Ponencia de Pedro Trigo SJ presentada en la Reunión anual de Teólogos de la CPAL. Esta es una “versión más amigable” enviada a los miembros de la Comisión Teológica. Se trata de una versión sintética del artículo “Discernimiento de la nueva época desde América Latina”, publicado en la Revista Latinoamericana de teología, No. 111.

 

Cambio de época

Hemos insistido en que ser cristiano es seguir a Jesús de Nazaret y que seguirlo es habérnoslas en nuestra situación de modo equivalente a como Jesús se las hubo en la suya. Por eso siempre que cambie la situación hay que volver a establecer la equivalencia. Según sea la envergadura de la novedad, así ha de ser también la de la equivalencia.

Pues bien, hoy estamos ante un cambio de época, no en el sentido restringido de paso de la edad antigua a la edad media, a la edad moderna y a la edad contemporánea, que se entienden como fases distintas de lo mismo, sino en un sentido mucho más radical. La época que está pasando es la que se abre con la invención de la agricultura, la ganadería, la fabricación de ladrillos y más ampliamente la alfarería, la cantería, el laboreo de los metales, y más en general como presupuesto de todo esto el nacimiento de la ciencia y de la técnica y como consecuencia la división de trabajo, el nacimiento de las ciudades, las naciones y los imperios. Este proceso arranca como diez milenios antes de Cristo y se consolida hacia el año 3000.

Las novedades respecto de las épocas pasadas

Las manifestaciones más evidentes de la época que se abre en nuestros días son las siguientes:

La novedad que más visibilidad tiene es la mundialización. Ante todo, que todos estamos en presencia de todos, que nos enteramos de lo que acontece en el mundo en tiempo real y que tenemos interés en enterarnos porque nuestro ámbito no es ya nuestra ciudad ni nuestra región y ni siquiera nuestro país ni nuestra cultura sino también países remotos de culturas muy diversas porque ya somos o empezamos a ser ciudadanos del mundo.

La presencia virtual está abierta a todos, aunque en gran medida es el primer mundo el que se ofrece en espectáculo al tercero para que viva viendo, ya que no puede vivir consumiendo. Pero la presencia real está absolutamente restringida: es unidireccional, del primer mundo al tercero, desde los gerentes a los turistas, pero no al contrario: la emigración del tercer mundo al primero es masiva, pero clandestina. Así pues, no hay propiamente mundialización sino globalización del Occidente supradesarrollado y los países asiáticos occidentalizados, que ha penetrado hasta el último rincón del planeta, configurándolo en función de sus intereses y marginando a lo que no le interesa.

La novedad más cotidiana de esta figura histórica es que el espacio ya no es función del tiempo, puesto que existe la simultaneidad virtual. Pero quienes están verdaderamente adentro de esta figura histórica, es decir arriba, viven la simultaneidad como interlocución, tanto para llevar proyectos conjuntos de investigación, como para la toma de decisiones económicas o políticas con todos los datos a la mano, incluso mancomunadamente. Más aún, para ellos la simultaneidad da como resultado que su horizonte vital sea toda la tierra

La novedad más apasionante desde el punto de vista del horizonte imaginario es la salida de la tierra, la llegada a otros planetas, la orbitación, la apertura al espacio intergaláctico. Quien puede ver la silueta de la tierra no pertenece a ella del mismo modo que el que vive pegado a su suelo. Es cierto que muy pocos han orbitado la tierra y han tenido estas sensaciones y emociones. Pero virtualmente son muchísimos los millones que han visto lo que ellos veían. Y esas imágenes generan un imaginario nuevo. Y la ciencia ficción prosigue imaginativamente la exploración del espacio y de la vida social y los conflictos humanos que podría dar lugar.

La novedad más entrañable de esta época que se abre es la percepción de la tierra como un sistema de sistemas autorregulado, es decir como un verdadero sujeto, como un ser viviente que no sólo contiene vivientes, sino que los engendra y nutre, incluidos entre ellos a la humanidad. La aceleradísima destrucción de las especies vivas, la tala salvaje de bosques y el envenenamiento del aire y del agua son hechos derivados del paradigma objetivador de la modernidad. Para estas personas la mancomunidad de la tierra y la humanidad lleva a reconocer que la realidad ha sido violentada y debe ser restaurada con la mayor sinceridad y urgencia. Es a la vez una más profunda comprensión científica y un desborde de sus métodos y perspectiva.

La novedad más radical es el desciframiento de los códigos genéticos de los seres vivos, incluidos los seres humanos. Este descubrimiento entraña la capacidad de producirlos artificialmente y de perfeccionarlos o degradarlos unilateralizándolos. Ya es posible prever una neonaturaleza no producida en el humus de la tierra sino fabricada. Esto cambia no sólo la economía sino el modo de vida e incluso la identidad social de muchos millones de seres humanos.

Lo decisivo es qué haremos los seres humanos con nosotros mismos. Lo que está en juego es si nos inclinaremos por la vertiente positiva de la ingeniería genética que busca únicamente corregir desperfectos y optimizar lo que existe o si nos abocaremos a la construcción de monstruos o, para decirlo más neutramente, de seres que hoy no existen, a partir de lo que hoy conocemos como seres humanos.

Lo incongruente y peligrosísimo es que su modo de producción es privado. Decisiones que incumben a la humanidad de un modo tan radical se toman en laboratorios de empresas privadas. Incluso se pretende que sean propiedad privada.

La novedad más peligrosa de la figura histórica actual es la concentración de saber, riqueza y poder en un número muy reducido de países y en muy pocas personas dentro de ellos. En realidad, el sujeto de esta figura histórica son las compañías trasnacionales y los grandes inversionistas. Ellos han logrado mediatizar casi completamente a las instancias políticas. Eso significa que lo público queda reducido a la mínima expresión y que lo decisivo se juega privadamente.

Si caemos en cuenta de que la tierra compone un solo sistema al que todos pertenecemos y la suerte de la humanidad y la del planeta están ligadas, se requeriría un ente mundial que pudiera dictar políticas acordes con esta realidad a las que tendrían que ajustar sus planes los Estados y los grandes grupos económicos, un ente que representara realmente a la humanidad en su conjunto y que se hiciera cargo también de los requerimientos de la vida en el planeta.

Si hemos llegado a comprobar no sólo científica sino vitalmente la repercusión en todo el mundo del gasto irresponsable de energía y de recursos elementales por parte de unos pocos; si los cambios climáticos tan catastróficos han puesto al descubierto que el equilibrio del planeta está siendo vulnerado y que la tierra está enferma, y por tanto es necesario y urgente emprender acciones conjuntas y de largo plazo, ¡cuánto más necesario será decidir entre todos la suerte de la vida que pone en manos del género humano la ingeniería genética! ¿No es el colmo de la insensatez que estas decisiones sean asunto privado e incluso de propiedad privada?

Los actores

Si pasamos de las novedades de la época a los actores, tenemos que decir que la transición que estamos viviendo se caracteriza por la desproporción entre las corporaciones globalizadas y los grandes inversionistas, que operan a nivel mundial, y los Estados, que se restringen a su territorio [1], y, más todavía, los ciudadanos, que empiezan, de hecho, a no tener voz ni voto en su propio país y, sobre todo, las personas, con su carácter absoluto, que están realmente fuera de foco, aunque desde otro punto de vista la mundialización las haya sacado a la luz.

¿Por qué en el comienzo de esta nueva época llevan la voz cantante las corporaciones globalizadas? Porque ellas en gran medida han causado la globalización: el mundo de la computación, más en general el de las mercancías, está producido en gran medida por ellas y la publicidad está omnipresente para que nos dejemos moldear por él, lo mismo que el mercado de trabajo del que depende gran parte de la humanidad para seguir en vida.

Los descubrimientos científicos que causan la novedad

Los descubrimientos científico-técnicos que están dando lugar a una nueva época serían, sobre todo, los circuitos integrados y el desciframiento del genoma humano. Ellos son realmente nuevos y decisivos y dan lugar a muy diversas innovaciones y a un cambio de paradigma.

Los circuitos integrados han posibilitado pasar de lo macro a lo micro, ante todo han dado lugar al mundo digital que ha posibilitado la mundialización en el sentido de estar todos en presencia de todos y en el de estar crecientemente conectados. Han permitido también la exploración del universo, que no ha hecho sino empezar. También han originado la robotización, que da lugar a fábricas sin trabajadores y que empieza a suplir también trabajos domésticos. Y a la inteligencia artificial, que no sabemos hasta dónde puede llegar y las consecuencias que puede traer, si no está guiada por la firme voluntad de humanizarnos.

Por su parte el descubrimiento del genoma humano hace pensar en reparar, de modo inédito hasta hoy, lo deteriorado en el cuerpo humano e incluso detener hasta cierto punto el envejecimiento, y más en general toda la genética que puede optimizar al ser humano. El descubrimiento del genoma de otros seres vivos, sobre todo los que son beneficiosos para el ser humano, lleva a optimizarlos.

Asociado a la genética y, por supuesto a los circuitos integrados, está de modo más general la nanotecnología que permite un modo de intervención eficaz y sin riesgos, si está encaminada por la voluntad de optimizar la vida humana. Pero que puede llevar a una invasión realmente criminal, si carece de baremo ético [2].

Creo que éstos son los dos descubrimientos que más están cambiando nuestra vida y nuestro hábitat. Ahora bien, la pregunta es si están siendo utilizados para optimizar a la humanidad y a la casa común o lo contrario. El primer caso sería, por ejemplo, la ingeniería genética; conforme se desarrolle, cambiará radicalmente la medicina. Podemos hablar de optimizar al ser humano y rehabilitarlo hasta extremos desconocidos actualmente. Mientras el ser humano sea el sujeto la optimización es siempre positiva, lo que entraña que los investigadores y sus financistas tengan hambre de humanidad y por tanto sean solidarios de toda la humanidad.

El caso más clamoroso del segundo sería la manipulación genética: entender que el ser humano actual es únicamente punto de partida para lo que seamos capaces de hacer. Y lo que se quiere hacer es “superhombres” con vigor y cualidades desarrolladas exponencialmente para la autorrealización sin ningún límite ético, es decir sin sentirse religados a quienes les ha dado la existencia ni a quienes vendrán después, sin conocer ningún lazo obligante y ninguna solidaridad, desconociéndose como criaturas y pretendiendo poner a otros a su servicio, y sobre todo crear “subhombres” con grandes capacidades intelectuales y sin voluntad, a merced de los “superhombres”.

Si se absolutiza el individuo y éste está guiado únicamente por la voluntad de poder, el resultado de los inventos será siempre la deshumanización de los que los llevan a cabo y los invisten y la discriminación del resto. Hay que decir que ambos procesos, tanto la ingeniería como la manipulación genética, están en marcha y que la segunda puede tener consecuencias catastróficas.

Respecto de los circuitos integrados hay que decir también que están abriendo posibilidades increíbles, que hacen pensar a la gente que apenas estamos despegando de la tierra, de la naturaleza, que lo que falta es todavía en gran medida impensable, inimaginable, pero realizable a no demasiado largo plazo. Pero también están excluyendo de la sociedad a un número cada vez mayor de personas y a las que están dentro tienden a homogeneizarlas para reducirlas a piezas de su engranaje [3], y las posibilidades hasta hoy inéditas de incidir en la casa común están llevando no a su optimización sino a la destrucción del equilibrio ecológico y de las posibilidades de vida.

(Seguir leyendo)

Pedro Trigo, SJ
Teólogo. Centro Gumilla Venezuela

--------------------------------------------

[1] Ferry apunta también este desnivel (oc 157-158). Su propuesta en oc 180-187
[2] Ferry oc 191-195
[3] Esta evolución y su teorización justificadora es la que analiza y critica Habermas (oc 314-334)

 

Información de uca.edu.sv