La historia cuenta que, en plena dictadura militar, la Cáritas Diocesana de Río de Janeiro bajo el liderazgo del cardenal D. Eugenio de Araujo Sales acogió en los años 70 a ciudadanos argentinos, chilenos, uruguayos que huían de la dictadura en sus países. En 1976 la Caritas de Río de Janeiro tenía más de 70 albergues, en los que alojó a 350 refugiados.

A inicios de los años 80, con el proceso de “redemocratización de Brasil”, el gobierno de este país acogió a miles de refugiados angolanos. Y en 1986, recibió a 50 familias de refugiados iraníes que huyeron de la persecución religiosa.

Con respecto a la migración, Brasil ha sido un país de migrantes italianos, portugueses, provenientes de otros países europeos, e incluso de Japón.

Desde los años 70, se ha convertido en tierra de acogida de migrantes latinoamericanos, entre argentinos, chilenos y uruguayos; y a partir de la década de los 80, dio inicio de manera acentuada la inmigración de bolivianos, paraguayos, peruanos.

Luego del terremoto que afectó Haití, los haitianos empezaron a llegar de manera creciente a Brasil. Según el Gobierno de Brasil, después del 12 de enero de 2010, ya han sido regularizados en el país cerca de 9 mil haitianos.
Los extranjeros en Brasil, mayoritariamente argentinos, ecuatorianos, chilenos y venezolanos, representan el 1% de una población que cuenta con más de 190 millones de habitantes.

Hacia una nueva normativa migratoria

Al igual que Chile, Brasil está ahora en proceso de adoptar una nueva legislación migratoria para adaptar sus normativas a la realidad actual de la migración y a los avances del derecho internacional, principalmente los derechos humanos de los migrantes y refugiados.

En Brasil la ley Número 6.815 que rige y define el régimen migratorio data de 1980, es decir, de la época del régimen militar. Desde 2009, el Ejecutivo propuso un proyecto de ley No. 5.655/09 para reformar el llamado Estatuto del Extranjero; pero el debate sobre el proyecto sigue aún en el Parlamento.

El Ministro de la Justicia brasileño, José Eduardo Cardozo, acaba de crear en mayo de este año un grupo de trabajo con la misión de elaborar propuestas y estudios en torno a la política migratoria del país, en el marco de la primera Conferencia Nacional de Migraciones y Refugio a realizarse en 2014.

Triplicación del número de refugiados en 2012

Mientras tanto, el número de personas refugiadas sigue creciendo en Brasil.
El gobierno de este país acaba de anunciar que “el número de extranjeros que solicitan refugio en Brasil triplicó en 2012 [2.008 personas], en comparación con 2010 [566 personas]”, por razón de “grandes crisis humanitarias, nuevas o relacionadas con conflictos ya viejos que continúan provocando desplazamientos” (Ministerio de justicia de Brasil, Triplica o número de estrangeiros em busca de refúgio no Brasil, 26 de abril de 2013).

Actualmente (hasta el mes de marzo de 2013) existe un total de 4.262 refugiados reconocidos en Brasil, de los cuales la mayoría son angolanos (1.060), colombianos (738) y congoleses (570).

Difícil situación de algunos migrantes

Sin embargo, la situación de un buen número de personas migrantes o que no califican para el refugio, según los criterios de la Convención de la ONU sobre el Estatuto de los Refugiados (Ginebra, 1951), es bastante difícil en Brasil.

Por ejemplo, en el caso de los migrantes haitianos que han estado llegando a Brasil en los tres últimos años, el gobierno de Dilma Rousseff se reunió el 13 de mayo de 2013 con Perú, Ecuador, Bolivia, República Dominicana y Haití (países implicados en ese flujo), para discutir sobre el control de las áreas de fronteras sudamericanas y la lucha contra redes transnacionales de tráfico. Mientras que 1.193 haitianos se quedaron varados a inicios de 2013 en la frontera de Acre en condiciones precarias (sin comida ni agua) y en espera de ser acogidos por Brasil.

Vale subrayar que a finales del año 2011 más de mil años estuvieron bloqueados en Tabatinga, ciudad brasileña fronteriza con Perú y Colombia. Mientras que del 13 de enero de 2012 hasta finales de abril del mismo año el gobierno de Brasil impidió el paso hacia el interior de su territorio a más de 300 haitianos bloqueados en Iñapari, pequeño pueblo de Perú fronterizo con Brasil.

Limitar la hospitalidad

Según una declaración que hizo a la prensa en enero de 2012 el economista Ricardo Paes de Barros, coordinador del nuevo proyecto de ley migratoria brasileña, afirmó: “Es necesario definir hasta dónde llegará nuestra generosidad. Ya que no vamos a contribuir a aliviar el sufrimiento del mundo y absorber a esas personas. La solidaridad debe tener ciertos límites y adecuarse a la ayuda que Brasil sea capaz de ofrecer.” (Ver: O Globo, Brasil quer facilitar vistos para profissionais estrangeiros, 15 de enero de 2012[1]).

Todo parece indicar que la nueva normativa migratoria tratará de limitar la hospitalidad, principalmente a quienes vienen de países pobres y no tienen un alto perfil profesional.

De hecho, esta limitación de la hospitalidad que ha puesto en práctica el gobierno de Brasil, cerrando las fronteras (particularmente en Acre) a miles de migrantes haitianos, africanos y otros latinoamericanos, ha conllevado como consecuencia inmediata a la violación de los derechos humanos de dichos migrantes que han tenido que afrontar serias crisis humanitarias.

Esta situación marca clara y elocuentemente un retroceso en la gran tradición de la hospitalidad en Brasil.

Por Wooldy Edson Louidor.