El Mes Arrupe es una experiencia formativa que tiene el propósito de brindar a los escolares jesuitas que culminan la formación teológica, una vivencia cercana y profunda en aspectos centrales del Sacerdocio en la Compañía de Jesús.

La experiencia del Mes Arrupe 2020-2021 comenzó oficialmente el 18 de diciembre de 2020, bajo la coordinación general del P. Miguel Martins (BRA). Durante los últimos siete años, esta experiencia se realizó en El Salvador, pero este año, debido a la pandemia, tuvimos que hacer ajustes y nos organizamos en dos grupos: diez estudiantes en Brasil y doce en Colombia.

En Brasil, el grupo se reunió en la Casa de Retiro de ETE-FMC, en Santa Rita do Sapucaí/MG, y en Colombia, cada etapa del programa se desarrolló en ciudades diferentes: Bogotá, Fusagasugá y Manizales. La programación del Mes, en general, consta de dos talleres sobre temas relacionados con el ministerio sacerdotal y se concluye con la experiencia de los Ejercicios Espirituales.

El taller sobre afectividad y sexualidad se llevó a cabo de forma virtual entre los dos grupos a partir de la propuesta del padre Kevin Flaherty (PER / UMI). El taller sobre sacerdocio fue de forma presencial bajo la responsabilidad de cada equipo local; así un grupo realizó este taller en Bogotá bajo la coordinación de Arturo Guerra (COL) y Uriel Salas (COL), y el otro se llevó a cabo durante la semana entre Navidad y Año Nuevo, con la colaboración de Jair Barbosa (BRA), delegado para la Formación, y Carlos Cervantes (MEX), nuevo Rector del CIF de Belo Horizonte.

Los dos talleres fueron una oportunidad para transparentar la vida afectiva y para ahondar en el significado del ministerio sacerdotal al estilo de la Compañía de Jesús. Los Ejercicios Espirituales, última etapa de la experiencia, se realizaron entre el 2 y el 12 de enero acompañados por Juan Miguel Zaldua y Arturo Guerra en Colombia, y por Carlos James dos Santos (BRA) y Miguel Martins (BRA) en Brasil.

A continuación, un relato de lo que fue la experiencia escrito por Rodrigo José Pinto (MEX)

 

Mi mes Arrupe 

Arrupe soñaba que esta experiencia ayudara a los jesuitas a tomar una decisión definitiva de cara a la ordenación sacerdotal, con la mayor claridad y libertad posibles. Eso fue lo que él escribió en una carta de 1979 y este año agradezco que la experiencia fuera motivo para sentir que el sueño de Arrupe se sigue cumpliendo.

Los talleres de afectividad y sacerdocio, junto con los 10 días de ejercicios espirituales, fueron una gran oportunidad para agradecer lo vivido en este camino vocacional y para enfocar los deseos a lo más importante: el seguimiento de Jesús pobre encarnado en las periferias del mundo.

Delante de mis iniciales deseos de ganar libertad, de tener mayores certezas y de crecer en disponibilidad para ofrecerme como sacerdote para este mundo fracturado, encontré dos grandes y contundentes frutos en este mes, principalmente en el retiro de silencio. El primero fue sentir la convicción de que el vínculo íntimo con Jesús es lo que posibilita el verdadero servicio fructífero por el Reino y mi verdadera plenitud. Fueron relevantes la meditación del rey Eternal [EE 91] con el llamamiento caracterizado por el “conmigo, contento y trabajando”, y también fue significativo el constante pedido de Ignacio para “conocer internamente a Jesús”; resonaron aquellas íntimas palabras de Jesús para sus amigos en la última cena de despedida cuando les dice “permanezcan en mi amor y darán fruto” (Jn 15). La eficacia de cualquier decisión sólo será evangélicamente fructífera, para mi y para los otros en la medida en que esté íntimamente vinculada con Jesús y el Reino.

El segundo fruto fue percibir que el deseo de Ignacio de vivir la indiferencia para sólo desear y elegir lo que más lo conduzca a Dios, [EE23] estaba subordinado al deseo de pedir vivir aquel “loco” tercer grado de humildad en la identificación con Jesús pobre (y los pobres). Aquí Ignacio me llevó a recordar y contemplar cómo Dios no sólo se hizo hombre en Jesús sino hombre pobre para los últimos de la historia.

Todo esto me ayuda a “reflexionar para sacar provecho” [EE 106] y afinar no sólo mi decisión de ser sacerdote sino cómo serlo y para quién serlo.

 

Oficina de Comunicación CPAL