Bratislava, domingo 12 de septiembre de 2021, 17:30. El papa Francisco acaba de concluir el encuentro con los representantes del Consejo Ecuménico de las Iglesias en la Nunciatura. Apenas se termina de ordenar las sillas tras la reunión anterior, llegan 53 jesuitas eslovacos y ocupan su lugar en la sala. Francisco entra y saluda: «¡Buenas tardes y bienvenidos! Gracias por esta visita. No sabía que había tantos jesuitas en Eslovaquia. Se ve que “la plaga” se expande por todas partes». El grupo suelta una carcajada. Francisco pide que le hagan preguntas porque, afirma provocando de nuevo la risa, «de verdad no me siento capaz de hacer un discurso a los jesuitas».

El Provincial de la Provincia eslovaca dirige al Papa unas palabras de bienvenida: «Padre, quiero agradecerle de todo corazón esta invitación, que ha sido una sorpresa para nosotros. Es una gran motivación para nuestra vida comunitaria y pastoral. En Eslovaquia hay muchos jesuitas. Quiero confirmarle que la Compañía quiere estar a disposición suya y de las necesidades de la Iglesia».

El Papa responde con una broma: «Gracias. La idea de invitar a los jesuitas durante mis viajes apostólicos es del P. Spadaro, porque así tiene material para hacer un artículo para «La Civiltà Cattolica», ¡que publica siempre estas conversaciones!» Y continúa: «A ver, espero las preguntas. Lancen el balón al portero, ¡vamos!»

Un jesuita pregunta: «¿Cómo está?».

Vivo todavía. Aunque algunos me querrían muerto. Sé que hubo incluso reuniones entre prelados, que pensaban que el Papa estaba más grave de lo que se decía. Preparaban el cónclave. ¡Paciencia! Gracias a Dios, estoy bien. La operación fue una decisión que no quería tomar: fue un enfermero el que me convenció. A veces los enfermeros comprenden la situación mejor que los médicos, porque están en contacto directo con los pacientes.

Un jesuita que trabajó por casi 15 años en la Radio Vaticana, le pregunta qué es lo que los jesuitas deben tener en el corazón para su labor pastoral en Eslovaquia

A mí se me viene siempre a la mente una palabra: «cercanía».

Cercanía con Dios, en primer lugar: ¡nunca abandonar la oración! La oración verdadera, de corazón, no la formal que no toca el corazón. La oración que lucha con Dios, y que conoce ese desierto donde no se siente nada. Cercanía con Dios: Él nos espera siempre. Podríamos sentir la tentación de decir: no puedo rezar porque estoy muy ocupado. Pero también él está ocupado. Lo está a tu lado, esperándote.

Segundo: cercanía entre ustedes, el amor entre hermanos, el amor austero de los jesuitas es muy fino, caritativo, pero también austero: amor de hombres. A mí me duele cuando alguno de ustedes u otros sacerdotes se «descueran» entre sí. Eso bloquea, impide avanzar. Pero estos problemas existieron desde el principio en la Compañía. Pensemos, por ejemplo, en la paciencia que tuvo Ignacio con Simón Rodríguez. Es difícil hacer comunidad, pero la cercanía entre ustedes es realmente importante.

Tercero: cercanía con el obispo. Es cierto que hay obispos que no nos quieren, es una realidad, sí. ¡Pero que no se encuentren jesuitas que hablan mal del obispo! Si un jesuita piensa de manera distinta que el obispo y tiene coraje, entonces que vaya donde el obispo y le diga las cosas que piensa. Y cuando digo obispo, digo también el Papa.

Cuarto: cercanía al pueblo de Dios. Tienen que ser como decía de nosotros Pablo VI el 3 de diciembre de 1974: donde hay encrucijadas de caminos, de ideas, ahí están los jesuitas. Lean bien y mediten el discurso de Pablo VI a la Congregación General XXXII: es la cosa más bonita que un Papa haya dicho jamás a los jesuitas. Es verdad que si realmente somos hombres que van a las encrucijadas y a los límites, crearemos problemas. Pero lo que nos salvará de caer en ideologías estúpidas es la cercanía al pueblo de Dios. Y así podremos ir adelante con el corazón abierto. Es cierto, puede pasar que alguno de ustedes se entusiasme y luego llegue el Provincial a pararlo diciendo: «No, esto no». Ahí hay que seguir adelante con la disposición a ser obedientes. La cercanía al pueblo de Dios es muy importante porque nos «enfoca». No olviden nunca de dónde salimos, de dónde venimos: nuestro pueblo. Si nos alejamos y vamos hacia una… universalidad etérea, entonces perdemos las raíces. Nuestras raíces están en la Iglesia, que es el pueblo de Dios.

En resumen, les pido cuatro cercanías: con Dios, entre ustedes, con los obispos y el papa, y con el pueblo de Dios, que es la más importante.

Un jesuita toma la palabra y recuerda que allí hay una veintena de religiosos, incluido él mismo, que fueron ordenados sacerdotes clandestinamente. Dice que fue una experiencia muy linda para ellos haber crecido en el mundo del trabajo…

El trabajo para ganarse el pan… la labor manual o intelectual es trabajo, es salud. Y si el pueblo de Dios no trabaja, no come…

Uno de los presentes empieza diciendo: «Yo soy dos años más joven que usted», y el Papa responde a la broma: «¡no lo parece! ¡Tú te maquillas!». Los demás ríen. Prosigue: «Entré en la Compañía de Jesús en 1968 como refugiado. Fui miembro de la Provincia suiza por 48 años, y ahora, desde hace 5 años, estoy aquí. He vivido en Iglesias muy distintas. Hoy veo que muchos quieren volver atrás o buscan certezas en el pasado. Bajo el comunismo experimenté la creatividad pastoral. Algunos incluso decían que no se podía formar a un jesuita durante el comunismo, pero otros lo hicieron y nosotros estamos aquí. ¿Qué visión de Iglesia podemos seguir?».

Has mencionado una palabra muy importante, que define el sufrimiento de la Iglesia en este momento: la tentación de volver atrás. Estamos sufriendo esto hoy en la Iglesia: la ideología del volver atrás. Es una ideología que coloniza las mentes. Es una forma de colonización ideológica. En realidad, no es un problema universal, sino más bien específico de las Iglesias de algunos países. La vida nos da miedo. Repito una cosa que le dije al grupo ecuménico con el que me reuní antes que con ustedes: la libertad nos asusta. En un mundo tan condicionado por las adicciones y la virtualidad, nos asusta ser libres. En la reunión anterior tomaba como ejemplo El gran inquisidor, de Dostoievski. Este encuentra a Jesús y le dice: «¿Por qué has dado la libertad? ¡Es peligrosa!». El inquisidor reprocha a Jesús el habernos dado la libertad: habría bastado con un poco de pan y nada más. Por eso hoy se vuelve al pasado: para buscar seguridad. Nos asusta celebrar delante del pueblo de Dios que nos mira a la cara y nos dice la verdad. Nos asusta seguir adelante con las experiencias pastorales. Pienso en el trabajo realizado – el padre Spadaro estaba presente – en el Sínodo de la familia para hacer entender que las parejas en segunda unión ya no están condenadas al infierno. Nos asusta acompañar a gente con diversidad sexual. Tenemos miedo de las encrucijadas de las que nos hablaba Pablo VI. Este es el mal de este momento. Buscar el camino en la rigidez y el clericalismo, que son dos perversiones. Hoy creo que el Señor pide a la Compañía ser libre, con oración y discernimiento. Es una época fascinante, de una hermosa fascinación, aunque sea la fascinación de la cruz: hermosa para llevar adelante la libertad del Evangelio. ¡La libertad! Este volver atrás lo pueden vivir en su comunidad, en su Provincia, en la Compañía. Es necesario estar atentos y velar. No se trata de una alabanza de la imprudencia, pero quiero señalarles que volver atrás no es el camino correcto. El camino es ir adelante con discernimiento y obediencia.

Un jesuita pregunta cómo ve la Compañía hoy. Habla de una cierta falta de fervor, de una voluntad de buscar seguridades antes que de ir a enfrentar las encrucijadas, como pedía Pablo VI, porque no es fácil.

No, ciertamente no es fácil. Pero cuando sientes que falta el fervor, debes hacer un discernimiento para comprender por qué. Debes hablar con tus hermanos. La oración ayuda a comprender si falta y cuándo falta el fervor. Es necesario hablar con los hermanos, con los superiores y luego hacer un discernimiento para saber si es una desolación personal o una desolación más bien comunitaria. Los Ejercicios dan la posibilidad de encontrar respuestas a preguntas como esa. Yo estoy convencido de que no conocemos bien los Ejercicios. Las notas y las reglas del discernimiento son un verdadero tesoro. Debemos conocerlos mejor.

Uno de los presentes recuerda que el Papa habla a menudo de las colonizaciones ideológicas, que son diabólicas. Hace referencia, entre otras, a la del «gender».

La ideología tiene siempre un encanto diabólico, como dices tú, porque no se encarna. En este momento vivimos en una civilización de ideologías, esto es cierto. Tenemos que desenmascararlas de raíz. La ideología de «género» de la que hablas es peligrosa, sí. Tal como yo la entiendo, es peligrosa porque es abstracta respecto a la vida concreta de una persona, como si una persona pudiera decidir abstractamente a discreción si y cuando ser hombre o mujer. La abstracción, para mí, es siempre un problema. Sin embargo, esto no tiene nada que ver con la cuestión homosexual. Si hay una pareja homosexual podemos hacer pastoral con ellos, acudir al encuentro con Cristo. Cuando hablo de ideología, hablo de la idea, de la abstracción que permite que todo sea posible, no de la vida concreta de las personas y de su situación real.

Un jesuita agradece al Papa sus palabras dedicadas al diálogo judío-cristiano

El diálogo avanza. Es absolutamente necesario evitar que haya interrupciones, que el diálogo se rompa, que se interrumpa por malentendidos, como sucede a veces.

Uno de los participantes refiere al Papa la situación de la Iglesia Eslovaca y sus tensiones internas. Algunos lo ven incluso como alguien heterodoxo, otros en cambio lo idealizan. Nosotros, los jesuitas – afirma –, intentamos superar estas divisiones. Pregunta: «¿como enfrenta usted a la gente que lo mira con sospecha?».

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Imagen e información de laciviltacattolica.es