargo, estos planes se fueron diluyendo en medio de las protestas en contra del gobierno, que caracterizaron su mandato desde el principio. Moïse aseguraba que había poderes detrás de estas protestas que quería sabotearlo. Después volcó su atención a los contratos del Estado con los proveedores privados.

Un Consejo de ministros celebrado el 23 de octubre de 2019 decidió salir de los contratos firmados con HayTrac, Sogener y E-Power. El gobierno calificó estos contratos como “leoninos”. El 8 de noviembre de ese mismo año el Estado haitiano presentó una denuncia contra Sogener por “falsificación en escritura privada, sobrefacturación, enriquecimiento ilícito, asociación de delincuentes y abuso de confianza”. Después de varias negativas de Sogener a responder, el Estado haitiano emitió una orden contra la empresa de la familia Vorbe el 21 de noviembre. Un día después, tomó control de las dos plantas Varreux.

Para el abogado de Sogener, Danton Léger, se trató de una expropiación “pura y simple, es decir, un robo a mano armada”. Según el abogado, para los Vorbe se trata de una cuestión de venganza política, ya que algunos miembros de la poderosa familia, como Dimitri Vorbe, vicepresidente de Sogener, se expresaban abiertamente contra el gobierno de Moïse. En febrero de 2021, en entrevista con el diario español El País, Moïse insistió en que un grupo de oligarcas planeaba un golpe de Estado y que incluso planeaban asesinarlo.

En cuanto a Haytrac, que supuestamente distribuiría electricidad en Les Cayes y Petit-Goâve, en el sur del país, el Consejo determinó que habría recibido los costos sin distribuir realmente la corriente. Solo E-Power cumplió parcialmente su contrato, dijo Newton St-Juste, uno de los abogados representantes del Estado haitiano.

Según Newton St Juste, se trata de un “sistema mafioso” en el que el Ministerio de Obras Públicas actúa en nombre del EDH, un organismo supuestamente autónomo, y en el que los proveedores privados se aseguran grandes sumas de dinero. “Se descubrieron casos de sobrefacturación en el caso de Sogener; no es algo que el Estado haitiano haya descubierto por sí solo, son el FMI y el Banco Mundial los que han estimado que el país está desperdiciando al menos $ 200 millones en el suministro de electricidad. Se reservan esta cantidad desde el gobierno de René Préval. Incluso si no se vota el presupuesto, lo transfieren”.

El pleito con los proveedores privados fue solo uno de los problemas que llevaron a que, en vez de ampliar el acceso a la electricidad, la situación se hiciera cada vez más crítica y los apagones cada vez más recurrentes. Y para la mayoría de los haitianos, el deterioro en el servicio de la electricidad es un problema más que se suma a su ya deteriorada calidad de vida.

Sophonie Alcenat, por ejemplo, tuvo que elegir entre vivir en Martissant, donde los apagones no eran tan seguidos pero se vivía un gran asedio de las pandillas y Delmas 33, en donde puede pasar hasta una semana sin luz. Al final, esta estudiante de la Universidad Estatal de Haití optó por el segundo, pero cuenta que la mayoría de las veces debe hacer sus deberes desde el teléfono o estudiar en la Facultad. Lo mismo le sucede a Jean Nuc Mercé, alumno de la misma universidad, quien asegura que si quiere cumplir con sus deberes, tiene que pasar la noche en la Facultad. Y en verano, también pasa muchos días allí, pues sin luz en su casa, es imposible incluso tomar un vaso de agua fría.

Según información del EDH citada por Reuters, el combustible de mala calidad importado en abril de 2020 por la agencia estatal BMPAD dañó varias plantas de energía. La BMPAD también entró en una disputa con el proveedor estadounidense Novum, lo que ocasionó una escasez de combustible.

La cereza del pastel fue el nombramiento de Michel Presumé al frente del EDH en julio del año pasado. Los trabajadores de la entidad entraron en huelga, ante lo que consideraron una movida para privatizar este organismo. Todo esto llevó a que la producción de energía en Haití en agosto del 2020 fuera de 94 MW, menos de la mitad de su capacidad instalada. Un año después, Presumé renunció, declarándose incapaz de obligar a los morosos a honrar sus deudas para que el EDH pueda funcionar.

De las diferentes iniciativas promovidas durante el gobierno de Moïse queda aún muchos interrogantes. Para apoyar el proyecto de electrificación general del país, se firmó un contrato de préstamo de 150 millones de dólares entre Haití y Taiwán para el fortalecimiento de las redes eléctricas en Haití. También se estableció un acuerdo con Turquía para suministrar 190 MW a la red eléctrica. Dos plantas de energía flotantes debían instalarse en 2021.

Por su parte, L’ANARSE se ha comprometido a crear una red para cubrir 10 ciudades de la región Nordeste. Esta red cuenta actualmente con 24.000 clientes activos y se espera que abastezca a más de 55.000 clientes en el futuro. La construcción de dos plantas de energía solar con una capacidad total de 12 MW también está prevista en los contratos con socios de desarrollo.

Solo un tercio de la población haitiana tiene acceso a la electricidad. En el estudio de Haïti Priorise, la falta de suministro eléctrico confiable es citada por los empresarios como el principal obstáculo para el desarrollo del sector privado en el país. “La primera responsabilidad de los líderes de un país como Haití es ofrecer soluciones puntuales y de largo plazo”, argumenta el ingeniero agrónomo y dirigente político, André Victor. La gran mayoría de los haitianos solo pide que haya luz para trabajar, para estudiar y vivir una vida digna.

Según el economista Etzer Emile, el racionamiento eléctrico afecta tanto el atractivo del país hacia afuera como el costo de vida para los haitianos. “Creo que sería muy importante cambiar la matriz energética para poder salir del fuel oil, entrar en energías renovables y aprovechar otras fuentes menos costosas”, dijo para este reportaje. Por ahora, los recursos se siguen gastando en subsidios que no hacen más que alimentar la ineficiencia del sistema. Y en medio de la incertidumbre política, la inseguridad y los desastres naturales, la resolución del problema energético en Haití parece estar cada vez más lejos de ver la luz.

 

Imágenes e información de connectas.org