Gerald El’Collins nació en Australia en 1931, entró hacia la Compañía de Jesús en 1950 y comenzó a enseñar Teología Fundamental y Sistemática en 1968. Fue autor o coautor de 62 libros, entre los cuales destacamos “Christology: La Biblical, Historical, and Systematic Study of Jesus Christ” (1995) y “Jesus: La Portrait” (2008), además de incontables capítulos de libros y artículos. Él enseñó en las mayores instituciones teológicas católicas en el cuatro continentes, habiendo trabajado por tres décadas en la Pontificia Universidad Gregoriana, en Roma. El segundo volumen de las memorias de El’Collins, intitulado “On the Left Bank of the Tiber” [Al margen izquierdo del río Tibre], celebra años que pasó en esta universidad y su vocación como académico católico y teólogo.

En el prefacio de su libro, El’Collins escribe que muchos de los que no viven en Roma tienen la impresión de que un académico que vive en esta ciudad o está prisionero en un “gueto clerical” o que está cuidándose “todo el tiempo con la policía vaticana de la verdad que amenazadoramente cae sobre él”. Aunque el tramo del capítulo abajo transcrito venga a narrar un episodio de aquello que El’Collins llama de “el lado sombrío de Vaticano y sus autoridades”, él escribe en el prefacio lo siguiente: “Yo encontré en Roma un ambiente como mínimo tan libre y feliz para la enseñanza cuanto aquel que vivencié en América del Norte, en las Islas Británicas, en Australia y en otras partes del mundo”. Aquí el artículo.

La primera vez que me encontré con el teólogo [jesuita] Jacques Dupuis (1923-2004) fue en el inicio de 1974, ocasión en que nos quedamos en una facultad teológica jesuita (St. Mary’s, en Kurseong) en el norte de la India, prójimo la Darjeeling, donde había enseñado teología desde 1959. Una fuerte amistad fue forjada entre nosotros; solía llamarlo “el Jim”. Él pareció gustar de la experiencia y en 1984 se juntó a la nuestra facultad de teología. Dupuis rápidamente dejó su marca como un profesor de primera línea. Por 10 años (1985-1995) actuó como consultor oficial en la Pontificio Consejo para el Diálogo Inter-Religioso y desempeñó un papel fundamental en la elaboración del documento producido junto a la Congregación para la Evangelización de los Pueblos titulado “Diálogo y Misión” (mayo de 1991). Este documento fue novedoso al reflexionar sobre la relación con otras religiones y la misión cristiana de proclamar Jesús Cristo.

Su obra “Toward Christian Theology of Religious Pluralism” [Para una teología cristiana del pluralismo religioso] apareció casi simultáneamente en inglés, francés e italiano en el fin de 1997; después de vinieron traducciones para el portugués (1999) y para el español (2000). Incontables reseñas fueron hechas en inglés, francés e italiano; la primera – una reseña bastante positiva – vino en 22-11-1997, publicada en el periódico Avvenire, de los obispos italianos.

En la Pascua de 1998, una crítica apareció en la forma de un artículo muy negativo publicado en este mismo periódico, en su edición de 14 de abril. Más tarde Dupuis vendría a saber que alguien en Vaticano había encomendado esta publicación. La Congregación para la Doctrina de la Fe entró en acción; fuertes críticas fueron hechas contra el libro [en la congregación doctrinal en 30 de marzo y en 4 de abril]. En una reunión de la Congregación para la Doctrina de la Fe, donde se encontraban algunos cardenales – algunos de los cuáles posteriormente admitieron que nunca habían leído el libro de Dupuis –, se votó contra el libro. Pero Dupuis no sabía de nada a la época.

El 2 de octubre del 1998 Dupuis fue sorprendido con una comunicación que llegó hasta él por la vía del Superior General jesuita, Pe. Peter-Hans Kolvenbach. Un documento de nueve páginas desarrolló 14 tesis desafiando el libro “Toward Christian Theology of Religious Pluralism”. La página inicial explicaba que la Congregación para la Doctrina de la Fée había encontrado en la obra de Dupuis “graves errores o ambigüedades doctrinales sobre las doctrinas de lo divino y de la fe católica concernientes a la revelación, a la soteriología [la enseñanza de la salvación], a la cristología y a la trinidad”. La página finalizaba presentando varias “afirmaciones peligrosas” que “no pueden ser seguramente enseñadas”, tales como el uso de “Madre” para la primera persona de la trinidad.

Fueron dados tres meses para que el Pe. Dupuis respondiera. El teólogo inició este periodo pasando dos semanas en el hospital. Para un hombre con una enfermedad crónica, eso era ineludible. Sin embargo el estrés que él pasó bajo el ataque inesperado de la Congregación ayudó para que eso sucediera.

En esa época yo era profesor visitante en la Universidad Marquette, en Milwaukee (Wisconsin, EUA). En nombre de Dupuis, el decano de teología me telefoneó para contar las malas noticias, pidiéndome para actuar como uno de los asesores de Dupuis. Esto fue permitido por la Congregación. Me quedé particularmente sorprendido y escandalizado con la baja calidad de gran parte de las 14 tesis preparadas por la Congregación para la Doctrina de la Fe, que repetidas veces atribuía al autor opiniones que no sólo nunca fueron expresadas en el libro sino que también fueron, en algunas veces, negadas explícitamente: por ejemplo, la noción absolutamente extraña de diferentes cielos para los seguidores de diferentes tradiciones religiosas. La tesis primera lo atacaba por interpretar la Biblia junto de las mismas líneas recomendadas por la “Interpretación de la Biblia en la Iglesia” (1993) de la Pontificia Comisión Bíblica, documento para lo cual el propio cardenal [Joseph] Ratzinger, presidente de la Congregación, había escrito el prefacio.

En 16 de enero de 1999, la revista londinense The Tablet publicó un artículo de dos páginas, intitulado “En defensa de la Pe. Dupuis”, escrito por el cardenal Franz König, obispo emérito de Viena, personalidad que se destacó en el Concilio Vaticano II (1962-1965), defensor de larga fecha del diálogo inter-religioso y alguien reconocido por haber desempeñado un importante papel en la elección de Juan Pablo II. El arzobispo de Calcuta y otros líderes católicos ya habían expresado su apoyo la Dupuis, pero la defensa poderosa de König no podría ser ignorada.

Inmediatamente después de la publicación de esta entrevista, el The Tablet publicó la traducción de una carta abierta dirigida al cardeal König suscrita por el cardenal Ratzinger. Ratzinger abrió el texto expresando su “sorpresa” y “tristeza” para con el artículo de König, pasando entonces a sostener que la acción de la Congregación para la Doctrina de la Fe “consistió simplemente en enviar algunas cuestiones confidenciales a la Pe. Dupuis y nada más que eso”. Él rechazó la afirmación de König según la cual la Congregación “puede muy bien sospechar [de Dupuis], de él violar directa o indirectamente la doctrina de la Iglesia”. Leí estas afirmaciones tanto con tristeza cuanto con sorpresa. Lo que Dupuis recibió de la Congregación incluía mucho más que “algunas cuestiones confidenciales”. El material comenzó haciendo fuertes acusaciones sobre la ortodoxia de su libro; de modo explícito fue acusado de violar la doctrina de la Iglesia. Me entristecí con el hecho de que el cardenal Ratzinger (o, presumiblemente, alguien de la Congregación para la Doctrina de la Fe que escribió en su nombre) pudiera ser tan económico para con la verdad. La carta a la König repetidamente se refería al deseo de la Congregación de “dialogar” con Dupuis y “que lo consulte personalmente”. “Si esto fuera un diálogo”, pensé, “yo odiaría ver esa confrontación!” El cardenal Ratzinger nunca se reunió con Dupuis ni lo contactó personalmente por teléfono o carta, mucho menos pidió para sentarse con él para trabar un debate.

Cuando Dupuis sometió su extensa respuesta [en diciembre], no recibió ningún agradecimiento. Meses de silencio se siguieron, y eso tuvo repercusiones en la salud del teólogo. En febrero de 1999, él enfermó. La respuesta vino a finales de julio. Comenzó con una carta de agradecimiento por las explicaciones, pero sin decir cosa alguna sobre los muchos pasajes donde él había mostrado que las tesis de la Congregación estaban equivocadas. Una vez más la Congregación dio a Dupuis tres meses para responder.

El conflicto de Dupuis con la Congregación para la Doctrina de la Fe estaba haciéndome clamar por más amor y justicia en la Iglesia. Principalmente por amor. Las dudas de la Congregación sobre el libro podrían ser resueltas por una llamada o por una invitación personal para juntarse al cardenal Ratzinger en un café de la tarde y ahí tener un debate serio, frente el frente. Ellos nunca se encontraron hasta el mes de septiembre de 2000; y vivían a menos de 5 km uno del otro.

En el segundo semestre del 2000 Dupuis aún estaba a la espera de alguna reacción al texto que envió, de 60 páginas (sometido en noviembre de 1999), en respuesta al segundo documento que recibió de la Congregación. A mediados de agosto, él me contactó para contar la noticia de que la Congregación había preparado una “declaración” (Dominus Iesus) sobre el impacto único y universal de Cristo como salvador y una “notificación” sobre su libro. El cardeal Ratzinger lo había invitado para una reunión marcada a las 9h30, lunes, 4 de septiembre, un día antes de la publicación de la Dominus Iesus.

El viernes, día 1º de septiembre, Dupuis recibió las copias de la “notificación” de 15 páginas sobre su libro y el texto de 32 páginas del Dominus Iesus, ambos documentos aprobados oficialmente por el papa en 16 de junio. Tuvimos el fin de semana para digerir los dos documentos y para preparar nuestros comentarios. Sabíamos que la Congregación quería publicar la Dominus Iesus el martes, 5 de septiembre; y la “notificación” contra Dupuis también la misma semana. Aunque rechazara “ciertas” opiniones falsas sobre Cristo y otras religiones, la Dominus Iesus no suministró ningún nombre. Sin embargo, siguiéndose a la su publicación, sería publicada la “notificación”. Todo indicaba que Dupuis era el blanco, o al menos un blanco importante, de la Dominus Iesus. Él sería alcanzado dos veces una misma semana.

La mañana del día de la reunión, que ocurriría en el edificio de la Congregación, estaba muy caliente. El cardenal Ratzinger se sentó en medio, con la Pe. Kolvenbach, Dupuis y yo a su izquierda, y Don Tarcisio Bertone (secretario de la Congregación) y Angelo Amato (como consultor) a su derecha. Copias del libro de Dupuis se encontraban esparcidas sobre la mesa. Sin embargo, no había agua ni algún tipo de té disponible ahí. Cuando Ratzinger pidió para Dupuis manifestarse, se quedó sorprendido al oír el autor decir que yo hablaría en su nombre.

El cardenal me dio casi una hora para reiterar mi defensa de la obra de Dupuis. Ilustré mi argumentos sobre el uso borroso y aún falso de las referencias bíblicas y citas presentes en la “notificación”. Como conclusión, sugerí que la Congregación para la Doctrina de la Fe redujo el texto a las ocho proposiciones positivas que ella había listado: por ejemplo, la de que Jesús Cristo es el mediador universal de la salvación para todos los seres humanos. “Todos nosotros aquí, comenzando por la Pe. Dupuis – dijo yo –, podríamos, con mucho placer, suscribir esta lista”. Yo escribí las ocho proposiciones en una página, pronto para recibir la firma de los presentes en la reunión. Para completar, añadí: “Todos nosotros sabemos que la Congregación para la Doctrina de la Fe tiene una imagen pública negativa. Publicar un conjunto de formulaciones positivas sobre las cuales la Pe. Dupuis y la Congregación concuerdan iría a dar fin al caso de forma feliz, iría a sorprender los medios de comunicación y hacer algo realmente benéfico”.

Cuando terminé, el cardenal Ratzinger comentó: “Pe. El’Collins, percibo que el señor comparte las opiniones del Pe. Dupuis”. Pensé que no era ni la hora en el lugar para responder: “Eminencia, un abogado no es cliente de él”. El cardenal obviamente se quedó impresionado con mis protestas sobre el mal uso de las Escrituras. “Vamos a quitar todas las referencias bíblicas y dejar el debate a los exegetas”, dijo. Quedó también claro que él no iría a seguir adelante y publicar la “notificación” tal como había sido presentada. Antes de concluir la reunión, Ratzinger preguntó al Pe. Dupuis si a él le gustaría ayudar la Congregación en la mejoría de la redacción del texto que constituiría la “notificación”. “Pero yo ya le envié 260 páginas contiendo mis respuestas a las sus cuestiones”, protestó Dupuis. Él se quedó espantado cuando el cardenal entonces le habló: “El señor no puede esperar que nosotros leyéramos y estudiáramos todo aquel material”. Enseguida Ratzinger preguntó: “El señor concordaría con la idea de que su libro sea entendido a la luz de la Dominus Iesus?” Dupuis respondió: “El señor está queriendo demasiado, Eminencia”.

Con eso la reunión terminó y la “notificación” no fue publicada. Aprobado para publicación por el papa el mes de junio, el documento fue discretamente olvidado.El día siguiente, como planeado, la Congregación publicó la declaración Dominus Iesus sobre la “unicidad y la universalidad salvífica de Jesús Cristo y de la Iglesia”.

Ya en la conferencia de prensa en que fue presentado, el documento con su tono repetidamente negativo levantó muchas protestas, especialmente sobre las relaciones de la Iglesia Católica para con las demasiadas religiones. Varios cristianos, incluyendo líderes tales como el presidente de la Comunión Anglicana, George Carey, percibieron que algunas observaciones infelices incluidas en el documento, sobre lo que él llamó de “comunidades eclesiales”, perjudicó el adelanto construido a través de los diálogos ecuménicos. Líderes musulmanes y otros se quedaron molestos con un pasaje sobre los “seguidores de las otras religiones” como estando en una “situación grandemente deficiente”. La comunidad judaica se quedó ofendida por la forma como el texto trató la relación que esta tiene con La Iglesia. Un día de diálogo en Roma entre judíos y cristianos, marcado para ocurrir en 3 de octubre, fue cancelado. La Dominus Iesus consiguió molestar los seguidores de religiones mundiales y cristianos preocupados con el diálogo inter-religioso por distinguir entre la “fe” propia a los cristianos y la mera “creencia” que los demasiados seguidores de otras religiones profesarían.

En diciembre, Dupuis recibió una nueva – y mucho más corta (con solamente siete páginas, en vez de 15) versión de la “notificación” enviada por la Congregación a él a través de la Pe. Kolvenbach. Las tres páginas contenían informaciones de contextualización en el nuevo texto no traían referencia alguna tanto a la primera versión cuanto a la reunión de 4 de septiembre. Se pidió para que Dupuis suscribiera de inmediato, sin cualquier discusión más profundizada. Todas las referencias bíblicas y otras partes fueron quitadas del texto, en particular algunas extrañas páginas que habían desconsiderado el papel de Espírito Santo en la obra de la redención humana. Pero la nueva versión mantuvo el estilo injusto de añadir, después de seis de las formulaciones positivas: “por lo tanto, es contrario a la fe católica sostener que” y así por delante, con la implicación (no probada) de que Dupuis había defendido una falsa opinión. Sin embargo, esta nueva redacción, en lugar de hablar de los “errores y graves ambigüedades”, suavizó el asunto para “graves ambigüedades y dificultades”, al mismo tiempo añadiendo que “independientemente de las intenciones del autor” el libro podría llevar los lectores a adoptar “opiniones erróneas o peligrosas”. A pesar de las dudas sobre la forma como la Congregación interpretaría su firma, a mediados de diciembre Dupuis suscribió esta segunda versión de la “notificación”.

Cuando la Congregación para la Doctrina de la Fe finalmente publicó la “notificación”, en 26 de febrero de 2001, acabó saliendo una tercera versión, oficialmente aprobada por el papa un mes antes y un poco diferente del texto que Dupuis firmó antes de la Navidad. Lo que le angustió más fue, sin embargo, cuatro nuevas líneas de texto en el documento: “Con su firma el autor se compromete en concordar con las tesis establecidas [en la notificación] y en seguir, en su actividad teológica futura así como en las publicaciones, los contenidos doctrinales indicados en la notificación del libro en cuestión”. Pareció un abuso añadir un tal pasaje sin el conocimiento de Dupuis después de haber firmado el documento.

Así, con lo que él llamó “una sensación de libertad recuperada aunque limitada”, Dupuis volvió a escribir y a dar charlas. Dupuis estaba de vuelta a la actividad académica. Al largo del año de 2003, las invitaciones para charlas lo llevaron Berlín, a Francia, Holanda, India, a México, a Polonia, Portugal, Suiza, Tailandia y Estados Unidos, así como varias ciudades dentro de Italia. Un tanto reluctante, reconoció que las “medidas tomas” por la Congregación, además de hacerlo conocer de “los teólogos de todo el mundo y provocarles la simpatía”, también impulsó masivamente las ventas del libro “Toward Christian Theology of Religious Pluralism” en cinco idiomas.

En el momento en que Dupuis celebraba su 80º aniversario en 5 de diciembre de 2003, yo esperaba que los sufrimientos por los cuáles pasó estuvieran superados. Pero el último año de su vida acabó siendo muy doloroso, sobre todo a causa de un desafío venido de la Congregación de que las publicaciones de Dupuis en 2004 minaban la unicidad de Jesús Cristo.

Dupuis se sintió mal del corazón y estaba esperando que la Pe. Kolvenbach arreglara para mí una reunión [con la Congregación] a fin de debatir esta nueva cuestión. La reunión iría a acontecer en el inicio de 2005. Dupuis murió en 28 de diciembre de 2004, y desde entonces jamás tuve la oportunidad de volver a la Congregación para la Doctrina de la Fe en su nombre.

El desafío que Dupuis asumió al escribir su principal obra permanece. Para él así como para la Congregación, la cuestión céntrica es la misma: Como profesar la fe en Jesús Cristo como el único redentor de todos los seres humanos en el reconocimiento del Espírito Santo como presente en el trabajo de las religiones y culturas del mundo. Tal vez no podamos hacer mucho más que explorar las colinas de la majestuosa providencia para toda la humanidad y para el cosmos creado.

De las memorias del padre jesuita Gerald El’Collins, Al margen izquierdo del río Tibre, publicadas en Australia pela Connor Court y en Reino Unido por la Gracewing.

Tomado del sitio web de IHU, Unisinos [http://www.ihu.unisinos.br/informas/528712-un-mirada-lo sobre-conflicto-de-dupuis-con-el-vaticano http://www.ihu.unisinos.br/informas/528712-un-mirada-lo sobre-conflicto-de-dupuis-con-el-vaticano]