Raíces históricas del ethos latinoamericano

Publicado: Segunda, 04 Março 2019
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1.- El Hecho

1.- La publicación de la obra en seis tomos sobre la Historia de la Teología Moral (Madrid, Editorial PS) del Profesor Marciano Vidal llena un vacío en la formulación de la reflexión sobre la ética cristiana, porque hasta ahora sólo había unos pequeños escritos, en forma de artículos o pequeños libros.  Esta obra maestra abarca desde las raíces bíblicas y el contexto grecorromano hasta el tiempo moderno.

2.- Aún más, en el segundo volumen de su cuarto tomo, dedicado a la Moral en la Edad Moderna (siglos XV - XVI), el Profesor Marciano Vidal presenta la elaboración del pensamiento moral en la América hispana en el momento fundante de su condición cristiana, es decir, los siglos XV y XVI.  Este volumen de casi 500 páginas contribuye a comprender las raíces históricas del pensamiento moral en América Latina.

3.- El conocimiento del pasado resulta relevante y clave para comprender mejor el tiempo del presente y, por tanto, proyectar de mejor manera el camino del futuro.  El profesor Marciano Vidal ha tenido una gran influencia sobre la elaboración de la ética cristiana en América Latina mediante su Manual en cuatro tomos de Moral de Actitudes, como también gracias a su dedicación a la docencia de la cual han sido oyentes muchos profesores actuales de teología moral en la región.  Otra vez se está en deuda con él por su contribución pionera sobre la Historia de la Moral en América Latina.

2.- Comprensión del hecho

4.- Cristóbal Colón (1451 - 1506) pensó que había llegado a las Indias Occidentales en 1492.  Pero fue Américo Vespucio (Florencia 1450 - Sevilla 1512), un comerciante florentino instalado en Sevilla y modesto navegante bajo los auspicios de los Reyes Católicos de España y de Manuel I de Portugal, quien se dio cuenta que las tierras encontradas por Colón eran un continente. Así, en el año 1507 el nombre de América apareció por vez primera en un mapa de Martin Waldseemüller (1470 – 1518), canónigo y cartógrafo en la Corte de René II, Duque de Lorena.

5.- La presencia española en estas nuevas tierras puede resumirse en tres etapas: (a) descubrimiento/encuentro, (b) conquista, y (c) colonización.  En un primer momento la ocupación de tierras americanas siguió el modelo portugués de crear factorías desde las cuales realizar las prácticas comerciales y de esclavización de los nativos. Este modelo evolucionó hacia sistemas de presencia territorial más amplia y más estable, mediante su conquista. En 1542 se promulgan las Leyes Nuevas, comenzando la progresiva dependencia de los territorios conquistados a la Corona.  Se considera el año 1573 como la fecha que divide la fase de la conquista de la etapa de la colonización. El 13 de julio de 1573 Felipe II promulgó las Ordenanzas de descubrimiento, de nueva población y de pacificación de las Indias, donde se sustituye definitivamente la palabra “conquista” por la de “pacificación”.

6.- La colonización constituye el largo proceso del que surge la nueva realidad “mestiza”, imponiendo el propio sistema sobre los pueblos autóctonos y “poblando” con nuevas poblaciones los territorios conquistados.  La colonización implicaba la explotación de los grandes recursos, especialmente materias primas y metales preciosos.  Para la mentalidad de los españoles el descubrimiento y la conquista de América tenían como objetivo: (a) incorporar pueblos al cristianismo, y (b) a la Monarquía hispana, la cual se entendía como un sistema político de carácter integrador (reinos), nacionalista y expansionista.

7.- Básicamente, la población indígena se estructuró en cuatro formas de grupo: (a) Encomiendas - Amerindios bajo la protección de un colono, al que debían servicios o tributos; (b) Trabajo forzoso - amerindios reclutados por la fuerza y separados temporalmente de sus poblados; (c) Reducciones - amerindios que seguían viviendo en sus poblados y conservaban en ellos la libertad de acción; y (d) Marginales - amerindios que escapaban de la influencia colonizadora para vivir en zonas no controladas por la colonia.

8.- La encomienda fue la institución básica de la colonización española en América.  Los amerindios pasaban a ser protegidos por los colonos, quienes se encargaban de garantizar su evangelización. A cambio de la protección y de la evangelización, el encomendero obtenía un tributo de trabajo o en especie o, posteriormente, en dinero (tributo indígena).  En muchas ocasiones, esta práctica se convirtió en una forma velada de esclavitud, a pesar de la oposición repetida de la Corona.

9.- Aunque se tiene un  cúmulo de documentos y estudios, nunca se sabrá del todo lo que fue y lo que supuso para las personas este encuentro entre América y Europa.  Por ello, la narración de ese acontecimiento será siempre una interpretación.  Pero, por de pronto, habría que descartar la “leyenda negra” tanto como la “leyenda rosa”, es decir, pura destrucción o pura exaltación.

10.- La conexión entre evangelización y conquista perjudicó la coherencia evangélica de la primera.  La convivencia del poder político con la evangelización implicó básicamente: (a) la evangelización sufrió en su coherencia interna, y (b) la legitimación por parte del cristianismo de la política imperial practicada por la monarquía católica hispana.  En el fondo era el dilema de que los misioneros se sintieron comprometidos al predicar al Evangelio, pero, a la vez, fueron también fieles súbditos de la corona española.

11.- La evangelización cristiana de América constituye un impresionante fenómeno religioso-cultural, ya que en un período de 50 años (1521 - 1571) se cambia el paisaje religioso, exterior e interior, de la geografía humana que ocupaban las religiones amerindias: los nombres (de personas, de lugares), se habían cristianizados; en lugar de templos surgían iglesias (con la voz de las campanas y con la representación de otros símbolos e imágenes); los signos públicos eran ahora la cruz y los santos del cristianismo.  Las prácticas eran también otras: el bautismo como ritual de iniciación; la misa como motivo de reunión comunitaria; el recuerdo de los acontecimientos sagrados o la memoria de los santos como razón de ser de las fiestas.

12.- También resulta importante destacar que la reflexión y el debate sobre la legitimidad de la conquista y la posterior ocupación sentaron las bases futuras del derecho internacional.  El profesor Marciano Vidal observa que ya “en el siglo XVI se escribió un capítulo importante de una teología política de raíz evangélica, con sensibilidad hacia el otro (pobre, vencido, marginado…) y con pretensión de universalización” (p. 438).  Desde Salamanca, Francisco de Vitoria y su discípulo Francisco Suárez, extienden el derecho de gentes a las poblaciones indígenas y, al hacerlo, universalizan el concepto mismo de los derechos humanos, sentando las bases de una normatividad internacional moderna.

3.- Implicaciones éticas

13.- Las discusiones teológico-morales en torno a la llamada cuestión indiana significaron una nueva manera de pensar la política expansionista de los países poderosos, al introducir la idea del bien común internacional.   De la comprensión medieval del poder religioso (el papa) sobre las naciones paganas y de la soberanía imperial (el emperador) sobre el orbe católico, se pasó a planteamientos modernos basados en la racionalidad ética y en los derechos de los pueblos.

14.- Las bulas[1] alejandrinas (1493), otorgadas por el papa Alejandro VI a los reyes de España, conceden la autoridad y la posesión de las islas y tierras firmes descubiertas y por descubrir.  La doctrina vigente establecía el dominio del Papa sobre el mundo, más concretamente sobre el mundo de los infieles.  Este principio se basaba en dos fundamentos: (a) el carácter histórico que remitía a la donación de Constantino, y (b) el contenido doctrinal que se apoyaba en el poder vicario del Papa o en la entrega de las llaves que Jesús había transmitido a Pedro.  Sobre esa doctrina medieval de la potestad apostólica se apoyaban las intervenciones pontificias en relación con las tierras descubiertas.

15.- La teoría de la teocracia pontificia estuvo en el centro de las discusiones sobre la legitimidad ética de la conquista.  Por su condición de vicario de Cristo, el Papa podía hacer el reparto de las tierras no poseídas por príncipes cristianos.  A partir de estas bulas nacieron instituciones político-eclesiásticas que tuvieron por objetivo compaginar el bien de la evangelización (y los derechos de la Iglesia) con el derecho de conquista (y los intereses de la Corona).  Sobresale la institución del Patronato regio de América, administrado por el Consejo de Indias.  La Corona conseguía la administración de todos los diezmos eclesiásticos obtenidos en las Indias; como contrapartida, adquiría la obligación de la implantación del cristianismo en aquellas tierras.  Por razón de la evangelización era como la Santa Sede legitimaba la conquista.  La Corona, al apoyar la evangelización, obtenía no sólo la legitimidad internacional de la conquista, sino también otros beneficios: la recaudación de los diezmos y la provisión de cargos eclesiásticos.

16.- El debate en torno a la justificación ética de la conquista tuvo defensores y detractores.  Así, en 1510, el teólogo Juan Mayor, escocés que enseñaba en la Universidad de París, defiende la legitimidad moral de la conquista de América.  En su Comentario al libro II de las Sentencias (distinción 44, cuestión 3), defiende la tesis de que el Pontífice, como Vicario de Cristo, tenía el poder de otorgar el derecho de conquista de reinos paganos a monarcas cristianos, como también el derecho de hacer esclavos como consecuencia de esa guerra justa.  Además, afirmaba que “en aquel pueblo del otro lado y más allá del Ecuador viven bestialmente y viven hombres muy feroces”; añadiendo que unos son por naturaleza siervos, otros libres, y, por tanto, es justo que uno sirva al otro que sea libre, además resulta conveniente que obedezca ese imperio, porque es innato dominar.

17.- Pero, por otra parte, Francisco de Vitoria (De indis, 1539) critica el discurso el universo ideológico medieval mediante el rechazo de la concepción piramidal de la sociedad, cuyo vértice es el emperador; la visión sacral de la historia, cuyo guía y garante es el Papa; la obligación de creer a la fuerza, vinculando el Evangelio a la violencia; la imposición a todos los humanos de una ética propia de un determinado credo religioso; la confusión de los intereses económicos y políticos con una pretendida neutralidad frente a la libertad de otros; la visión providencialista de la historia unida a la creencia de la elección mesiánica de un pueblo determinado.  Esta postura tuvo gran impacto, pero el 10 de noviembre de 1539 el emperador Carlos V prohíbe la circulación de los escritos de Vitoria.

18.- Conocida es la figura de Bartolomé de Las Casas que en su Apología (1553) a favor de los indígenas y en contra de la conquista española, establece que los indígenas no son esclavos ni bárbaros por naturaleza; los amerindios no están sometidos a la jurisdicción ni del Papa ni del emperador, y por eso no pueden ser castigados por los pecados contra naturaleza; la guerra no es medio adecuado para hacer desaparecer los sacrificios humanos ni el canibalismo, prácticas que desaparecerán cuando se haga patente y prevalezca la religión cristiana; la guerra no es instrumento válido para el anuncio del Evangelio.  Aún más, Bartolomé de Las Casas afirma que los indígenas tenían legitimidad para hacer la guerra a los españoles por las agresiones y las atrocidades de los conquistadores.

19.- En el fondo, el debate constituyó la orientación ética de la modernidad.  Por una parte, se proponía incluir a todos desde la perspectiva de la igual dignidad de cada ser humano; por el contrario, los defensores de la legitimidad de la conquista mantenían una sociedad moderna basada en la aceptación de la desigualdad natural (ley natural).  Por consiguiente, la discusión sobre la legitimidad ética de la conquista tiene un notable interés histórico: (a) el solo hecho de cuestionar una práctica expansionista de tanta envergadura; (b) se desmontó la cosmovisión sacral (el poder omnímodo del Papa) e imperial (el emperador como cúspide y el garante del orbe) y comenzar a pensar otra cosmovisión basada en la razón compartida por todos; y (c) el derecho de gentes medieval dio lugar a un derecho internacional.  Así, en el siglo XVI se escribió un capítulo importante de una teología política de raíz evangélica, con sensibilidad hacia el otro (pobre, vencido, marginado…) y con pretensión de universalización.

20.- La ética cristiana, en el tiempo de la conquista, fue la conciencia crítica y en la etapa de la colonización constituyó un frente de lucha por la justicia: (a) denunciando las injusticias cometidas por los conquistadores y colonizadores contra los nativos, especialmente la denuncia del grupo de dominicos durante el sermón navideño en Santo Domingo, 1511, destacando la figura de Antonio Montesino: “¿No son hombres? ¿No tienen ánimas racionales? ¿No están obligados a amarlos como a ustedes mismos?... Tengan por cierto que, en el estado en que están, no pueden salvarse tal como los moros o turcos que carecen y no quieren la fe de Cristo” (p. 114); (b) proclamando la dignidad humana del amerindio (su condición plenamente humana) y sus consiguientes derechos inalienables; y (c) propiciando la creación de leyes y de instituciones que favorecieran la práctica efectiva de la justicia.

21.- El 23 de noviembre de 1504, la reina Isabel la Católica dejó firmado el “codicilo”, recordando a su esposo Fernando y a su hija heredera Juana que respeten la finalidad por la cual les fueron concedidas por el Papa las tierras recién descubiertas, es decir, la extensión de la fe cristiana mediante la evangelización; y con respecto a los amerindios deja establecido que “no reciban agravio alguno en sus personas ni en sus bienes, mas manden que sean bien y justamente tratados, y si algún agravio han recibido lo remedien y provean por manera que no se exceda en cosa alguna lo que por las bulas apostólicas de dicha concesión nos es infundido y mandado” (pp. 117-118).  Así, se elaboraron posteriormente las leyes indias, pero el hecho se impuso al derecho, con la inevitable consecuencia de la injusticia y la violencia.  La ley se obedece pero no se cumple.  El hecho fue que se necesitaban los indios para la explotación de las minas que requería una mano de obra abundante y barata, y esto dio la imagen del colono propietario y el indio explotado.

22.- Las dos posturas pastorales en torno a la propuesta de la evangelización tuvieron consecuencias éticas directas, ya que (a) la evangelización por conquista establecía que la conquista armada precede la evangelización, de tal modo que la conversión estaba estrechamente ligada a la coacción o imposición; y (b) evangelización pacífica entendía la promoción del Evangelio mediante la predicación, la conversión y el bautismo, respetando la libertad del indígena.

23.- Francisco de Vitoria fue un fiel exponente de la evangelización pacífica: “Lo mejor es continuar la costumbre de la Iglesia, que nunca obliga a los paganos a que abracen la fe, siempre que entendamos que estas leyes no se promulgan porque en sí mismas no sean lícitas, sino porque no son convenientes, según la sentencia del Apóstol: Todo me es lícito, pero no todo conviene (1 Cor 6, 12)”[2].  Sin embargo, entre las posturas de la evangelización pacífica y la de la evangelización tutelada por las armas, la práctica de la primera fue muy minoritaria y prevaleció la segunda, tutelada por el poder de la conquista y posteriormente de la colonia.

24.- Una forma de evangelización pacífica fueron las reducciones jesuitas del Paraguay.  Las reducciones eran concentraciones de indígenas de una región determinada en uno o más poblados administrados según pautas occidentales.  Las más conocidas son las reducciones guaraníes, pero no eran las únicas.  Estas reducciones aseguraban la defensa de la libertad de los indígenas, y la promoción cultural, organización social y económica, los cuales se conseguían mediante la creación de una comunidad indígena civilizada, la identidad cultural, y la economía acomodada.  Conocidos son los resultados alcanzados en la promoción artística (especialmente en lo musical y pictórica).

25.- En Chile habría que destacar la figura del sacerdote jesuita Luis de Valdivia s.j. (Granada, 1560 – Valladolid, 1642), quien fue uno de los precursores en Chile del principio de evangelizar la cultura[3], al sostener que la frontera del Bío Bío podría evitar la guerra.  En esa época existían dos posturas: (a) una partidaria de la guerra, de la esclavitud del indígena (guerra ofensiva), y (b) la otra era partidaria de fijar una frontera y sólo considerar lícita una guerra defensiva (si fueran atacados), aplicable a ambos (españoles e indígenas); así, una pretendía anexar la Araucanía por las armas, la otra respetar una línea de la frontera.

26.- Las incursiones del indio de guerra en la frontera y la codicia de los soldados por la captura de “piezas” para venderlos como esclavos fueron factores negativos para alcanzar la paz.  Luis de Valdivia s.j. sostenía que la esclavitud de los indios les generaba la agresividad contra los soldados, y, por tanto, consideraba la rebelión araucana como justa porque reaccionaba frente a la tiranía del gobierno español, que amparaba y fomentaba la injusticia del servicio personal.  Por tanto, la paz no debiera llegar a través de las armas, sino por la erradicación de la explotación social que generaba la violencia, que era violencia legítima.

27.- La cuestión sobre la esclavitud de los amerindios estuvo vinculada al discurso sobre la licitud de la conquista de las tierras recién descubiertas, ya que por el título de la guerra se podía hacer esclavos.  Además, algunos consideraban que los nativos vivían como bestias.  A esta tesis se opusieron Bartolomé de Las Casas y los teólogos mayores de la escuela de Salamanca.  Vitoria se niega a incluir a los indígenas en la visión aristotélica de que sean por naturaleza siervos y no tengan dominio ni de sí ni de sus cosas.

4.- Elementos para el discernimiento

28.- La bula Sublimis Deus (1537) de Paulo III declaraba a los amerindios seres humanos completos y aptos para recibir la fe y, por tanto, de ser protegidos en su dignidad de personas.  En el breve Pastorale officium (Paulo III, 1537) se encuentra una condena con pena de excomunión: prohibición, bajo pena de excomunión de sentencia pronunciada, a todos y cada uno, sea cual fuere su rango, que se atrevan a reducir a esclavitud a los indios mencionados, del modo que sea, o a despojarlos de sus bienes”.

29.- Sin embargo, como confesó el episcopado latinoamericano reunido en Aparecida (2008): Desde la primera evangelización, la Iglesia “escribió páginas de nuestra historia de gran sabiduría y santidad.  Sufrió también tiempos difíciles, tanto por acosos y persecuciones, como por las debilidades y compromisos mundanos e incoherencias, en otras palabras, por el pecado de sus hijos, que desdibujaron la novedad del Evangelio, la luminosidad de la verdad y la práctica de la justicia y la caridad” (No 5).

 

 

 

[1] La “Bula” es un documento pontificio sobre determinados asuntos de importancia dentro de la administración eclesial e incluso civil.

[2] Obras de Francisco de Vitoria, Edición de T. Úrdanoz, Madrid, 1960, pp. 1057.  Cf. Páginas 158 – 160 del libro del Profesor Marciano Vidal.

[3] Se le considera un gran conocedor de varias lenguas indígenas americanas.  Entre sus obras se puede destacar: "Arte y gramatica general de la lengua que corre en todo el Reyno de Chile : con un vocabulario, y confessionario"; "Confessionario breve en la lengua del Reyno de Chile, provechoso para confessar a los Indios de Chile y otras personas"; "Sermón en lengua de Chile: de los mysterios de nuestra santa fe catholica, para predicarla a los indios infieles del reyno de Chile, dividido en nueve partes pequeñas, acomodadas a su capacidad"; "Otras tres gramáticas, con sus respectivos diccionarios de las lenguas huarpe, alenciaca y milcaya".

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