Compartimos el artículo del P. Sergio Manuel Guzmán García, SJ, publicado en Christus, revista de teología, ciencias humanas y pastoral de la Provincia de México

En este mes de octubre se llevó a cabo la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos el papa Francisco nos hace esta invitación: “Oremos por la Iglesia, para que adopte la escucha y el diálogo como estilo de vida a todos los niveles, dejándose guiar por el Espíritu Santo hacia las periferias del mundo”. A la luz de esta intención y siguiendo el magisterio del papa Francisco en su carta encíclica Fratelli tutti sobre la fraternidad y la amistad social, recomiendo estas películas que tienen que ver con la escucha, el diálogo, la inclusión, las periferias existenciales y la esperanza.  

El último vagón de Ernesto Contreras (México, 2023, 95 min.) 

Esta conmovedora película cuenta la historia de la maestra Georgina (Adriana Barraza, estupenda) que da clases en una escuela vagón en un pueblo marginado. Entre sus alumnos destaca Ikal (Kaarlo Isaacs), un niño que vive en un vagón con su mamá y su papá que trabaja en la construcción de las vías del ferrocarril y, por tanto, no tiene una residencia fija. La película tiene que ver con la infancia, los sueños, el diálogo entre generaciones, la educación y los descartados de la sociedad. Reflexionemos y comentemos estas palabras del papa Francisco: “He ahí un hermoso secreto para soñar y hacer de nuestra vida una hermosa aventura. Nadie puede pelear la vida aisladamente. […] Se necesita una comunidad que nos sostenga, que nos ayude y en la que nos ayudemos unos a otros a mirar hacia delante. ¡Qué importante es soñar juntos! […] Solos se corre el riesgo de tener espejismos, en los que ves lo que no hay; los sueños se construyen juntos” (FT, 8). Oremos con el papa Francisco para que como Iglesia adoptemos una actitud de escucha y diálogo como lo vemos en los personajes de esta historia fílmica. 

Así en la tierra como en el cielo de Kay Pollack (Suecia, 2004, 132 min.) 

Daniel Daréus es un reconocido director de orquesta que, después de sufrir un infarto en un concierto, decide hacer un alto en su agitada vida: cancela todos sus compromisos de agenda y se retira a su pueblo natal para descansar y escuchar su corazón. Alejado del bullicio de la ciudad, de giras por todo el mundo, del glamour al que estaba acostumbrado, va recuperando su vida, su historia, su vocación: “Desde niño soñaba crear música que le abriera el corazón a la gente”, confiesa en un momento. En esta línea son muy oportunas las palabras del papa Francisco: “el mundo de hoy es en su mayoría un mundo sordo. […] No hay que perder la capacidad de escucha. San Francisco de Asís ‘escuchó la voz de Dios, escuchó la voz del pobre, escuchó la voz del enfermo, escuchó la voz de la naturaleza. Y todo eso lo transforma en un estilo de vida. Deseo que la semilla de san Francisco crezca en tantos corazones’ ” (FT, 48). Oremos con el papa Francisco para que los participantes en el sínodo tengan ese tiempo propicio para la escucha y el diálogo desde el corazón. 

La forma del agua de Guillermo del Toro (E.U., 2017, 123 min.) 

La forma del agua es una historia fantástica de amor y redención que nos invita a no tener miedo, a ir más allá de lo conocido, a las periferias existenciales, y a encontrarnos con el otro: con aquel que no tiene voz, que está herido, que por una u otra razón ha sido abandonado, que se siente como pez fuera del agua. A propósito de los personajes que aparecen en la parábola del buen samaritano el papa Francisco nos pregunta: “¿Con quién te identificas? Esta pregunta es cruda, directa y determinante. ¿A cuál de ellos te pareces? Nos hace falta reconocer la tentación que nos circunda de desentendernos de los demás; especialmente de los más débiles. Digámoslo, hemos crecido en muchos aspectos, aunque somos analfabetos en acompañar, cuidar y sostener a los más frágiles y débiles de nuestras sociedades desarrolladas” (FT, 64). Respondamos estas preguntas sobre esta parábola evangélica y comentemos lo que nos deja esta película que también es una parábola cinematográfica. 

Le Havre: El puerto de la esperanza de Aki Kaurismäki (Finlandia, 2011, 93 min.) 

Marcel Marx es un famoso escritor bohemio que vive con su mujer Arletty en la ciudad portuaria de Le Havre (Francia). Trabaja como limpiabotas porque así se siente más cerca de la gente. Su vida parece placentera, feliz, sin sobresaltos; hasta que se topa con un chico africano que anda de paso por el puerto y busca llegar a Londres, donde se encuentra su madre. A partir de ese encuentro despierta y va creando una red de solidaridad con sus vecinos para acoger, proteger y ayudar a este niño migrante. A propósito de la migración y la solidaridad el papa Francisco nos dice: “Jesús dice: ‘Fui forastero y me recibieron’ (Mt 25, 35). Jesús podía decir esas palabras porque tenía un corazón abierto que hacía suyos los dramas de los demás. […] Cuando el corazón asume esa actitud, es capaz de identificarse con el otro sin importarle dónde ha nacido o de dónde viene. Al entrar en esta dinámica, en definitiva experimenta que los demás son «su propia carne» (Is 58,7)” (FT, 84). Oremos con el papa Francisco para que como Iglesia tengamos un corazón abierto hacia los migrantes y aquellos que viven en las periferias del mundo. 

 

Sergio Manuel Guzmán García, SJ

Con información de christus.jesuitasmexico.org