¿Es posible conservar e incluso promover la espiritualidad ignaciana en una institución educativa vinculada a la Compañía de Jesús cuando ya no hay jesuitas en el recinto, ni en el profesorado ni en la dirección? Sí, responde Guy Dalcq, director general del Sint-Barbaracollege de Gante (Flandes). ¡Y lo pone en acción!

El colegio extiende sus raíces desde el siglo XVI, pero sólo ocupa la actual manzana en pleno centro de Gante desde la década de 1830... ¿Y por qué Santa Bárbara es la patrona de un colegio jesuita? Porque cuando los jesuitas regresaron a Gante tras la restauración de la Compañía de Jesús en 1814, pudieron instalarse en ese claustro de monjas agustinas a fin de reiniciar su actividad educativa en la ciudad. Por respeto y costumbre, mantuvieron el nombre del convento.

Sobre la posibilidad y las formas de mantener viva la tradición ignaciana en una institución dirigida desde hace muchos años por laicos, dejemos que hable Guy Dalcq.

“Mantener viva esta tradición, para mí, es una cuestión primordial. Llevo aquí desde 1983, primero como profesor y luego como director. He de admitir que, mientras hubo jesuitas en el colegio, no nos preocupamos demasiado por la tradición jesuita ya que ellos estaban presentes y la vivían. Ahora bien, tras su desaparición, tomamos conciencia de la importancia de dicha tradición, de su papel crucial en la salvaguarda y la promoción de la espiritualidad ignaciana, incluso en ausencia de los padres jesuitas.

Durante tres años, un comité de jesuitas y laicos trabajamos en la redacción de un proyecto pedagógico ignaciano. Me basé en un libro del padre François Charmot. Estaba escrito desde 1943... pero supimos actualizarlo. Para el Padre Charmot, la base de la pedagogía ignaciana son los Ejercicios Espirituales de San Ignacio. Y ello es lo que me inspira. Hemos desarrollado un proceso de 10 pasos sobre cómo vivir esa espiritualidad en el colegio y puedo decir que el proceso está muy bien acogido por los profesores. Gracias a este proyecto, la espiritualidad ignaciana va penetrando gota a gota -para usar una expresión muy querida de San Ignacio- y dejando un impacto.

Cuando hago las entrevistas a futuros profesores, no les pregunto directamente acerca de su conocimiento de la espiritualidad ignaciana, sino que les pido que lean y comenten nuestro proyecto pedagógico ignaciano. Les sugiero que me digan lo que hace eco en sus corazones y lo que les parece un desafío. Sondeo su sensibilidad acerca de temas de actualidad vinculados a los principios ignacianos: la diversidad, la lucha contra el racismo, el desarrollo sostenible.

En cuanto a los alumnos, tienen unas prácticas obligatorias de servicio social para que entren en contacto con la realidad de las personas necesitadas, en línea con las prioridades de la Compañía de Jesús. Y para los alumnos del último año, ofrecemos un retiro ignaciano libre de tres días. Más de un tercio de ellos participan y a menudo tengo que hacer dos sesiones porque hay demasiadas inscripciones. El núcleo de la experiencia yace en la pregunta capital que les hago: ‘En otros colegios les preguntarían qué van a hacer en la vida. Mi pregunta es diferente, a saber: ¿quién, qué tipo de persona os gustaría llegar a ser?’ Se trata de un ejercicio que estimo ser muy ignaciano.”

Pronto algunos alumnos de 1º y 2º de secundaria ocuparán uno de los edificios de la Oude Abdij (Antigua Abadía) de Drongen. Para Guy Dalcq, ésta será una nueva oportunidad de acercarse a la espiritualidad ignaciana. La ubicación, por supuesto, pero también la presencia de una comunidad jesuita dará a los estudiantes la oportunidad de conocer, personalmente, a jesuitas.

 

Imagen e información de jesuits.global