El Papa Francisco en la COP 28

Entre el 30 de noviembre y el 13 de diciembre de 2023, se desarrolló en Dubái (Emiratos Árabes Unidos) la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP 28)[1]. La cuestión de las emisiones de gases de efecto invernadero y la revisión de los compromisos asumidos por los Estados para reducir las emisiones de las que son responsables centraron los actos y debates programados en la Conferencia. En particular, los Estados signatarios de la Convención Marco estaban llamados a debatir los progresos realizados desde la COP 21 de 2015, es decir, los compromisos asumidos en el Acuerdo de París[2]. El objetivo de esta revisión era definir nuevas políticas destinadas a limitar el aumento de la temperatura global a menos de 2ºC y, posiblemente, acercarse al objetivo de 1,5ºC. El acuerdo alcanzado, al término de largas negociaciones y difíciles compromisos, parece justificar un cauto optimismo. La responsabilidad recae ahora en cada uno de los Estados, que deben adoptar medidas concretas sin más demora.

El Papa Francisco tenía previsto asistir a la COP 28 del 1 al 3 de diciembre, pero por motivos de salud tuvo que renunciar al que habría sido su 45º viaje apostólico. El Pontífice, sin embargo, no quiso faltar a su palabra en una ocasión tan importante. Por ello, el cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado, actuó como portavoz de Francisco, leyendo en voz alta sus discursos.

«¡Escojamos la vida, elijamos el futuro!»

El cardenal Parolin pronunció dos discursos en nombre del Papa. El primero, el 2 de diciembre, en presencia de las 197 delegaciones oficiales[3]. En él, el Papa reitera la urgencia del momento y define la devastación de la creación como «una ofensa a Dios» y «un pecado no sólo personal sino estructural que repercute en el ser humano, sobre todo en los más débiles; un grave peligro que pende sobre cada uno y que amenaza con desencadenar un conflicto entre generaciones». A continuación reitera, citando la exhortación apostólica Laudate Deum (LD), una referencia esencial de toda la intervención, que el cambio climático es «un problema social global que está íntimamente relacionado con la dignidad de la vida humana» (LD 3).

No es de extrañar, por tanto, el llamamiento lanzado: «¡Escojamos la vida, elijamos el futuro!». Para ello, el Papa Francisco llama a superar las divisiones e insiste en el multilateralismo y en asumir las propias responsabilidades, superando los intentos de descargarlas sobre «los pobres y el número de nacimientos». Intentos que considera «tabúes que hay que objetar con decisión. No es culpa de los pobres, porque casi la mitad del mundo, la más pobre, es responsable de apenas el 10% de las emisiones contaminantes».

No faltó en el discurso un cuidadoso llamamiento a la paz, vinculado al del cuidado de la creación: «Es esencial reconstruir la confianza, fundamento del multilateralismo. Esto es válido para el cuidado de la creación y también para la paz. Son las temáticas más urgentes y están mutuamente relacionadas. ¡Cuántas energías está malgastando la humanidad en las numerosas guerras en curso! […] ¡Cuántos recursos desperdiciados en armamento, que destruyen vidas y arruinan la casa común!». Francisco relanza una propuesta ya enunciada en la encíclica Fratelli tutti (FT) y que en cierto sentido parece actualizar lo indicado en la Populorum progressio de Pablo VI en 1967: « “Con el dinero que se usa en armas y otros gastos militares, constituyamos un Fondo mundial, para acabar de una vez con el hambre” (FT 262) y llevemos a cabo actividades que promuevan el desarrollo sostenible de los países más pobres, para combatir el cambio climático».

El Papa Francisco es muy consciente de las consecuencias políticas de la crisis climática; por eso dice: «Los cambios climáticos muestran la necesidad de un cambio político. Salgamos del atolladero de los particularismos y nacionalismos, que son esquemas del pasado. Abracemos una visión alternativa, común; esta nos permitirá una conversión ecológica, porque “no hay cambios duraderos sin cambios culturales” (LD 70)».

Por último, el Papa pidió que la COP 28 sea un punto de inflexión, «que manifieste una voluntad política clara y tangible, que conduzca a una aceleración decisiva hacia la transición ecológica, por medio de formas que posean tres características: “que sean eficientes, que sean obligatorias y que se puedan monitorear fácilmente” (LD 59)». Esta aceleración debería lograrse en cuatro campos: «la eficiencia energética, las fuentes renovables, la eliminación de los combustibles fósiles y la educación a estilos de vida menos dependientes de estos últimos». El último llamamiento del Pontífice se dirige a los políticos: «Sean ustedes artífices de una política que dé respuestas concretas y unificadas, demostrando de este modo la nobleza de la responsabilidad que revisten y la dignidad del servicio que prestan. Porque para eso está el poder, para servir. No tiene ningún sentido preservar hoy una autoridad que mañana será recordada por su incapacidad de intervenir cuando era urgente y necesario».

La referencia final es a San Francisco de Asís, que, en 1224, compuso el Cántico de las Criaturas: «También yo, que llevo el nombre de Francisco, quisiera decirles con sinceridad de corazón: ¡dejemos atrás las divisiones y unamos las fuerzas! Y, con la ayuda de Dios, salgamos de la noche de la guerra y de la devastación ambiental para transformar el futuro común en un amanecer luminoso».

 

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  1. Para mayor información sobre el evento, visítese www.cop28.com 

  2. Cfr. P. de Charentenay, «Luci e ombre sulla Cop21», en Civ. Catt. 2016 I 363-372. 

  3. Francisco, «Discurso a la Conferencia de las Partes en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP 28)», 2 de diciembre de 2023, https://www.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2023/december/documents/20231202-dubai-cop28.html