Durante todo el 2020 millones de niños latinoamericanos tuvieron que recibir clases virtuales en situaciones de encierro (por la pandemia), estrés y con muchas limitaciones tecnológicas. Las secuelas de todo lo vivido por los menores (especialmente los más pequeños) son muchas, pero este año se plantea un reto más: ¿cómo regresar a clases aún en medio de la crisis sanitaria?

Muchos países de la región están combinando las clases virtuales con la forma presencial, en un esfuerzo de brindarles "algo de normalidad" a los escolares y tratar de aminorar las secuelas del encierro. Sin embargo, falta reforzar muchos de los protocolos sanitarios.

Ana ya no aguantaba más. Desde marzo había dejado de ver a sus amigas y le hacían mucha falta. Pero desde hace poco sus tristezas terminaron, al menos por tres jornadas a la semana en el colegio Equirayá, cerca de Bogotá. Sus dos hermanos menores ya van todo el día, y parecen haber terminado esos meses interminables en los que sus papás tuvieron que hacer malabares para trabajar y al mismo tiempo impulsar el estudio de sus niños, de entre 3 y 8 años. 

Casi durante todo el año anterior, esas escenas se repitieron a lo largo y ancho de América Latina. Pero si para Ana y su familia la situación fue dura, lo fue mucho más para millones que ni siquiera contaban con los recursos técnicos necesarios. Aún cuando los tuvieran, se trataba de una situación precaria: los niños se aburrían, perdían interés, se desesperaban. Les faltaba algo que ningún computador o teléfono celular podía darles: el contacto de los amigos, la experiencia de la escuela, hasta las pilatunas. En fin, todo lo que significa ser un niño.

Pasados los meses más críticos de la pandemia, la decisión generalizada de cerrar las escuelas ya no resulta indispensable. Hoy la ciencia médica entiende mejor los mecanismos de la infección, y las vacunas están a la vuelta de la esquina, cuando no a las puertas de muchos. Además, crece entre los epidemiólogos la tendencia a no considerar a los niños como grandes vectores del virus. Por todo eso, muchos gobiernos han venido acatando las recomendaciones de los expertos en salud infantil, para los cuales el confinamiento, en especial los más pequeños, es muy contraproducente a largo plazo y afecta sus oportunidades de aprendizaje e interacción, a lo que se suma el aumento de la deserción escolar en 2020. Hoy casi todos tienen claro que los estudiantes deben regresar a las aulas lo más pronto posible.

En efecto, las secuelas de meses de cuarentena y distanciamiento social para los más chicos resultan incalculables. De acuerdo con un estudio de la Unesco, el cierre de los centros de enseñanza en 33 países en esta región (excepto Nicaragua, que los mantuvo abiertos) afectó en abril a 165 millones de estudiantes.

Hoy varios países de la zona han iniciado el regreso de manera gradual, con protocolos de seguridad y combinando el aprendizaje presencial con el remoto. En Brasil, donde el cierre de las instituciones dejó sin acceso a la educación a 5,5 millones de niños y adolescentes durante 43 semanas, veinte estados reabrirán entre febrero y marzo. Colombia, que tuvo su segundo pico de contagios en enero, también ya ha avanzado con un modelo híbrido para el retorno presencial en algunos de los colegios, tanto privados como públicos. En la capital colombiana, el lunes regresaron a la actividad una veintena de colegios públicos, de un total de 400 que terminarán de hacerlo hasta mediados de abril. 

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Con imágenes e información de: Connectas.org