¿QUÉ PALABRA ES CREÍBLE?

 

Internet ofrece la posibilidad de acceder a una masa de información impensable hace unas décadas. Esta información se crea e intercambia en tiempo real en la web y en las redes sociales. Un usuario puede desorientarse ante tal cantidad de noticias y datos con múltiples puntos de vista, cada uno de los cuales quiere imponerse como la verdad. En este maremágnum, se toman como verdaderas las noticias que hacen más ruido y las opiniones que tienen más consenso y más likes. En un atolladero del que es difícil salir, ¿cómo es posible discernir auténticamente lo verdadero de lo falso? La madeja está enredada, por no decir otra cosa, y en la web acechan informaciones engañosas y falsas, que muy a menudo manipulan la conciencia de los ciudadanos[1].

Hace algunos años, el Pontífice dedicó su Mensaje para la 52ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales al fenómeno de las «noticias falsas». Según el Papa Francisco, «La eficacia de las fake news se debe, en primer lugar, a su naturaleza mimética, es decir, a su capacidad de aparecer como plausibles. En segundo lugar, estas noticias, falsas pero verosímiles, son capciosas, en el sentido de que son hábiles para capturar la atención de los destinatarios poniendo el acento en estereotipos y prejuicios extendidos dentro de un tejido social, y se apoyan en emociones fáciles de suscitar, como el ansia, el desprecio, la rabia y la frustración»[2].

El carácter viral y epidémico de las noticias falsas o manipuladoras, que rebotan por Internet y las redes sociales de una punta a otra del mundo, hace más difícil discernir y reconocer la verdad, pero, por otra parte, las noticias falsas no son un fenómeno reciente.

El modelo narrativo de la Biblia

Desde el principio, la narración bíblica advierte al lector del gran peligro que suponen las verdades distorsionadas y la información falsa y falsificada. Las consecuencias son dramáticas para quienes se fían de las fake news, dejándose llevar por sus propios miedos y temores, sin poner su confianza en la Palabra de Dios, que siempre es verdadera. La narración bíblica puede resultar un verdadero ejercicio de discernimiento para que el lector aprenda a distinguir lo que es precioso de lo que es vil (cfr. Jr 15,19). En la lectura, uno está llamado a discernir la fuente de información, lo que es fidedigno y lo que no lo es, para no dejarse engañar.

Dentro del mundo del relato, el narrador desempeña la función y la tarea de contar la historia[3]. Podríamos decir que es su prerrogativa. El narrador debe considerarse una instancia literaria presente en el texto, que no debe confundirse con los autores reales. Por ejemplo, el libro del Éxodo comienza así: «Los nombres de los israelitas que llegaron con Jacob a Egipto, cada uno con su familia, son los siguientes» (Ex 1,1). Aquí es la voz narrativa la que habla.

En primer lugar, en la Biblia el narrador es omnisciente: lo sabe todo sobre la historia que cuenta y también tiene acceso a los sentimientos y pensamientos de los personajes, incluida la vida interior de Dios. Otra característica del narrador es la fiabilidad: cuenta al lector la versión correcta y fidedigna de la historia. El narrador bíblico también es anónimo, se sitúa detrás del texto y no se pone a sí mismo en primer plano. Rara vez, pero significativamente, expresa sus juicios o da valoraciones sobre un personaje o una situación.

En la Biblia, por tanto, la historia es contada por un narrador omnisciente y fiable. El punto de vista de Dios también es fiable, mientras que el de los demás personajes no sólo es parcial y limitado, sino que incluso puede ser falso y engañoso (fake). La presencia de un amplio elenco en la narración bíblica multiplica los puntos de vista; así, el lector se orienta en la narración a través de este juego de perspectivas diferentes.

Algunos ejemplos pueden ayudarnos a comprender cómo la Biblia ayuda al lector a sopesar los distintos puntos de vista y su grado de fiabilidad, reconociendo las palabras que dan vida y las mentiras que conducen a la muerte.

La Palabra de Dios y la de la Serpiente

Las dos narraciones de Gn 1 y Gn 2-3, leídas en secuencia, constituyen dos relatos complementarios de la creación, a pesar de las tensiones que existen entre ambos textos, que tienen orígenes diferentes. La voz del narrador tiene el privilegio de relatar, en su omnisciencia, incluso la creación del mundo: «Al principio Dios creó el cielo y la tierra. La tierra era algo informe y vacío, las tinieblas cubrían el abismo, y el soplo de Dios se cernía sobre las aguas» (Gn 1,1-2). No sólo informa de lo que Dios dice – «Que exista la luz» – sino también lo que Dios siente en su interior – «Dios vio que la luz era buena» (Gn 1,3).

Desde las primeras páginas de la Biblia, se invita al lector a entrar en una relación de alianza con el narrador, dando credibilidad y confianza a lo que cuenta. En el v. 26 Dios dice: «Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza», y en el v. 27 el narrador confirma: «Y Dios creó al hombre a su imagen; lo creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer». La información procedente del narrador y de Dios es fiable, y los dos puntos de vista coinciden.

Por tanto, los capítulos 2 y 3 pueden leerse en continuidad con lo anterior. Gn 2-3 puede entenderse narrativamente como un zoom narrativo sobre la creación de Adán, varón y mujer. Según Jan P. Fokkelman, «el relato del paraíso, Gn 2,4b-3,24, en sentido estricto, no es un segundo relato de la creación, sino un estudio más detenido del ser humano que fue creado, sus orígenes y su relación fundamental con Dios y el mundo»[4].

En Gn 2,8-9, el narrador cuenta al lector que Dios planta un jardín en el Edén, donde coloca al hombre que ha creado: «el Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles, que eran atrayentes para la vista y apetitosos para comer; hizo brotar el árbol del conocimiento del bien y del mal» (Gn 2,9). El Señor confía al hombre la doble tarea de cultivar y cuidar el jardín (cfr. Gn 2,15). En este punto, Dios formula un doble mandamiento: «Puedes comer de todos los árboles que hay en el jardín, exceptuando únicamente el árbol del conocimiento del bien y del mal. De él no deberás comer, porque el día que lo hagas quedarás sujeto a la muerte» (Gn 2,16-17).

En primer lugar, el discurso de Dios subraya la dimensión positiva del don. A propósito del mandato divino, André Wénin afirma: «Este mandato es doble y, a menudo lo olvidamos, su primera parte no tiene nada que ver con una prohibición. Es un precepto positivo que ordena al ser humano comer de todos los árboles del jardín»[5]. Todo le es dado a Adán; él es el dueño del jardín, en cuyo centro se encuentra el árbol de la vida (cfr. Gn 2,9).

En la segunda parte del mandamiento, Dios pone un límite, advirtiendo al hombre: del árbol del conocimiento del bien y del mal «no deberás comer, porque el día que lo hagas quedarás sujeto a la muerte» (Gn 2,17)[6]. ¿Cómo se comportará Adán ante el mandato divino? ¿Cómo interpretará la palabra de Dios? ¿Escuchará con profundidad o malinterpretará lo que se le ha dicho?

En Gn 3, las primeras palabras de la serpiente ponen en duda la bondad de las intenciones de quien colocó al hombre en el Jardín del Edén. La serpiente hace a la mujer una pregunta provocadora y engañosa que distorsiona la verdad: «¿Así que Dios les ordenó que no comieran de ningún árbol del jardín?» (Gn 3,1). Con sus palabras, la serpiente transmite la imagen de un Dios despótico y tiránico, que incluso quiere matar de hambre a sus propias criaturas, privándolas del alimento que necesitan para subsistir[7]. El lector, sin embargo, sabe que las palabras de la serpiente no se corresponden con la verdad, porque Dios nunca dio una orden semejante, sino que se expresó de un modo totalmente distinto, dando al hombre todo menos una cosa. Además, si Dios negó el fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal, lo hizo para que el hombre, al comer de ese árbol, no muriera. La prioridad de Dios es que el hombre permanezca vivo, no la prohibición de comer del árbol.

La mujer responde intentando tímidamente negar las afirmaciones de la serpiente: «Podemos comer los frutos de todos los árboles del jardín. Pero respecto del árbol que está en medio del jardín, Dios nos ha dicho: “No coman de él ni lo toquen, porque de lo contrario quedarán sujetos a la muerte”» (Gn 3, 2-3). La perspectiva de Eva también aparece distorsionada. La mujer no está de acuerdo con la serpiente, pero también ella distorsiona las palabras de Dios, poniendo en primer plano la prohibición frente al don.

Además, la prohibición de comer se convierte también en la prohibición de tocar. Desde la perspectiva de Eva, la prohibición parece aún más estricta. Además, desde la perspectiva de la mujer, el árbol prohibido se sitúa solo en el centro del jardín, mientras que Dios había colocado allí ambos árboles[8]. Según Wénin, «el árbol prohibido ocupa todo el lugar y se convierte exactamente en el árbol que oculta el bosque de todos los que han sido dados»[9].

La serpiente ha enturbiado las aguas para confundir a la mujer. En el juego de los múltiples puntos de vista, es fácil perderse si el lector no permanece vigilante, sopesando las diferentes perspectivas y teniendo las palabras del narrador y las de Dios como vara de medir para discernir lo que es verdad. La trampa de las fake news de la serpiente no se limita a desorientar y confundir a Eva: el efecto deseado es manipular y seducir a Eva para que transgreda la Palabra divina. El veneno final infundido por la serpiente es una palabra que da cuerpo a la imagen de un Dios envidioso, que quiere mantener al hombre y a la mujer en un estado de minoría de edad y sumisión: «No, no morirán. Dios sabe muy bien que cuando ustedes coman de ese árbol, se les abrirán los ojos y serán como dioses, conocedores del bien y del mal» (Gn 3,4-5).

Estas palabras también son falsas. La voz de Dios y el narrador ya habían dicho al lector que el Adán, varón y mujer, ha sido creado a imagen de Dios (Gn 1,26-27). El hombre y la mujer no tienen que luchar para llegar a ser lo que ya son. No hay orden que subvertir ni adversario que ocupe su lugar. Pero Eva cae en la trampa de la serpiente y deja de confiar en Dios. Como dice Paul Ricœur, «se ha abierto la era de la sospecha, se ha introducido una grieta en la condición más fundamental del lenguaje, a saber, en esa relación de confianza que los lingüistas llaman “cláusula de sinceridad”»[10].

«Cuando la mujer vio que el árbol era apetitoso para comer, agradable a la vista y deseable para adquirir discernimiento» (Gn 3,6). En el centro del pensamiento y del deseo de la mujer sólo está el fruto prohibido, mientras que los demás árboles, también bellos y buenos, desaparecen de su vista (cfr. Gn 2,9). La serpiente construye la falsa imagen de un Dios despótico y arbitrario, enemigo del hombre y de la mujer, infundiendo la duda y la sospecha sobre la bondad de su palabra y de su don. El Papa Francisco escribe: «Este episodio bíblico revela por tanto un hecho esencial para nuestro razonamiento: ninguna desinformación es inocua; por el contrario, fiarse de lo que es falso produce consecuencias nefastas. Incluso una distorsión de la verdad aparentemente leve puede tener efectos peligrosos»[11].

 

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  1. Sobre este tema cfr. F. Occhetta, «Tempo di post-verità o di post-coscienza?», en Civ. Catt. 2017 II 215-223.

  2. Francisco, Mensaje del Santo Padre para la 52ª jornada mundial de las comunicaciones sociales, en https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/papa-francesco_20180124_messaggio-comunicazioni-sociali.html 

  3. Para un examen exhaustivo del modelo narrativo de la Biblia, cfr J.- P. Sonnet, «L’analisi narrativa dei racconti biblici», en M. Bauks – C. Nihan (eds), Manuale di esegesi dell’ Antico Testamento, Bolonia, EDB, 2010, 45-85. 

  4. J. P. Fokkelman, Come leggere un racconto biblico, Bolonia, EDB, 2015, 132. 

  5. A. Wénin, Da Adamo ad Abramo o l’errare dell’uomo. Lettura narrativa e antropologica della Genesi. I. Gen 1,1–12,4, Bolonia, EDB, 2008, 45. 

  6. Según T. N. D. Mettinger, el texto de Gen 2,17 es más una advertencia de peligro de muerte que una sentencia formal de condena (cfr. T. N. D. Mettinger, The Eden Narrative: A Literary and Religio-historical Study of Genesis 2–3, Winona Lake [IN], Eisenbrauns, 2007, 22). 

  7. En el relato de la creación, Dios dice: «Yo les doy todas las plantas que producen semilla sobre la tierra, y todos los árboles que dan frutos con semilla: ellos les servirán de alimento» (Gn 1,29). Al respecto, cfr. A. Wénin, Da Adamo ad Abramo o l’errare dell’uomo…, cit., 30-32. 

  8. Según Paul Joüon, la expresión «el árbol de la vida en medio del jardín y el árbol de la ciencia del bien y del mal» (Gn 2,9) contiene una cadena de términos coordinados entre sí, pero divididos por un elemento intrusivo: «en medio del jardín». Ambos árboles, por tanto, estarían en medio del Edén (véase P. Joüon – T. Muraoka, A Grammar of Biblical Hebrew, Roma, Gregorian and Biblical Press, 20112, 117t). 

  9. A. Wénin, Da Adamo ad Abramo o l’errare dell’uomo..., cit., 69. 

  10. A. LaCocque – P. Ricœur, Come pensa la Bibbia. Studi esegetici ed ermeneutici, Brescia, Paideia, 2002, 60. 

  11. Francisco, Mensaje del Santo Padre para la 52ª jornada mundial de las comunicaciones sociales, cit., n. 2.