Los ejercicios espirituales y el discernimiento: Primer preferencia apostólica universal

Publicado: Segunda, 06 Mai 2019
1
2
socialshare
0
s2sdefault

A principios del mes de febrero de este año 2019, el Padre General publicó las preferencias universales apostólicas para los próximos 10 años. La primera de ellas: Mostrar el camino hacia Dios mediante los Ejercicios Espirituales (EE.EE.) y el discernimiento. Esta toca directamente al servicio que prestamos los centros de espiritualidad, pero vemos como muy necesario escuchar a hermanos y hermanas de diferentes sectores sobre este tema. Así que nos dimos a la tarea de pedir la opinión de varios de ellos, reunirlos, y publicarlos aquí reunidos en el artículo mensual como un "caleidoscopio" de comentarios sobre la primera preferencia apostólica universal.

A los colaboradores de este artículo les hicimos la siguiente pregunta:

Desde/en las particularidades de tu sector, y partiendo de las resonancias que la primera prioridad ha producido en ti, ¿cómo se podría mostrar el camino hacia Dios a través de los EE.EE. y el discernimiento?

En sus respuestas se transparenta la diversidad de sectores apostólicos y realidades culturales en los que servimos, y se transparenta un doble reto. Por un lado, la pastoral de la espiritualidad se ve retada a ser más creativa, adaptada y en diálogo, enriqueciéndose en el encuentro con otras espiritualidades, cosmovisiones, culturas y subculturas, y exigiéndose responder a nuevas necesidades. Por otro lado, los diferentes servicios que prestamos se ven retados a ir más a fondo y preguntarse cómo ofrecer desde su trinchera lo que San Ignacio consideraba lo mejor que la Compañía (y quizá el mundo ignaciano) tiene para ofrecer: la experiencia de los ejercicios espirituales y el discernimiento.

Agradecemos a todos los que colaboraron con este esfuerzo. Dejémonos mover por sus voces, sigamos hablando sobre esta preferencia, y así hallemos cómo compartir mejor la Espiritualidad Ignaciana y desde ella atender las otras preferencias universales.

Jorge Ochoa, S.J.

Franz Bejarano 
Jesús de Machaca - La Paz, Bolivia, Red de Solidaridad y Apostolado Indígena

En las comunidades indígenas hay una gran riqueza espiritual unida a su cosmovisión. En todos los actos de la vida se busca un equilibrio entre la Divinidad, los hombres y la naturaleza. La adaptación de los EE. EE. a la cosmovisión de los pueblos indígenas debería considerar la inclusión de signos y prácticas espirituales propias de su cultura. Desde su experiencia de fe pueden aportar y enriquecer los EE.

El discernimiento como un hábito nos invita a buscar el dialogo entre las espiritualidades cristianas y/o ignaciana y las originarias; para fecundarse mutuamente. “Fe en diálogo con otras religiones y otras culturas”. Lo que los pueblos indígenas pueden aportar es su manera de vivir la fe desde la comunidad y en referencia a la comunidad. Esta práctica o manera de ver se va perdiendo poco a poco en el mundo occidental convirtiendo cada vez más la fe en tema personal y privado. Los pueblos indígenas viven su fe en comunidad.

 

Roxana Gutiérrez Suárez

Delegada del Sector Parroquias de la CPAL

Dentro de la difusión y el cultivo de la fe que se hace en las parroquias, está faltando visualizar la parroquia como un centro de espiritualidad. De manera que se ofrezcan talleres de oración abierta a los feligreses nuevos, Ejercicios Espirituales al consejo parroquial, catequistas y demás grupos.

Lo importante de la metodología ignaciana es que la propuesta, cuando se la hace bien, deja al participante con su creador, siendo capaces de discernir los mejores caminos para su encuentro con Dios.

 

Javier Cortegoso Lobato

Coordinador de la Red jesuita latinoamericana para migrantes

Creo que es necesario generar espacios de discernimiento, de oración, personal y comunitaria, entre los medios de nuestra red, pues las preferencias no son algo que se pueda trasladar inmediatamente a un plan, proyecto y estrategia, sino que son una llamada más profunda. Más aún cuando la primera preferencia invita a una mirada integrada. Necesitamos profundizar, casi como primer paso, sobre las preferencias y sobre lo que vamos entendiendo que el buen espíritu nos quiere decir a través de esta nueva propuesta y dejar que eso permee profundo en nuestros corazones como miembros de la red y como equipos. Dejar que eso vaya trabajando por dentro y profundizando en el conocimiento y en el afecto para dejar que naturalmente vayan produciendo efectos. Así, la primera cosa que considero necesario hacer en cuanto a la primera preferencia universal sería dedicar tiempo para el conocimiento y enamoramiento de todas las preferencias.

La segunda cosa a hacer, pensando en los equipos y colaboradores, sería proponer la experiencia de ejercicios espirituales. Aunque no es la finalidad de la primera preferencia sí es un medio, de la Compañía y muy ignaciano, para profundizar en la contemplación de uno mismo y el mundo y entender y gustar lo que Dios nos está pidiendo hacer. Promover, facilitar y buscar la manera de que una mayor cantidad de gente pueda tener y renovar su experiencia de ejercicios, o incluso en muchos casos tenerla por primera vez. Hay que dejar y confiar en que eso irá actuando en nuestros corazones y luego en nuestra cabeza y en nuestras manos, creando un espacio de transformación.

La tercera cosa tiene qué ver con la acogida espiritual de los hermanos migrantes. Es necesario prestar atención y centrarnos en esa dimensión que en el acompañamiento es clave, pues en el fondo es un encuentro con y desde las interioridades de las personas que migran. Éstas pueden vivir distintas espiritualidades, distintas experiencias de Dios y creencias, pero tienen una búsqueda, un fondo y una necesidad de encontrar sus fuentes de vida, de ser acompañadas en ese sentido, y de encontrarse con otras personas que también lo están buscando.

En resumen, en la red intentaríamos hacer tres cosas: primero dedicar el tiempo que merecen las preferencias para un conocimiento, enamoramiento y de lo afectivo pasar a lo efectivo, no precipitando, sino decantando; segundo, promover la experiencia de ejercicios al mayor número de personas posible y, tercero, cuidar e introducir l práctica del acompañamiento y acogida espiritual en las personas migrantes forzadas, como una experiencia que no en todos los lugares donde estamos está presente como sería menester.

 

Juan Ochagavia, SJ

Escritor, y formador del Centro interprovincial de formación Pedro Fabro, Bogotá

"La primera prioridad me produce una alegría enorme. Los Ejercicios como camino hacia Dios siguiendo a Jesucristo es lo que más necesita nuestro mundo actual, distraído en mil cosas y falto de brújula. Esto nos pone en continuidad con Ignacio y sus primeros compañeros, cuyo ministerio básico eran los Ejercicios. Hemos de entender éstos en toda su variedad de formas, según las necesidades de las personas y lugares. Darlos y recibirlos es fuente de consolación, que tendrá fuerte impacto en la renovación de la Iglesia y de nosotros mismos".

"La primera preferencia apostólica me llena de alegría. Es clara, directa y va al hueso de lo que necesitamos hoy en nuestra cultura de la idolatría o, si se prefiere, de la increencia. Vivimos situaciones similares a las de Ignacio y sus primeros compañeros, los cuales evangelizaron Europa y el mundo por medio de los Ejercicios, tomados en toda su variedad de formas y maneras de proponerlos.

Hoy se necesita que los cristianos seamos discípulos misioneros de Jesucristo, conducidos por los impulsos del Espíritu. Personas capaces de discernir en Dios su vida y sus llamados a la acción. Esta primera preferencia responde plenamente a esta necesidad.

 

Pedro A. Reyes, S.J.

Asistente de formación, Provincia de México

A mí me suena muy importante la idea de camino, para el sector de formación. Es importante que vayamos pensando en ese camino y tratemos de ponerlo en términos de un proceso continuo de crecimiento, marcado por experiencias e interpretaciones de las experiencias, que permiten ir creciendo en sentido y en profundidad de nuestra experiencia de Dios. Es decir, creo que el asunto de la formación es precisamente ir compartiendo mistagógicamente lo que los ejercicios pueden significar en nuestra vida: recuperando las experiencias propuestas ahí y las anotaciones que Ignacio propone, no como si fueran propias solamente de un tiempo de retiro, sino como pistas de camino e indicadores que permiten hacer una lectura continua de nuestra vida (así entiendo el trabajo de discernimiento).

Este recontar la vida desde esa clave permite también proponer la vida como acompañada, en primer lugar, por Jesús, por el Espíritu y el Padre que siguen en nosotros su dinamismo creador y redentor. Creo que es importante para todas las personas, pero en especial para los jesuitas en formación, descubrirse como participantes en esa actividad de comunicación trinitaria y en el dinamismo que así se genera, para no creerse meramente agentes de trabajo (inclusive del trabajo de Dios) pero no también sus destinatarios. Necesitamos ayudar a descubrirnos agraciados por Dios (lo que es común en la primera experiencia vocacional) pero también capaces de mantener y tener conciencia del crecimiento de esa gracia en nuestro camino como jesuitas. Y ahí es fundamental el buen acompañamiento espiritual, que recibe las mociones que presentamos, pero también nos reta para descubrir lo que la gracia trinitaria nos está proponiendo vivir ahora. Me parece que eso es fundamental. 

 

Juan Callejas Báez, S.J.

Tercer año de Lic. en filosofía y ciencias sociales

Apostolado: Pastoral migratoria Guadalajara.

En mi experiencia personal y por medio de lo compartido de mis hermanos jesuitas y laicos, los ejercicios espirituales son una metodología que facilita el encuentro con el Señor Jesús. Los ejercicios espirituales posibilitan adentrarse en lo privado de la consciencia y releerla desde la mirada de Dios. Es un método que permite el autoconocimiento, pausado, sin prisa por medio de la oración mental y el discurrir muchas veces en los pensamientos y sentimientos, y detenerme particularmente en aquellos que determinan mis decisiones más vitales. Los ejercicios espirituales permiten aquellos que los practicamos reordenar la vida, no desde una ascesis rígida y auto centrada, sino desde la mirada compasiva y misericordiosa del Señor Jesús. 

El discernimiento se desarrolla dentro de la experiencia espiritual de los ejercicios, lo que sentimos y nos provoca la oración y el silencio lo tenemos que discernir, para encontrar la fuente de la que emana y así encontrar la voluntad de Dios. El discernimiento anclado en los ejercicios nos permitirá en diversos momentos de la vida, ir a nuestras mociones y sentimientos para que en la diversidad de conjeturas en las que podamos encontrarnos, tratemos de encontrar la voluntad de Dios. Los ejercicios espirituales y el discernimiento deben mostrarse como el aporte más auténtico de la Compañía de Jesús a la iglesia. Ignacio de Loyola propuso en la fórmula del instituto que el jesuita debía ayudar a la salvación de las almas. Considero que un buen camino para esta salvación consiste en acercar a los hermanos a escuchar la voluntad de Dios y mediante esa voluntad encuentren vida y vida en abundancia.

Finalmente, considero que los ejercicios espirituales y el discernimiento deben seguir promoviéndose entre los laicos, vida religiosa y clero secular de manera creativa respondiendo a los retos sociales actuales. La CG 35 dijo que el jesuita debe vivir enraizado en Dios en el corazón del mundo, y esta experiencia de salida al mundo se dará después de una profunda experiencia espiritual en la que se encuentre el hombre con Jesús. Así, la contemplación para alcanzar amor promoverá la construcción de un mundo más humano y más fraternizado. Para concluir, creo que los ejercicios y el discernimiento tienen también que promoverse entre sectores populares que difícilmente pueden acceder a los centros de espiritualidad debido a los costos, hay que ser creativos y evitar crear un exclusivismo ignaciano. Los ejercicios espirituales y el discernimiento son para cristificar a la iglesia y a la humanidad.

 

Vinicio Morales, S.J.

Director de ICECEFAS, Guatemala

En principio desde el Instituto Centroamericano de Espiritualidad ICECEFAS de la Provincia de Centroamérica, hemos estado claros de que los Ejercicios Espirituales se vuelven una experiencia fundamental no sólo en la armonía interior de la persona, sino en su búsqueda de la voluntad de Dios y, como fruto de esa búsqueda, en el deseo de transformar la realidad. En ese sentido, considero que el camino lo hemos planteado desde la propia identidad de nuestro Centro. No realizamos ninguna experiencia de EE. sin que tenga un fuerte componente de conocimiento y crecimiento personal reflejado en Talleres de Crecimiento Personal, de Eneagrama, de Afectividad y Sexualidad, de Sueños, de Bioenergética, etc. Y por otra parte no se ofrece dicha experiencia sin que tenga también un componente fuerte de la práctica del discernimiento.

Pero también no dejamos al margen la dimensión social, propia del camino seguido por Ignacio y que se desprenden de la vivencia de los EE.

Consideramos que a la pregunta le faltaría el componente del compromiso histórico y social, fruto de esa búsqueda de Dios, que al final es el mismo proceso que ha seguido Ignacio:

Enfoque humano-espiritual-histórico del ICE: Peregrinaje personal de Ignacio de Loyola

 

Hernán Hidalgo G., S.J.

Profesor de Nuevo Testamento en la Facultad Eclesiástica de Ciencias Filosófico-Teológicas de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE).

Me parece que cualquier persona puede hacer los EE., ya que toda persona tiene una experiencia de Dios. Lo importante es que quien haga los EE. y quien los dé partan de la experiencia de Dios en su vida. Que el Ejercitante experimente el amor de Dios que se ha manifestado en su vida a partir de hechos y personas concretas. Y a partir de esta experiencia, como el principio y fundamento de su existencia, el Ejercitante puede llegar a tener la conciencia de pecado y el seguimiento de Jesús como norma de su existencia. Y esta experiencia de Jesús le llevará a experimentar el Dios revelado por Jesús: El Dios de la misericordia y del perdón.

Otro punto importante en la experiencia de los EE. es que el Ejercitante entra en una dinámica de discernimiento del paso de Dios en su vida. Para esto ayuda los exámenes de la oración y el examen del día. Esta capacitación para la captación del paso de Dios en la vida del Ejercitante se da en el diálogo con el Ejercitador, por eso mientras más personalizados son los EE., me parece que pueden cumplir con su objetivo que es llegar a una comunión con Dios en la vida de la persona.

 

Marco Tulio Gómez, S.J.

Secretario Ejecutivo de la Federación Internacional de Fe y Alegría

Llevo ya algún tiempo en Fe y Alegría; estuve como encargado de pastoral a nivel nacional en uno de los países de Centro América y ahí era más directo el servicio a través de los EE., en la pastoral, en los encuentros con los docentes, jóvenes niños y niñas, y también en algunas ocasiones con las comunidades con las que Fe y Alegría tiene contacto. A nivel federativo mi servicio es diferente, pero se percibe la necesidad de mostrar este gran tesoro de la Compañía de Jesús que es el discernimiento, y también el camino a través de los EE., este reconocernos como hijos e hijas de Dios que vamos caminando hacia el encuentro con el Señor.

No todos los días estamos hablando de los EE. en toda su extensión, pero todos los días tomamos decisiones. Por eso, uno de los elementos más importantes de nuestra espiritualidad que podemos animar a la gente a tomar en cuenta es el discernimiento. Yo me encuentro con la gente en diferentes países de la federación, y en las charlas siempre surge con los docentes o con los equipos administrativos la espiritualidad ignaciana, respetando siempre que en Fe y Alegría somos una pluralidad de carismas; aun así, siempre el saber elegir y aprender a escoger bien es un regalo que debemos estar siempre dispuestos a compartir.

 

Fernanda Falcone Pino

Coordinadora de la Oficina de Comunicación CPAL y de la Red de Oficinas Provinciales de Comunicación de la CPAL

A mí personalmente, que soy nueva en esto de la espiritualidad ignaciana, la primera prioridad universal se trata de hacer la espiritualidad ignaciana accesible a muchas personas y traducirla en un lenguaje y una forma que mucha gente la siga. Desde mi área de comunicación es una prioridad que requiere ser creativos. Requiere también ser empáticos con aquellos que necesitan la espiritualidad como una herramienta para su día a día y no lo saben, y que pueden tener dudas o rechazar la oferta de forma irreflexiva si llegamos de frente con la Escritura, o con una oferta demasiado religiosa para su capacidad de apertura. Hay quien ofrece EE.EE. a manera de consejos empresariales, o toma eficaz de decisiones, y sacan un gran provecho de la persona desde lo que ésta puede digerir, sin espantarla.

Esta mañana, en la reunión de redes de la CPAL, hicimos una oración que incluyó danza. Me gustó mucho, pues era un lenguaje no tan pasivo, que nos puso a bailar. Hay experiencias de ejercicios espirituales con mucho contacto con la naturaleza, también, por ejemplo. Dependiendo de su edad hay que “agarrar el gancho” de la comunicación, si son jóvenes, o si es familia completa, o si son los padres de familia, o adolescentes. La oferta de los ejercicios y el discernimiento necesita irse “empaquetando” de acuerdo a los destinatarios.

Yo veo necesidad práctica en la gente. Necesita aprender a discernir para tomar una decisión, pues no sabe cuál es el camino correcto. Necesita que la respuesta sea práctica y sencilla. En Argentina, en Casa Manresa hay unos stickers con unas ilustraciones que guían a la persona con unos pasos tan sencillos que digo ¡qué lindo! van explicándome paso a paso como hacerlo. Cuando uno está en el momento de turbulencia por supuesto que quiere discernir, pero necesita saber de forma sencilla y práctica cómo hacerlo.

 

Sergio Cobo, S.J.

Director de la Fundación Loyola en México; coordinador de la red Claver de la CPAL

La primera preferencia apostólica que nos mandó el General a mí me cayó muy bien, pero me ha desconcertado que algunos jesuitas y laicos han dicho que esa primera preferencia está muy trillada, o muy vaga. Tengo que decirlo, me da pena, pero los laicos me han dicho: ¡qué bueno, pero aplíquenlo! ¡qué bueno, pero promuévanlo! Hay mucha gente en las oficinas generales donde yo colaboro, 60 personas trabajando en enfermería, archivo, economato, curia. Creo que ni la quinta parte han hecho EE. ni están al tanto de lo que pasa con el movimiento espiritual de la Compañía. La primera preferencia universal mí me pareció muy bien porque hasta el Papa está de acuerdo conmigo cuando dijo “si no hacen eso todo lo demás no vale” [sic]. La verdad creo que nos urge a jesuitas y laicos, hay muchas incongruencias, mucho desgaste por relaciones personales manejadas poco maduramente, nos perdemos en detalles muy triviales, y no hay arraigo, raigambre. Con pena lo veo también en jesuitas jóvenes, inmaduros. Tomando en cuenta que la mayoría de la gente que trabaja con nosotros son jóvenes o de edad madura, nos urge hacer algo en serio y de muchos modos porque hay que cambiar el esquema de que hacen EE. los que pueden pagar. En fin, creo que esa primera preferencia hay que ponerla muy en serio porque, si no, lo demás no funcionará.

 

Marcelo Amaro, S.J.

Coordinador latinoamericano de juventudes y vocaciones.

Creo que la primera preferencia apostólica impacta a nuestras propuestas al mundo juvenil en la base. Los jóvenes, hombres y mujeres, están abriéndose al futuro con preguntas profundas como qué hacer en la vida, cuál es el sentido de la vida, por qué sentido me quiero jugar la vida, cómo aportar en este mundo, cómo gastar mi tiempo, etc. Esas preguntas se hacen los jóvenes hoy desde distintos lugares y contextos culturales. Nosotros, tanto desde los EE. como desde el discernimiento, el acompañamiento espiritual donde también se aprende a discernir, podemos darles herramientas para vivir eso en diálogo con Dios y también acompañarlos en un camino interior donde ellos mismos van a ir hacia lo hondo de su propia interioridad y tratar de responder desde ahí a sus preguntas. Me parece que, así como la tercera prioridad implica acompañar a los jóvenes a la creación de un mundo esperanzador, la primera preferencia apostólica es como la herramienta privilegiada que tenemos en nuestra espiritualidad ignaciana para acompañar a los jóvenes en ese camino que culmina siempre en la construcción de un mundo esperanzador. Tenemos un desafío grande en hacer llegar a los jóvenes la propuesta de los EE. con distintas ofertas que se adapten a las necesidades y a las realidades de los propios jóvenes. En mi experiencia pastoral dando EE. siempre es positivo lo que reciben los jóvenes y también cómo se involucran en la experiencia espiritual y en la experiencia de interioridad. Nosotros podemos hacer llegar la experiencia de los EE. de un modo más amplio, que sean más jóvenes, que todos los jóvenes puedan acceder a una experiencia de Dios y hacerse preguntas; que puedan contar con esta herramienta viniendo de distintos sectores sociales y culturales.  Nosotros podemos hacer llegar eso, tiene que ser un deseo que nos impulse a todos los que trabajamos con jóvenes y a todos los que trabajamos en la espiritualidad. Involucremos a los propios jóvenes en esto, porque algo impresionante y muy lindo es que los jóvenes son sujetos protagonistas de los caminos que nos juntamos a revisar. Es necesario involucrarlos en el diseño de la propuesta y en la realización de la misma. Cada vez más somos conscientes de que los jóvenes son fieles y que pueden tener voz, para enseñar a otros jóvenes. Es muy importante enseñar no sólo a algunos pocos que nosotros consideramos líderes, pensando que sólo ellos van a impactar en otros. Las culturas juveniles de hoy, con el papel de las redes sociales, nos enseñan que hay una dimensión mucho más grande, y que tenemos que brindar algo más democrático, algo que pueda hacer a todos protagonistas.

 

Ernesto Cavassa, S.J.

Coordinador AUSJAL

Uno de los privilegios de la vida universitaria es estar en permanente contacto con jóvenes que se encuentran en un periodo vital muy significativo: están tomando decisiones que marcarán, muy probablemente, el resto de sus vidas. ¿Debo y puedo continuar en la universidad? Si es así, ¿deseo hacerlo en la carrera profesional que he escogido al momento de ingresar o mejor trasladarme a otra? ¿consigo imaginar un futuro laboral que me deje satisfecho en la carrera elegida? ¿es posible proyectarla también como un instrumento de servicio y de transformación social y no solo como un recurso remunerativo? ¿qué sentido le quiero dar a aquellas horas de estudio en las que estoy invirtiendo tanto tiempo de mi vida?

El ámbito académico profesional no es, por supuesto, el único en el que se toman decisiones importantes en este periodo de la vida. En la mayor parte de los casos, es el momento de replantear el tipo de relación sostenida con la familia nuclear y especialmente con los padres. Es la etapa en que se consolidan relaciones de amistad y se exploran las de pareja. En un espacio de mayor autonomía personal, se hace posible también un mayor ejercicio de la libertad personal. Es el momento, por tanto, en que la conciencia de responsabilidad sobre las propias acciones emerge con mayor fuerza. Es el tiempo de salir de la burbuja, abrirse a otras realidades, a otras experiencias, a otros mundos. Todo esto vale también para el ámbito religioso, marcado cada vez más por una amplia pluralidad de expresiones, vínculos de pertenencia, grados y modos de participación. En una antropología abierta, la búsqueda de sentido y la apertura a la trascendencia aparecen como constitutivas del ser humano.

Los Ejercicios Espirituales y el discernimiento, de los que habla la PAU#1, surgen entonces como la respuesta propiamente ignaciana a quienes desean “buscar y hallar” algo que le dé sentido a su vida, una experiencia fundante, un “camino hacia Dios”. Un camino que será necesariamente inédito, único con cada persona, porque a Dios no le gusta repetirse.

No hay que olvidar que Ignacio, quien primero experimenta y luego formula los Ejercicios, es él mismo un caminante, o mejor, como prefería denominarse: un peregrino. Ignacio aprende en su recorrido espiritual que no somos nosotros los que decidimos ir al encuentro con Dios. Es Él quien nos encuentra en nuestro caminar y lo transforma en un peregrinar hacia sí mismo, hacia los demás, hacia la periferia de la humanidad. Por ello, la PAU#1 no se entiende sin las otras 3.

En una carta al P. Manuel Miona, Ignacio le decía que “los Ejercicios Espirituales son todo lo mejor que yo puedo en esta vida pensar, sentir y entender para que el hombre se pueda aprovechar a sí mismo y para poder fructificar y ayudar a otros muchos” (16 de noviembre de 1536). La vida universitaria puede ser un tiempo oportuno para ese encuentro con Dios y con uno mismo a través de los Ejercicios y del discernimiento. Por ello, nuestras Universidades no pueden dejar de ofrecerlos como “todo lo mejor” en medio de sus funciones sustantivas: lo docencia, la investigación, la incidencia.

El texto del P. General que promulga las PAU concluye lo referente a la primera con estas afirmaciones que hacemos nuestras para la vida universitaria: “Queremos compartir con otros el descubrimiento más fundamental de nuestras vidas, a saber, cómo el discernimiento y los Ejercicios Espirituales de San Ignacio muestran el camino hacia Dios. Porque lo necesitamos, queremos seguir la llamada a profundizar el conocimiento y la experiencia de la espiritualidad ignaciana. Lo queremos hacer desde una fe viva, encarnada y consistente, alimentada por la familiaridad con Dios, fruto de una vida de oración. Una fe en diálogo con otras religiones y con todas las culturas. Nuestra fe se realiza en obras de justicia y reconciliación porque viene del Crucificado-Resucitado y nos lleva a los crucificados de este mundo para ser portadores de esperanza en la vida nueva que nos regala el Señor. Una fe vivida en comunidad que se convierte en testimonio de Esperanza”.

+ Espiritualidad