La Compañía de Jesús está presente en Haití desde hace muchos años, y hoy vive de cerca los recientes acontecimientos del país. A continuación compartimos una nota redactada por los jesuitas presentes en el territorio haitiano.

 

La Compañía de Jesús (Los Jesuitas)
Provincia de Canadá
Territorio de Haití

 El asesinato del Presidente de Haití, Sr. Jovenel Moïse:
espejo del caos político y socioeconómico de una sociedad

(Una invitación a dar testimonio de la esperanza del Resucitado
en las profundidades de la angustia humana)

 

La noche del 6 al 7 de julio de 2021, un macabro suceso se sumó a la larga lista de dolorosos acontecimientos que han marcado la vida sociopolítica de nuestro país en los últimos meses: secuestros, asesinatos, masacres y desplazamientos masivos de poblaciones, bloqueo de vías públicas y el aislamiento de más de tres departamentos geográficos, etc. Por la mañana, los medios de comunicación anunciaron la triste noticia... Alrededor de la 1:00 am, un comando armado asesinó -en medio de 12 proyectiles de armas pesadas- al Presidente de la República, Sr. Jovenel Moise, en su residencia privada situada en la zona residencial de Pèlerin 5 en Pétion-Ville, comuna del área metropolitana de Puerto Príncipe. La Primera Dama, Martine Moise, también fue alcanzada por 3 proyectiles, pero sigue viva, aunque en estado crítico. La noticia circuló rápidamente, como un reguero de pólvora por todos los rincones del país. Paradójicamente, no provocó ningún estallido de júbilo, ni manifestaciones públicas de tristeza. ¡Asombro! ¡Prudencia! ¡Incertidumbre! ¡Miedo! etc. La población sigue refugiada en casa; y la vida social, especialmente en las ciudades, está casi completamente paralizada: transporte público, instituciones públicas, bancos, centros comerciales, mercados públicos, negocios informales, etc.

Este suceso está lejos de ser un acto aislado. Se produce en un contexto de crisis generalizada, de violencia indiscriminada, la ocupación de casi un tercio del territorio de la capital por bandas armadas, y la parálisis casi total de la vida política, económica y cultural del país. Esto representa un indicador del desorden de una sociedad, la continuación lógica de una asombrosa y triste escalada que se ha acelerado en los últimos meses.

Esta situación se describe en el mensaje del 18 de diciembre de 2020 de los jesuitas. En él, dimos la voz de alarma e instamos a los actores nacionales e internacionales implicados. El asesinato del Presidente Moise al tiempo que agrava el caos en el que está sumido el país, también sigue siendo un espejo que refleja los principales problemas que paralizan a la sociedad actual: la grave crisis de seguridad, el colapso de las instituciones, el vacío constitucional, el profundo descrédito de la política y el rechazo al Jefe del Estado por una gran parte de la población, la "gangsterización" de los habitantes de los barrios urbanos populares y del mundo rural como estrategia política, la polarización de la vida política, el amargo fracaso de los actores internacionales, el egoísmo y la estrechez de miras de gran parte de la poderosa oligarquía económica...

El Presidente ha experimentado un nivel de impopularidad pocas veces registrado por un Jefe de Estado en la historia política del país. El colapso de la economía y su duro impacto en la población, especialmente los sectores mayoritarios marginados, las disensiones dentro de su familia política (el PHTK) en el período previo a las elecciones, sus conflictos abiertos con la compañía de la oligarquía, su falta de experiencia política y su catastrófica gestión de la crisis, incluida su relación con las bandas, responsables de cientos de secuestros, masacres y numerosos asesinatos, etc. Por desgracia, todo apuntaba al trágico final de la experiencia política de este joven empresario, procedente de una familia campesina pobre y protegido por su mentor, el ex presidente Michel Martelly, en el infernal y corrupto mundo político de Puerto Príncipe. Su asesinato ha creado una situación cercana al caos. Hasta ahora, no es posible un resultado legal claro que garantice la continuidad del Estado y un mínimo de estabilidad política; así de profunda es la crisis institucional y constitucional.  Por su parte, la clase política, especialmente la oposición, dividida y desprestigiada, ha sido incapaz hasta ahora de crear consensos y llegar a acuerdos con vistas a garantizar una transición política creíble y salir de este atolladero. La comunidad internacional, en especial los Estados Unidos de América, el verdadero líder del juego político haitiano, ¿conseguirá acompañar a los actores políticos locales hacia una salida de la crisis en beneficio de la nación haitiana? También en este caso, la incertidumbre está a la orden día.

Es en este contexto especial de ansiedad e incertidumbre, de sufrimiento, pero también de esperanza, que nosotros, los Jesuitas en Haití, estamos llamados a proclamar a Cristo Resucitado, Vencedor del mal, de la violencia, de la mentira y de la muerte; a encarnar las preferencias apostólicas universales de la Compañía de Jesús. Tal situación nos hace tocar en carne propia nuestras limitaciones humanas, nuestra impotencia; pero al mismo tiempo nos invita a confiar en la gracia del Señor que nos fortalece para vivir nuestra misión con autenticidad, para hacer crecer la vida y germinar la esperanza en los corazones de las mujeres y los hombres de nuestro país, especialmente de los más jóvenes. Así seguiremos participando en el proceso de sanación y reconciliación de la gran familia haitiana para que por fin pueda vivir una liberación integral y el gusto por la vida. No hace falta decir que también contamos con su solidaridad fraternal activa.

¡Que el Señor bendiga a nuestro país, que nos conceda paz, consuelo y serenidad!

Puerto Príncipe, 8 de julio de 2021

La Curia de la Compañía de Jesús en Haití

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