Venezuela se desangra humana, económica y socialmente. En el horizonte se perciben dos posibilidades, otro intento de negociación entre el gobierno y la oposición o más de lo mismo, que es lo peor. Entrevista a Pedro Trigo.

 

Pedro Trigo Durá es jesuita venezolano de origen español. Es uno los teólogos más reconocidos de América Latina. En esta entrevista habla de amnistía e impunidad, por el momento; crítica a esa izquierda latinoamericana que todavía apoya al gobierno de Nicolás Maduro y señala el camino largo de la emancipación.

Cuando se producen crisis políticas, sociales, económicas y culturales como la que vive Venezuela, no hay respuestas sencillas a la complejidad. Pero ¿cuáles son algunas de las claves principales para entender lo que pasa en su país?

Venezuela vivió en los años 60 un momento estelar, en donde, por única vez en la historia, el pueblo y las élites marcharon en la misma dirección histórica. El Estado era realmente policlasista. Al pueblo le dio educación, salud y seguridad a la altura del tiempo. Y ayudó a los empresarios que querían tener seguridad social. El país estaba en una dinámica impresionante. Eso duró más o menos dos décadas, aunque ya a comienzo de los 70 Rafael Caldera, basó su campaña presidencial en la promoción popular con organizaciones de base, que era lo que correspondía en ese momento histórico. Cuando llegó al gobierno sus compañeros de partido le dijeron que eso era fomentar el comunismo y casi le obligaron a que no hiciera nada. Algo hizo, pero poco.

Un fallo mucho mayor fue el del gobierno de Carlos Andrés Pérez, que le dio mucho al pueblo, pero no le exigió nada, ninguna responsabilidad y eso impide que el pueblo sea sujeto histórico.

El año 79 comenzó a bajar el poder adquisitivo y los gobiernos de la década de los 80 paulatinamente fueron dejando de lado al pueblo, hasta que en la década de los noventa lo abandonaron completamente. El Estado percibía muchos más ingresos por el petróleo. Cuando comienza el siglo eran tres millones cuatrocientos mil barriles diarios los que se exportaban, pero al pueblo realmente no le llegaba nada. Los partidos dejaron de ser mediadores y vivían solo para ellos. La gente se sentía abandonada.

Desde ya los años 90 cada vez se producía menos, el empobrecimiento era tan constante como la idea de que la política ya no tenía nada que hacer. En ese ambiente surge Chávez con su proyecto totalitario, en el doble sentido la palabra. En el sentido textual dijo, todo está mal. Yo los voy a llevar a la máxima felicidad cambiando todo. Pero, también en el sentido habitual en el que sólo yo conozco cuál es la máxima felicidad y el camino. Luego, todos me tienen que seguir.

Todo fue posible por tres cosas. Primera, porque él ejercía de militar, y pensaba que al que mandaba todos le tenían que obedecer. Además, se asesoró durante los diez años con la gente del Partido Comunista tradicional, no con los que se habían renovado. Se asesoró con la dictadura del proletariado, en el sentido más estalinista.

La segunda razón que es que aparte tal vez de Eva Perón, Chávez poseía una capacidad impresionante para seducir a las masas. Por eso la gente ponía en las paredes: Yo soy Chávez, todos somos Chávez, sin caer en cuenta de que yo sí soy Chávez, estoy alienado. Era un entreguismo feliz.

El tercer antecedente son los precios del petróleo, que alcanzaron máximos inéditos. Hubo disponibilidades únicas, pero se malgastó tanto, se endeudó tan escandalosamente que, cuando bajaron los precios, se vio que era un proyecto inviable.

La cosa fue a peor porque sostuvo que el socialismo del siglo XXI en Venezuela era un socialismo rentista, decía que no hacía falta explotar a nadie y que del petróleo podíamos vivir. No percibía que el trabajo no es solo un medio de vida, sino un modo de vida para calificarse, socializarse y contribuir al bien común. Entonces, cuando bajó el precio del petróleo el país de rentistas se hizo insostenible.

El gobierno actual ya no es totalitario, no pretende nada en ese sentido, es meramente dictatorial. Es un gobierno que confiesa que ha distribuido más de cuatro millones de armas entre la población civil. Todo es discrecional. He aquí una prueba de por dónde va: las vacunas las distribuye entre los suyos. Esta es la lógica: “yo no tengo otras cosas, pero como son tan importantes las vacunas, si usted tiene carné de la patria, recibe su dosis y si no tiene carné ya veremos qué pasa”. No dicen que no, pero no dicen que sí.

¿Cómo funciona ahorita el país? Por los dólares que entran por dos fuentes, una muy grande es el narcotráfico, como también la explotación de minerales cuyos réditos no llegan al Estado, sino que se lo quedan ellos. La otra fuente es la de las remesas. Estos recursos tienen un tremendo mérito. La inmensa mayoría de los que envían dinero están viviendo tal vez tan mal como en Venezuela, pero para ellos es sagrado ayudar a su familia. Es una situación inédita en el país. Hoy la división es entre los que tienen acceso a dólares y los que no tienen. Mucha gente de clase media que tenía un trabajo bien remunerado, que vivía bien, ha perdido el trabajo porque casi desaparecieron las empresas. Se han comido los ahorros y simplemente se mueren de hambre. Tienen que ir a parroquias a que les den alimento. Eran gente que vivía bien, que llegaron a viajar por el mundo y ahora están muertos de hambre. Sin embargo, otros que viven en barrios pobres, reciben remesas y viven mejor.

Hasta aquí el análisis de las causas, pasemos a dos noticias que merecen atención. La primera es la posibilidad de un nuevo diálogo entre el gobierno y la oposición. Dos cuestiones sobre esta eventualidad. Hay análisis internacionales que son del parecer que los pasados intentos de diálogo los empleó el gobierno de Venezuela para ganar tiempo. Pero si algo no estaba en discusión era la entrega del poder mediante elecciones libres y observadas. Algunos representantes diplomáticos dicen que la actual situación es distinta y que existe al menos un sector del gobierno que desea encontrar una salida democrática a la crisis. ¿Es concebible un escenario tan auspicioso?

No lo creo. La única salida que aceptaría el Gobierno es si se le conceda amnistía y llevarse el dinero que robó. Creo que habría que aceptar eso. La justicia llegará, pero hoy no se puede dar, no hay ninguna posibilidad. ¿Hay gente del gobierno que quiere una salida democrática? creo que no. También me parece que la oposición está demasiado debilitada. Todavía hay sectores democráticos, pero no veo que haya densidad.

Si hay algo por lo que apostar es por una salida de largo plazo. A uno le parece durísimo decir eso, pero no veo otra cosa.

La otra noticia, es que la Corte Penal Internacional anunciará próximamente la posibilidad de juzgar al presidente y a otros personeros del gobierno por crímenes de lesa humanidad. ¿Cree usted que existen suficientes antecedentes como para iniciar un juicio en la Corte Penal?

La Corte Penal no va a venir aquí a sacarle a Maduro y llevarlo preso. La mayoría de los venezolanos estamos convencidos de que ese señor tendría que ir a la cárcel para toda la vida. Pero sabemos que eso no se puede dar hoy. Es todo lo contrario. O sea, sabemos que usted es culpable, pero como no hay ninguna otra posibilidad de que ustedes salgan, nos parece que un mal menor es la impunidad. Insisto, por ahora. Maduro puede ser malo, pero no tonto: “yo no voy a salir si no estoy seguro de poder hacerlo y no ir a la cárcel”. Así de sencillo.

Cuantas más condenas haya, peor. Vamos a suponer que lo condenan: “pues más a mi favor para que yo no salga de aquí de ninguna manera. Ni tampoco propongo una salida democrática, porque entonces también me van a juzgar”.

Son conscientes de que tienen tantas deudas con la justicia que, o hay amnistía, o no hay ninguna solución a corto plazo, porque tienen todo el poder y una invasión sería mucho peor de lo que hay ahora.

El gobierno y sus intelectuales no han dejado un día de insistir en que la crisis venezolana es culpa de la derecha radical y del apoyo que le presta el imperialismo norteamericano. Esta es una argumentación que sustentan en las sanciones aplicadas por el Gobierno de los Estados Unidos.

Hay elementos totalmente internos que explican lo que está pasando. Que las sanciones han empeorado la situación, no hay la menor duda, pero que son la causa, no, no, no. El gobierno ha puesto el país en manos de Rusia, de China y de Turquía. Para ellos no había mas remedio.

Usted habla de daño antropológico y si la antropología es el estudio integral del ser humano a través del tiempo, uno podría deducir que usted considera que el daño que sufren los venezolanos va hoy mucho más allá de cualquier consideración coyuntural.

Sí, cuando he escrito sobre el daño antropológico para no culpar de todo al último, empiezo por señalar de dónde me parece que proviene. La primera muestra la da Rafael Caldera al desatender las necesidades del momento. Luego, un daño antropológico muchísimo mayor fue el de Carlos Andrés, que dio al pueblo derechos, pero no deberes. Es un daño terrible, porque convierte a la gente en adolescentes sin responsabilidad propia. Lo que vino después fue el abandono total del pueblo.

Ahora, es un daño mayor el comerse la sujetalidad de la gente. Yo soy Chávez, todos somos Chávez. El que dice eso lo dice con toda el alma, pero no sabe que si yo soy Chávez no soy yo, estoy alienado. Es un daño antropológico terrible que, para superarlo, se necesita un largo plazo.

¿Por qué mucha gente no se muere de hambre? Porque toma la vida en sus manos. Tiene paciencia y comparte. Trata de vivir en la realidad y por eso persigue cualquier cosa que pueda obtener legítimamente, no quiere perder nunca la dignidad. Este es el mayor bien que tiene Venezuela para mí. El que yo sea hermano de personas así y que encima me digan que les ayudo, es la experiencia más increíble en mi vida. Cuando asisto a las reuniones les digo hola, no se crean que yo vengo aquí por ustedes, vengo porque necesito igual que ustedes.

Usted pertenece al campo de la teología de la liberación. Hubo un momento estelar a finales de los años 60, Puebla y Medellín, surgimiento significativo en toda la región. Y hoy día no se escucha prácticamente hablar de ella. ¿Es esto consecuencia de la persecución inmisericorde que se practicó en contra de los teólogos de la liberación en América Latina.

Me ha tocado escribir varias cosas y una de ellas es un libro que se titula ¿Ha muerto la teología de la liberación? (Ediciones Mensajero, S.A. 2006). Pienso que no ha muerto. Y hay una generación joven muy interesante. Hace dos años hubo un encuentro latinoamericano de Diálogo de Generaciones y me tocó junto a un brasileño la ponencia central del evento. Me quedé impresionado porque yo estaba de acuerdo absolutamente con todo, pero además en las mismas palabras que lo decía él. O sea que sigue viva, lo que no tiene es la prensa que tuvo hasta mediados de los ochenta en América Latina. Se vivía el clima de adquirir una justicia social, se hablaba de solidaridad, aunque yo no lo practicara, era moneda de cambio. En los años 80 se fue imponiendo el neoliberalismo y ya eso no existe. Ahora no, está fuera, pero que esté fuera del ambiente establecido no significa que no existe.

El Papa Juan Pablo II fue el más avanzado en lo social pero tenía un anticomunismo visceral por su experiencia en Polonia. Le convencieron de que nosotros éramos comunistas y por eso se propuso cambiar la tónica de la institución eclesiástica latinoamericana. Fue muy fuerte, Vino luego el hombre de la Congregación de la Fe, Ratzinger, que era profesor universitario, que cuando le hicieron papa no se dio cuenta que había cambiado la cosa. Para él la única intelectualidad era la de Europa y sobre todo la del norte de Europa.

La primera instrucción que sacó sobre teología de la liberación, creo que todos le dijimos: “estamos totalmente de acuerdo con lo que usted dice, pero no tiene que ver absolutamente con nosotros”. Él se quedó impresionado. Eran todo estereotipos tan increíbles que se veía que no había leído. Así de claro.

Por eso para nosotros el Papa Francisco ha sido algo increíble. En un encuentro latinoamericano de jesuitas él me dijo que quería hablar una hora conmigo y fue muy incisivo sobre teología de la liberación. Cuando acabamos, mis amigos dijeron: te ha estado sonsacando. Yo dije: no. Tiene prejuicios y por eso ha estado preguntando y yo le he dicho las cosas con la mayor honradez que he podido. Más tarde, cuando vimos que salió la primera vez al balcón y empezó a hablar de esa manera, bueeenoo. Nos sentimos totalmente representados.

El Papa habla un lenguaje muy coloquial que cualquiera puede entender, prescindiendo de que él nunca va a decir la palabra teología de la liberación, pero eso es lo que está transmitiendo con toda el alma. Lo fundamental no es la teología de la liberación, sino que se vaya dando la liberación y que nosotros podamos contribuir a ello.

Sé que usted pertenece al campo de los esperanzados, cree mucho en aquéllos que tienen una actitud realmente cristiana de entrega, de servicio a los demás, una actitud deliberativa, como a usted le gusta llamarla. Y al frente tenemos una pandemia, una dictadura, millones de venezolanos fuera del país y un Gobierno que se rehúsa por principio a abandonar el poder. ¿Podemos realmente encaminarnos a una alternativa superadora?

Yo pongo mi vida en ello y yo espero que eso se ha de dar. No estoy hablando de principios o de ideas. Al poner la vida en ello, me encuentro con muchísimos otros que están en lo mismo. Enfermeras o médicos son de un heroísmo impresionante, hablo de miles, no son una minoría. Se está dando a muchos niveles. La gente hoy no se muere de hambre porque hay muchas organizaciones no gubernamentales que se están ayudando en la práctica.

Yo me encuentro con mucha gente. Recibo muchos testimonios. Para mí es importante que haya un cuerpo social y es a partir de ahí desde donde tiene que haber un cambio. Si eso se hace, sí podemos sacar al gobierno, pero no es tarea de un día. Lo otro puede ser un cambio de ejecutivo, pero no va a haber una alternativa superadora. Si no se dan todos estos elementos, la alternativa no será superadora y no será alternativa. Será quítate tú para ponerme yo. Pero no habrá una auténtica democracia. No, no la habrá.

 

Información de opendemocracy.net