Feliciano Valencia es uno de los líderes indígenas más conocidos del departamento del Cauca, en el suroccidente colombiano, y senador por el partido MAIS. El pasado 29 de octubre, intentaron asesinarlo en su camino a Tacueyó. Esta es su historia.

 

Feliciano mide 1,55 centímetros y tiene una voz recia, más cuando habla de los derechos de su pueblo. "Mi lucha es vieja, aunque tengo 54 años. Mi nombre completo es Feliciano Valencia Medina. Mi abuelo era esclavo de gente de tierra en el Cauca, los conocidos terratenientes, y ellos fueron los que nos pusieron los apellidos. Nosotros heredamos los nombres y ellos nos robaron la tierra".

Valencia nació en el resguardo indígena de Canoas en Santander de Quilichao. "Cursé primaria en mi vereda y ya. Luego en 2012 terminé mi bachillerato." Él creció como casi todos los niños indígenas de Colombia: trabajando y entre la naturaleza, que, para ellos, es sagrada, la fuente de todo. "Mi familia es grande, entonces la plata no daba. De adolescente me fui a buscar trabajo por todo el país y así terminé recogiendo café en Antioquia y algodón en Tolima".

Nunca quiso ser militar o pelear la guerra de otros. Cuando el Ejército llegaba a los pueblos, él se escondía para que no lo reclutaran. Igual cuando llegaba la guerrilla.

"Yo anduve de un lado a otro con la idea, siempre, de volver a mi tierra". Los nasa, al igual que otras tribus del país, sienten un apego a la tierra desde que nacen. Cuando su madre los tiene, la abuela u otro familiar cercano corta el ombligo y lo entierra donde queda la casa de cada uno para así sellar el lazo entre indígena y territorio.

"Cuando tuve algo de plata volví a Toribío, monté mi casa y me casé.” Ahí comenzó su trabajo comunitario también. "Mi ídolo siempre fue Alberto Ulcué Chocué, sacerdote indígena asesinado en 1984 por defender el proceso de restitución de tierras para los indígenas de la región. La tierra es nuestra madre. Es sagrada y la defendemos, porque es el mandato que recibimos de nuestros antepasados".

Valencia afirma que el mundo occidental no entiende la filosofía de los pueblos indígenas. Por eso es importante representarlos políticamente.

Un camino inusual

Desde sus comienzos como líder indígena, Valencia buscó ser parte del actuar político del país. Después de obtener cargos en su comunidad como líder del Consejo Indígena Regional del Cauca (Cric) se lanzó a la alcaldía de Santander de Quilichao en 2010 y perdió.

En 2013, la Organización Nacional Indígena de Colombia, ONIC, anunció la creación del Movimiento Alternativo Indígena y Social, MAIS. En ese momento Valencia se lanzó a la presidencia con este partido. No quedó electo y en 2015 fue capturado por el Cuerpo Técnico de Investigación de la Fiscalía de Colombia - CTI, ya que el Tribunal Superior de Popayán lo condenó a 18 años de cárcel porque, en medio de una movilización indígena, la Guardia Indígena del Cauca retuvo y condenó a 20 latigazos al cabo del ejército Jairo Danilo Chaparral, decisión en la que estuvo involucrado y que ha sido cuestionada.

En 2016, la Procuraduría General de la Nación pidió a la Corte Suprema de Justicia que la condena fuera revocada y en junio de 2017, la Corte tumbó la decisión y avaló la que había tomado el primer juez del caso en 2015, en la que absolvía a Valencia.

Dos años después, fue elegido como senador de la república por el MAIS, desde donde defiende asiduamente los derechos de su pueblo y el cumplimiento del Acuerdo de Paz firmado en 2016.

Líder ancestral

Feliciano cuenta que el liderazgo viene por parte de su madre y de sus abuelos. "Cuando era niño escuchaba atento las historias que narraban mis abuelos y mis padres, entendí las penurias que vivieron mis antepasados, de ahí que mi vida la dediqué a reivindicar nuestros pueblos". También recuerda un episodio que lo marcó: "En un ritual sagrado me cayó encima un palo de guadua. Sentí calor, y luego me desmayé. El golpe fue tal que me llevaron al hospital en Cali.” Tenía pérdida de memoria y parálisis en la mitad del cuerpo. Se recuperó y dice que volvió a su pueblo "más lúcido." Los taitas le dijeron que era un mensaje de sus ancestros y fue cuando decidió dedicarse de lleno a su trabajo como líder.

Él no niega nunca sus errores. Aparte de la sentencia y absolución por el caso del cabo del Ejército, en 1999 recibió 14 latigazos por no cumplir con la cuota alimentaria para su primera ex esposa. Para él "ese castigo fue por una desarmonía mía. Uno a veces se llena de energías negativas y los sabios mandan látigo para volver a equilibrarnos. El liderazgo es importamte porque a pesar de que la Constitución Política de Colombia dice que somos una Nación pluriétnica y multicultural esto no se ve reflejado en la materialización de nuestros derechos, lo bonito de la ley con respecto a los indígenas es que se queda solo en el papel. Si no se desarrollan las normas a los indígenas siempre nos van a mirar como gentes raras. Yo veo difícil el reconocimiento pleno de nuestros derechos porque debe pasar por el Congreso de la República y ahí por ser minoría perdemos".

Ataques sin tregua

Entre 2009 y 2020 ha recibido cientos de amenazas exigiendo que detenga su labor. En 2009, incluso, la Comisión Internacional de Derechos Humanos solicitó al Gobierno colombiano adoptar medidas de seguridad para un grupo de líderes indígenas, entre los cuales estaba Valencia.

"La situación que padece el liderazgo indígena es difícil, En Colombia el racismo es alto, aún nos miran como gente de tercera categoría, somos considerados minorías y no hay políticas públicas que garanticen la portección con enfoque diferencial por nuestra condición. Para colmo, sectore políticos y gran parte de la sociedad nos miran como guerrilleros, delincuentes, comunistas y como tal nos tratan. Muy difícil" dice Feliciano. "Los afro e indígenas logramos incorporar el capítulo étnico en los acuerdos de paz, pero el incumplimiento de estops acuerdos por parte del gobierno actual a echado al traste las aspiraciones a acceder a más tierras. Lo poco que logramos en tema de tierras se da por acuerdos pactados en el marco movilizaciones y portestas".

El pasado 29 de octubre, mientras se desplazaba por la vía que lleva a Tacueyó en el Cauca, para acompañar la conmemoración del primer aniversario de la masacre de La Luz - donde fueron asesinados cinco indígenas de la región-, su camioneta fue interceptada por hombres armados que, ante su negativa para detenerse, dispararon contra el vehículo que hoy está en manos de la Unidad Nacional de Protección, UNP.

"Yo agradezco la solidaridad de todos los que me han apoyado. Afortunadamente estoy con mi familia y estoy bien, pero quiero decir algo claro: cuando decimos que nos están matando o nos van a matar, no estamos diciendo mentiras".

Prueba de esto es que, en lo corrido de 2020, han sido asesinados más de 40 líderes indígenas que se suman a los 269 asesinados desde 2016. Frente a esto, Feliciano pide protección, acción de parte del Gobierno que, aunque condenó su ataque, "sigue sin proteger a los líderes del país. El Gobierno siempre insiste en que los asesinatos y masacres de líderes sociales obedecen a retaliaciones del narcotráfico, asunto que no es verdad. Yo creo que la inacción del Gobierno se debe a que no le interesa atender y detener esta matanza por considerarnos de oposición y, según el mismo Gobierno, por estar vinculados ocn el narcotráfico".

También hace un llamado para adoptar el Acuerdo de Escazú, que sería clave para defender a quienes luchan por el territorio en países como Colombia: "Ratificar que las organizaciones que hacen parte de la Mesa Permanente de Concertación, que recoge a los 115 pueblos indígenas de Colombia, nunca han solicitado que se haga consulta previa para ratificar el Acuerdo de Escazú. Al contrario, el 30 de septiembre, en una carta, pedimos al Gobierno iniciar el trámite para adelantar el proyecto de ley que refrendará este Acuerdo."

“Me uno a las voces que piden iniciar el proyecto de Ley para que, tal y como lo ha planteado el Gobierno, se ratifique el Acuerdo por parte del Congreso de la República, ya que significa fortalecer la legislación ambiental en Colombia. Necesitamos protección ahora.”

Aunque no hace ni una semana que atentaron contra su vida, Feliciano Valencia está en pie: sigue luchando.

 

Fuente: Opendemocracy.net