Empieza la tarde en Tabatinga, la principal ciudad del Alto Solimões, en el estado brasilero de Amazonas, frontera con Colombia y Perú. **En las márgenes de esos arroyos y ríos vive buena parte de la etnia ticuna, la más grande de Brasil. Son 46.000 personas que residen en ciudades brasileras y en las márgenes de los ríos en territorios vecinos. La cercanía de las aldeas con el centro urbano de Tabatinga transformó las tierras de esos indígenas prácticamente en barrios periféricos.**

Sin embargo, no hay una integración de los ticunas al mercado de trabajo. La situación no es más fácil para los ribereños y blancos pobres. En 2002 la ciudad tenía 22.000 habitantes. Hoy, el Ejército sigue siendo el mayor empleador del municipio, con cerca de mil militares, seguido de otros órganos públicos. No hubo una expansión de labores ni llegaron inversiones productivas. Con todo, la ciudad tiene ahora 60.000 habitantes.

El IDH de Tabatinga es de 0.616, el más alto de la región del Alto Solimões. Este índice está basado en la esperanza de vida al nacer, el acceso al conocimiento y el nivel de vida. El promedio de los municipios del Alto Solimões es de 0.533, considerado bajo por las Naciones Unidas. Comparado con los promedios de favelas de Rio de Janeiro como Complexo da Maré (0.686) y el Morro Dona Marta (0.684) se trata de un índice muy bajo.

**La agricultura de Tabatinga no suple la demanda de restaurantes ni mini mercados.** Las hortalizas y verduras vienen del lado peruano. La comerciante y pequeña productora rural Dira da Silva Silfuentes, de 46 años, sugiere al equipo del reportaje una visita al barrio Santa Rosa, donde tiene cultivos y cría de animales. Dice que la comunidad está sufriendo por un basurero abierto por la propia alcaldía. Al día siguiente, fuimos al lugar, ubicado a diez quilómetros del centro de Tabatinga.

La basura de la ciudad es arrojada en un área que incluye lotes públicos y hasta calles del barrio. Una corriente de lixiviados, agua residual, baja por los arroyos Tacana y Umurutama hasta desembocar en el Solimões, a la altura de la comunidad indígena Belém do Solimões. **Los pequeños agricultores usan aguas subterráneas para sus huertas y animales.**

Marcelo Ticuna, niño de 9 años, disputa con indígenas adultos la mejor basura y las latas de aluminio vaciadas en Santa Rosa por comerciantes y funcionarios de la alcaldía. Su delgado cuerpo desaparece entre los revoloteos de los buitres, las curvas de la montaña de desechos, muebles viejos, chatarra, plástico y material en descomposición.

Rosa, la madre del niño, también trabaja en el basurero. Tiene problemas de presión y de tanto en tanto descansa en una carpa improvisada hecha de lona en donde también atiende a sus otros tres hijos menores. **La familia vive en Leticia, del lado colombiano. Llega a las 8 de la mañana al basurero y trabaja allí hasta las 5 de la tarde.**

Helena Januário Caetano, de 51 años e indígena de la Aldeia Umariaçu ubicada en el centro de Tabatinga, también llega temprano al basurero. Empieza sus labores alrededor de las 7 de la mañana. Su marido está enfermo y su único hijo, desempleado. Para ayudar en la manutención de la casa ella también poda lotes. Antonio Ticuna, de 40 años y padre de cinco hijos, es otro indígena que depende del basurero. “¿De dónde saco dinero para comer? A veces conseguimos 5 o 3 reales por día. Pero a veces tenemos que volver con hambre para la casa.”

+++ Sucia y violenta

En los tres primeros meses de 2015, nueve personas fueron asesinadas en Tabatinga. Fueron 17 los muertos el año pasado, 27 en 2013 y 47 en 2012. Según las cuentas de la Policía Militar 80% de los casos tuvieron que ver con narcotráfico, especialmente por ajuste de cuentas. “Cuando el comprador de estupefacientes no paga de contado pierde la vida”, dice el mayor Huoney Herlon Gomes, comandante del 8º Batallón de Policía Militar del estado de Amazonas, que responde por el Alto Solimões, un área habitada por 260.000 personas.“Aquí no hay robo. Hay crimen a cargo de sicarios financiados por el narcotráfico”.

**Hasta el año pasado no había cuerpo de bomberos en Tabatinga. Todavía no hay departamento de tránsito. La red de agua y alcantarillado es apenas un proyecto**. La ciudad está formada por caminos y calles atravesados por canales de desechos. “Este es un punto estratégico del Estado Brasilero” dice Herlon, “pero la economía no genera recursos para la alcaldía”.

Casas precarias son erguidas de la noche a la mañana. Una decena de ellas apareció en el medio de un arroyo que desemboca en el Solimões, en el barrio Dom Pedro. El agricultor Bernabé Oliveira, de 54 años, cuenta que vive en el barrio desde los años 90. Mientras muestra las casas levantadas por encima de las aguas cuenta que estas “Interrumpieron el curso del arroyo”.

**Con la crecida del Solimões el último mes de mayo, las aguas inundaron las viviendas y los habitantes tuvieron que dejarlas.** Para agravar el problema, la basura depositada en partes más altas del arroyo se represa en esas casas. “Todos los días llega gente para hacer su casa ahí. Generalmente peruanos. Ellos están atravesando la frontera porque el dinero de ellos se valorizó y el costo de vida aumentó.”

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+++ Líder Marubo dice que hay un genocidio silencioso


Uno de los principales líderes indígenas del Javari, Beto Marubo, de 38 años, afirma que el gobierno no se preocupa por hacer una política social que tenga en cuenta la realidad y el modo de vida de las aldeas. “Los programas sociales del gobierno están diseñados para personas que pasan hambre en las ciudades. Eso no ocurre en el Javari. Nosotros no aguantamos hambre dentro del territorio indígena. Pero entonces algún pariente sale de la aldea, viaja días o a veces más para recibir el beneficio en la ciudad y no siempre vuelve”, afirma. “Los parientes, muchos de ellos con un contacto reciente, están siendo inducidos por la ciudad, a causa de políticas públicas mal empleadas. Hay una atracción mortal.”

**La familia del indígena Narkoá Mayuruna, de 32 años, es un ejemplo. Después de siete días en una canoa con motor de baja potencia, él, su mujer Rosa de 29 años y la hija de la pareja de un año de edad llegaron a Atalaia do Norte el 15 de abril para sacar el dinero del Bolsa Familia y del auxilio de maternidad. La idea era volver enseguida, el día 20, a la Aldea Soles, en el Javari, después de obtener los beneficios. Pero el costo del viaje fue mayor de lo previsto y la familia tuvo que quedarse un tiempo más alojada en una gran carpa perteneciente a una secta evangélica hasta poder comprar la gasolina para el retorno. Dos semanas después, momento en que la redacción se fue del lugar, ellos todavía estaban en la ciudad.**

Beto también resalta que el gobierno está ausente en la aplicación de beneficios y en la mejoría de la salud y la educación dentro del territorio indígena. “Nuestros parientes están olvidados en las aldeas. Por eso, hay un éxodo fuerte hacia la ciudad. Las políticas sociales están lejos de donde deberían ser aplicadas, esto es, dentro de la tierra que logramos demarcar, en el pasado, con mucha lucha” resalta. “En 1996, antes de la demarcación, vivíamos acorralaos por madereros y cazadores. Ahora, son los problemas de salud y educación los que amenazan nuestro modo de vida. Hoy hay un genocidio silencioso en el Javari, pues hay muertes por falta de asistencia en salud y de políticas sociales que tengan en cuenta nuestras costumbres.”

Del 2002 para acá, rincones del Nordeste, del Centro Oeste y favelas del Sudeste cambiaron para bien. Es imposible negar la eficiencia del Bolsa Familia, un programa que cuesta poco, cerca del 1% del PIB, pero que fue capaz de sacar a millones de personas de la miseria. En el Alto Solimões, sin embargo, se tiene la impresión de que una política social mal aplicada tiene el efecto contrario. Es un asunto difícil para ser debatido, especialmente en un momento en que opiniones e ideas contra las minorías étnicas y los pobres en general ganan fuerza.

**La llegada del PT (Partido de los Trabajadores) al poder se daría con una inclinación de éste hacia el desarrollismo y hacia la implantación de una fuerte política social.** Las inversiones en la reducción de la pobreza, sin embargo, tuvieron en cuenta sólo las experiencias de movimientos sociales de las metrópolis de los grandes estados. Las recetas aplicadas por gobiernos de izquierda en las periferias de Sao Paulo, Belo Horizonte o Porto Alegre fueron aplicadas sin adaptación alguna en la selva. No hubo lideres destacados de la Amazonía para hacer una contraparte, ya que la mayoría de las veces los nombres de la izquierda en la región solo ganaron proyección nacional en casos límite. Chico Mendes, Raimundo Ferreira Lima y Dorothy Stang, por ejemplo, pasaron a tener “influencia” después de haber sido asesinados.

++++ Video: [https://youtu.be/Y_biIzBcacI]
Fuente: Estadao