La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de América Latina y el Caribe (FILAC) presentan este informe, basado en la revisión de más de 300 estudios publicados en las últimas dos décadas.

 

El propósito de este informe es dejar en claro la importancia y urgencia para la acción climática de proteger a los bosques de los territorios[1] indígenas y tribales y a las comunidades que los cuidan[2]. Con base en la experiencia reciente, se propone un conjunto de inversiones y políticas para ser adoptadas por los financiadores climáticos y decisores gubernamentales, en coordinación con los pueblos indígenas y tribales.

Los pueblos indígenas y tribales que habitan las áreas forestales de América Latina y el Caribe viven en una situación paradójica: a pesar de ser ricos en recursos naturales y cultura, son pobres en ingresos monetarios y acceso a servicios públicos. Este informe responde a esa dualidad. Propone medidas que potencian el uso de la riqueza natural y cultural de los pueblos indígenas y tribales para mitigar y adaptarse al cambio climático, proteger la vida silvestre y la diversidad biológica y a la vez reducir la pobreza extrema, la inseguridad alimentaria y los conflictos sociales. Esas medidas son aún más apremiantes en el contexto actual de la pandemia del COVID-19, toda vez que los pueblos indígenas y tribales han sido de los más afectados por la enfermedad y la crisis económica, y se ha puesto en evidencia que la perturbación de los bosques y la biodiversidad puede poner en riesgo la vida humana.

La importancia de los bosques para la estabilidad climática radica en que será muy difícil mantener la temperatura global promedio bajo los 2°C por encima de los niveles preindustriales, sin la conservación y restauración de los bosques a nivel mundial (Houghton et al., 2017). Prácticamente todos los escenarios para lograr esa meta prevén alguna combinación de reducción de la deforestación y degradación de los bosques, reforestación y regeneración natural de bosques (IPCC, 2018), que son las principales “acciones climáticas” discutidas en este informe.

En ese contexto, los bosques de los territorios indígenas y tribales de América Latina y el Caribe son claves para la estabilidad y resiliencia climática global, regional y local[3]. Contienen casi el 30% del carbono almacenado en los bosques de la región y el 14% del carbono en los bosques tropicales a nivel mundial (Saatchi et al., 2011; Walker et al., 2014; Frechette et al., 2018)[4]. De hecho, poseen más carbono que todos los bosques de la República de Indonesia o la República Democrática del Congo, los dos países con mayor área de bosque tropical después de Brasil (Walker et al., 2014).

Además de ser un agente climático central en razón del carbono que almacenan, los bosques también influyen en la temperatura y precipitación por otras vías. Tienen mayor evapotranspiración y rugosidad y menor albedo que otros usos del suelo, lo que afecta de forma significativa la temperatura local y la precipitación local y lejana (Ellison et al., 2017; Sheil, 2018; IPCC, 2019). Una buena cobertura forestal puede ayudar a evitar temperaturas extremas y cambios en los patrones de lluvias, y así mantener los rendimientos agrícolas, eludir los problemas de salud humana ligados al estrés por calor y evitar los incendios forestales asociados con las sequías (Costa et al., 2019; Suter et al., 2019).

Históricamente, los bosques de los territorios indígenas y tribales han sufrido mucho menos destrucción que otros bosques de la región. Sin embargo, varios factores que protegían estos bosques están cambiando; las amenazas para estos y sus habitantes crecen de forma acelerada. Para revertir esta tendencia negativa se requiere una serie de medidas, las que se pueden agrupar en cinco categorías principales:

  1. Fortalecer los derechos territoriales colectivos.
  2. Compensar a las comunidades indígenas y tribales por los servicios ambientales que proveen.
  3. Facilitar el manejo forestal comunitario.
  4. Revitalizar las culturas y los conocimientos tradicionales.
  5. Fortalecer la gobernanza territorial y las organizaciones indígenas y tribales.

Esas medidas ofrecen una excelente oportunidad para lograr una reducción significativa del carbono en la atmósfera a un bajo costo por tonelada de emisiones evitadas y generar múltiples beneficios ambientales y sociales. Un paquete integral de reformas e inversiones que incorpore estos elementos podría contribuir de forma sustancial al cumplimento de buena parte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), el Acuerdo de París y la Agenda 2030.

El informe comienza analizando los bosques en los territorios que los pueblos indígenas y tribales gestionan de forma colectiva y llamando la atención sobre su importancia para la acción climática. Luego, se estudian las causas por las cuales esos bosques se han conservado mejor que otros bosques en América Latina, para después indagar en las nuevas dinámicas que están generando una destrucción acelerada de los bosques y amenazando cada vez más a los pobladores de los territorios indígenas y tribales. Por último, se propone un paquete integral de políticas e inversiones para revertir esta tendencia, con énfasis en cinco áreas de intervención.

Conviene señalar que esta investigación pone su foco en los territorios indígenas con cobertura forestal. También se incluye evidencia sobre aquellos afrodescendientes que podrían ser considerados “tribales” bajo las normas internacionales (Dulitzky, 2005)[5].

Este informe se basa en una revisión bibliográfica de más de 300 estudios publicados en las últimas dos décadas, incluyendo 73 publicados en los últimos dos años (2019 y 2020). Es de esperar que sea de interés para los tomadores de decisiones y profesionales que trabajan en organismos públicos, organizaciones de base, organizaciones internacionales, centros académicos y organizaciones no gubernamentales relacionados con políticas climáticas y forestales y con la tenencia de la tierra y los derechos de los pueblos indígenas y tribales.

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[1] El término “territorios indígenas y tribales” refiere a áreas gestionadas de forma colectiva o semi colectiva por pueblos indígenas o tribales.
[2] Este informe se enfoca solo en aquellos pueblos indígenas y tribales que habitan en zonas forestales. Dicho eso, buena parte de su análisis y propuestas pueden extrapolarse a otras comunidades tradicionales forestales y ribereñas, quienes extrapolarse a otras comunidades tradicionales forestales y ribereñas, quienes ocupan decenas de millones de hectáreas adicionales de bosques.
[3] Excepto donde diga lo contrario, este informe utiliza el término “bosque” para designar todas las áreas arbóreas con una cobertura del dosel superior al 10%, incluyendo los bosques primarios, secundarios y plantados, manglares y algunos sistemas agroforestales.
[4] Este informe abarca todos los bosques de América Latina, concentrándose en mayor medida en los bosques tropicales, los cuales contienen la gran mayoría del área forestal y carbono almacenado en la vegetación de la región.
[5] Un pueblo tribal es “un pueblo que no es indígena a la región [que habita] pero que comparte características similares con los pueblos indígenas, como tener tradiciones sociales, culturales y económicas diferentes de otras secciones de la comunidad nacional, identificarse con sus territorios ancestrales y estar regulados, al menos en forma parcial, por sus propias normas, costumbres o tradiciones” (Corte Interamericana de Derechos Humanos, 2007.

Descargar PDF Los pueblos indígenas y tribales y la gobernanza de los bosques

 

Imagen e información de fao.org