El nuevo gobierno estadounidense analiza las relaciones con la isla caribeña luego de lo deterioradas que quedaron durante el gobierno de Trump. Organizaciones civiles no cesan de pedir que la gestión Biden retome su política de acercamiento.

 

Por Luis Brizuela

Desde que Joe Biden llegó a la presidencia de Estados Unidos, el 20 de enero, figuras políticas y organizaciones civiles renovaron las exhortaciones para que la Casa Blanca retome la política de acercamiento y diálogo con Cuba, abandonada hace cuatro años.

La nueva administración demócrata ha reconocido que analiza las muy deterioradas relaciones con la nación insular caribeña, pero persiste la interrogante de cuándo se completará ese estudio y el alcance de las medidas para comenzar a destejer otra vez el nudo gordiano del diferendo entre ambos países.

Con una reacción sobria ante el triunfo de Biden, el gobierno cubano afirmó, por su parte, que se mantiene dispuesto al diálogo.

Analistas argumentan que el tema de Cuba posee un bajo nivel de prioridad dentro de la nueva administración estadounidense, ante urgentes problemas internos y globales como el manejo de la pandemia de covid, la urgencia en recuperar la economía y la necesidad de recomponer vínculos con sus principales aliados, entre otros.

No obstante, apostar por la intercooperación científica y la lucha antinarcóticos, por ejemplo, resultaría positivo para ambas naciones separadas apenas por 90 millas náuticas (167 kilómetros) en el estrecho de la Florida.

Preguntados por IPS, expertos opinan que quizás las relaciones con Cuba adquieran relevancia como parte de las proyecciones hemisféricas de la administración Biden, cuando se aproxime la IX Cumbre de las Américas, que si no hay cambios debe celebrarse en el segundo semestre de este año y cuyo anfitrión va a ser,  precisamente,  Estados Unidos.

“Biden se ha declarado partícipe de continuar la política del expresidente Barack Obama (2009-2017), del cual fue vicepresidente. Bastaría que siguiera esa línea. No tiene que inventar nada nuevo”, explicó a IPS el politólogo Esteban Morales.

De acuerdo con este experto en los vínculos binacionales, “Obama demoró en abrir las relaciones –al final de su segundo mandato-, pero cuando lo hizo, no puso condicionantes. Estaba convencido desde hacía tiempo que la política hacia Cuba era un fracaso”.

Para Biden bastaría con “poner sobre la mesa su voluntad de hacerlo, reiniciando el camino que frustró la administración del expresidente Donald Trump (2017-2021)”, enfatizó Morales.

El gobierno republicano desconoció una veintena de acuerdos consensuados por ambos países y regresó al lenguaje de la confrontación y sanciones contra La Habana, además de reforzar el embargo vigente desde 1962.

Como punto culminante del deterioro de las relaciones, el 11 de enero Trump incluyó a Cuba en la lista de naciones patrocinadoras del terrorismo de la cual fue excluida en 2015, como parte del deshielo diplomático iniciado a fines de 2014.

La decisión, refieren analistas, buscó demorar un posible acercamiento, pues se requiere un dilatado proceso burocrático para excluir a cualquier país de dicho listado que conlleva sanciones y restricciones financieras.

El 28 de enero, al completar su primera semana, la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Jen Psaki, confirmó que el gobierno revisaría la política hacia Cuba y aportó pistas sobre el probable curso de las futuras medidas.

La portavoz indicó que uno de los principios rectores de la estrategia hacia la isla sería “el apoyo a la democracia y los derechos humanos”.

Psaki consideró a los estadounidenses y especialmente los cubanoamericanos “los mejores embajadores de la libertad en Cuba” por lo cual, añadió, “vamos a asegurarnos que nuestro enfoque se ajuste a eso. Tomaremos nuestro propio camino”.

La cuestión de los derechos humanos ha sido motivo de agrios desencuentros entre La Habana y Washington en foros internacionales.

Durante el gobierno de Obama se realizaron sobre el tema sendas rondas de diálogo en 2015 y 2016, las cuales evidenciaron las marcadas diferencias de enfoque con respecto a un asunto que el gobierno cubano ha aceptado discutir en condiciones de igualdad y sin condicionamientos externos.

Otros analistas consideran que Biden podría asumir, casi sin costos políticos, medidas como reautorizar los vuelos comerciales directos y atraques de cruceros, la ampliación de licencias para los viajes de estadounidenses y eliminar los límites para el envío de remesas a Cuba.

Voces internas a una apertura

En las últimas semanas aumentaron notablemente y desde un amplio espectro político las recomendaciones sobre cómo enfocar la hoja de ruta para la normalización de vínculos.

El 19 de enero el congresista demócrata James McGovern envió una carta a Biden en la cual lo exhortó a restaurar el pleno funcionamiento de la embajada y servicios consulares de Washington en La Habana, con un embajador experimentado y altamente calificado.

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Con imágenes e información de Ipsnoticias.net