Artículo de Víctor Martínez SJ, publicado en el Volumen 71 de Theologica Xaveriana, correspondiente al año 2021. Compartido por el autor en la Reunión anual de la Comisión de Teólogos de la CPAL.

 

 

Puebla: el inicio de un camino hacia una teología
más audaz y profética en América Latina y el Caribe

 

Hace 40 años los obispos latinoamericanos se reunieron en Puebla, para reflexionar y señalar horizontes pastorales y de construcción teológica. En este artículo, mostramos el dinamismo, la fuerza y el vigor del mensaje emanado de aquel encuentro. Puebla dio pistas para una teología nueva que, fiel al método latinoamericano, puede dar respuesta a los problemas que nos interpelan hoy con fuerza inusitada y nos invitan a vislumbrar nuevos derroteros, campos de propuestas alternativas y caminos todavía intransitados. El mensaje de Puebla sigue siendo actual y nos abre a la esperanza en la construcción de una teología que busca redimensionar su quehacer, para comprender, de manera distinta, la acción de Dios en la historia, la condición humana y su relación con la naturaleza. Vivimos en un contexto plural, amplio y abierto a la construcción de teologías capaces de ofrecer nuevas interpretaciones de la revelación y la acción de Dios; un momento propicio para repensar la labor teológica, de cara a los desafíos presentados por Puebla. En este horizonte, el trabajo teológico debe entenderse desde la experiencia de fe y la apertura fundamental del ser humano a la acción creadora y salvífica de Dios, en la gratuidad de ser hijos en el Hijo y no como una mera obligación intelectiva de la fe cristiana.

Introducción

Una mirada al Documento conclusivo de la III Conferencia del Episcopado Latinoamericano y caribeño, llevada a cabo en Puebla en 1979, nos lleva a actualizar el acontecimiento en perspectiva de su significado y fuerza actual, que podemos evidenciar frente a los desafíos, horizontes y alternativas a las que Puebla nos invita, como parte de nuestro quehacer teológico. En esa medida, se propone evidenciar el modo en que Puebla avizoró horizontes teológicos que hoy deben ser materia de trabajo; proyectos y perspectivas imperativos de nuestra reflexión teológica actual; vetas y filones teológicos todavía no profundizados ni abordados con suficiente rigurosidad.

Entonces, nos proponemos mostrar la manera como, en el Documento de Puebla, está consignada una teología cuyo dinamismo, fuerza y actualidad no solo siguen vigentes, sino que también ofrece suficiente material de estudio para la labor teológica a la que estamos llamados, a fin de vislumbrar nuevos derroteros, campos de nuevas propuestas y, quizás, caminos aun sin transitar. Considerando que, como portadores de la buena nueva del Evangelio, debemos hacer realidad la afirmación en cuanto al “vino nuevo en odres nuevos” (Mt 9,14-17; Mc 2,21-22; Lc 5,33-39).

El Documento de Puebla ofrece pistas para una teología nueva que, permaneciendo fiel a los principios del método latinoamericano, logre dar respuesta a los problemas que hoy nos interpelan con fuerza inusitada. Como afirma el papa Francisco, “el teólogo que se complace en su pensamiento completo y acabado es un mediocre”. Por tanto, queremos responder a los retos del presente con respuestas del presente. Esta es la única forma de abrir el futuro, con esperanza. Debido al aporte de Puebla, tenemos la responsabilidad de vislumbrar y diseñar un saber teológico que sea capaz de responder a nuestra realidad actual y al cambio de época que estamos experimentando.

Así, volviendo al legado de lo acontecido y consignado en el Documento de Puebla, se hizo una selección de temas y apartes de significado singular, útiles para ser trabajados por la teología actual. Esta es la contribución que podemos hacer, en cuanto centros teológicos de estudio, en el caminar de nuestros pueblos creyentes. Es decir, aportar de manera efectiva desde lo que somos y lo que tenemos para aportar al proceso de liberación de nuestro continente.

La mirada, la iluminación y la praxis pastoral

Comencemos con la siguiente afirmación, del teólogo y ecologista brasileño Leonardo Boff (1938), en la que se refiere a la organización singular del documento de Puebla:

Todo viene expuesto dentro de una metodología ya consagrada por la práctica de las comunidades cristianas en la base y por la reflexión teológica del continente que se inscribe dentro de los marcos de la teología de la liberación: ver analíticamente, juzgar teológicamente y actuar pastoralmente. Primeramente, se empieza todo el documento con un amplio análisis crítico de la realidad social latinoamericana, detectando las principales angustias y esperanzas de nuestros pueblos.  Enseguida se monta una reflexión teológica cuya función sería repensar a la luz de la fe los retos identificados en la parte analítica. Por fin, se apuntan las pistas de la práctica cristiana como imperativo del análisis y de la reflexión en función de una acción efectiva sobre la realidad.

Ciertamente, como documento, Puebla es el punto de llegada de un trabajo prolongado, de la oración y el discernimiento de toda la Iglesia de América Latina y el Caribe. Ha sido considerado el mayor esfuerzo de participación eclesial, donde la conferencia episcopal es solo un momento de todo este proceso participativo. Así, Puebla es visto más como un acontecimiento eclesial que como una asamblea de los obispos del continente.

El diagnóstico sobre la realidad latinoamericana y caribeña hecho en Puebla no es resultado de trabajos científicos ni mediciones sobre la población, sino fruto de las experiencias pastorales. De ahí surgen su riqueza y su fuerza. Los rostros de Cristo en América Latina (numerales 31-39 del documento) son la expresión de rostros concretos de los que sufren, pobres concretos y víctimas del sistema económico, político y cultural del continente.

Puebla parte de la mirada a la realidad de nuestros pueblos, de su situación de opresión y de pobreza; situación producto de mecanismos de explotación y pauperización, de relaciones de desigualdad y exclusión, presencia de estructuras de desequilibrio entre el centro y las periferias, donde se evidencian élites que monopolizan el poder, la riqueza y el saber; ante un pueblo que carece de los mínimos necesarios para garantizar su subsistencia.

La realidad es iluminada a partir de la Escritura, el magisterio pontificio y los documentos eclesiales. Ante el deseo de nuestro pueblo de una liberación integral, se responde a la pregunta: ¿cuáles son los caminos de liberación que Dios presenta? La respuesta es Jesucristo. De modo que debe “anunciarse explícitamente a Cristo liberador”. Podemos afirmar que, aunque en el documento haya una cristología conservadora, la mirada otea un horizonte esperanzador, pues el Concilio Vaticano II, la exhortación Evangelii nuntiandi y el Documento de Medellín llevan a descubrir en Puebla

…la imagen de un Jesucristo liberador, que ha hecho una opción preferencial por los pobres, que ha anunciado y realizado por sus prácticas liberadoras el Reino de Dios como total y global liberación de Dios, etc. Esta es la verdadera cristología que sustenta las grandes opciones de la Iglesia latinoamericana, comprometida con la liberación integral de sus pueblos.

El tercer movimiento es el práctico-pastoral, medio más apto para la acción evangelizadora. Es decir, la opción por los objetivos y medios que llevan a la misión. Puebla se proyecta en una acción evangelizadora de la cultura, para servir y liberar a nuestro pueblo, llamado abarcador y tarea de amplio espectro. Una mirada analítica sobre la realidad (ver), la iluminación teológica (juzgar) y la acción pastoral (actuar) son el método que lleva a profundizar y vivir la fe, a partir de la realidad.

Sin duda, el aporte metodológico es de profundo significado para la teología. El método seguido y consignado en Puebla se posicionó no solo en el quehacer teológico latinoamericano, sino que también fue una contribución para la teología mundial. Hacer teología debe partir de la realidad, las situaciones actuales y los acontecimientos que interrogan, desde las dificultades que nos preocupan.

La teología tendrá que ser inequívoca en señalar las causas y las formas de erradicar las nuevas formas de esclavitud, de pobreza, de violencia y de sufrimiento de las mayorías en nuestros pueblos. La teología no puede ser indiferente ni ante la miseria y ni la angustia. Más bien, está obligada a orientar su reflexión, producción y enseñanza a favor de las víctimas de la iniquidad humana.

La Iglesia en Puebla: el pueblo de Dios

Para algunos autores, la III Conferencia del Celam, en Puebla, fue una meditación sobre la Iglesia latinoamericana. Se trata de una herencia proveniente del Concilio Vaticano II, cuya fuerza de inserción y anclaje tuvo lugar en Medellín, una década antes. El Concilio Vaticano II había subrayado la presentación de la Iglesia como pueblo de Dios, conformado por hombres y mujeres que viven en comunidad, animado por Dios mismo y son germen y esperanza del Reino. En cuanto pueblo de Dios, la Iglesia restablece la dignidad del laicado, todos somos miembros de la Iglesia, todos, hombres y mujeres; todos miembros del pueblo, jerarquía y laicado, pueblo todo sacerdotal.

Pueden señalarse dos etapas en la vivencia eclesial latinoamericana posconciliar: la primera es la dimensión social, a partir de los movimientos apostólicos de los estamentos religioso y sacerdotal, y del laicado activo. Se trata de las élites comprometidas, propio de la clase media urbana. Este movimiento se focaliza en pequeños grupos de acción y militancia. Así, se privilegian las pequeñas comunidades, fermento del pueblo cristiano para el cambio de las estructuras sociales y la acción de la toma de conciencia frente a toda injusticia; comunidades que buscan la liberación como respuesta solidaria con los pobres. Esta etapa llegó a ser expresada con claridad en Medellín.

La segunda etapa se vuelca al pueblo latinoamericano, a fin de escuchar su voz y sus gritos. De ese modo, su primer interés es la pastoral popular, por lo que revalora la religiosidad popular y acentúa la pequeña comunidad.

De esta encarnación de la Iglesia en las clases populares subalternas nacen las comunidades eclesiales de base y la pastoral popular liberadora. Se inaugura un modelo nuevo de relación de la Iglesia con la sociedad civil: relación directa sin pasar por la mediación del estado y de las clases dirigentes. La Iglesia se inserta directamente en las clases populares; quiere ser más que una Iglesia para el pueblo; quiere ser una Iglesia con el pueblo, del pueblo; una Iglesia que nace de la fe del pueblo oprimido.

La fuerza y la identidad que van adquiriendo las comunidades eclesiales de base son una consecuencia de aquella noción eclesial. Por ello, “no es extraño que, en la conferencia, la idea de Iglesia, pueblo de Dios, ocupara lugar privilegiado”.

Ahora bien, si Medellín acentuó de manera explícita la Iglesia comunidad, Puebla se encaminó hacia la Iglesia, en cuanto pueblo de Dios que abarca a las comunidades de base. Es decir, incluye comunidades centradas, por un lado, en la Palabra, la vivencia y la celebración sacramental y, por otro, en su compromiso por la promoción humana y la justicia; compromiso por contribuir en la construcción del Reino de Dios.

No podemos desconocer a quienes veían en estas comunidades una desviación del verdadero sentido de comunidad o bien la hipertrofia y desfiguración de la Iglesia como pueblo de Dios. En esa medida, eran presentadas como “Iglesia popular”, constituidas “desde abajo”, desconocedoras del magisterio y de la jerarquía. Si tal realidad en la praxis de algunas comunidades no puede negarse, es igualmente innegable la persecución y la aniquilación que en todo el continente latinoamericano y caribeño se hizo de las comunidades eclesiales de base, aunque algunas sobreviven.

Como pueblo de Dios, la Iglesia fue valorada en Puebla a partir de una triada que ocupa un lugar especial: la religiosidad popular, la cultura y la historia. Con la religiosidad popular, “reapareció la valoración de la presencia del pueblo cristiano, el pueblo latinoamericano, el pueblo pobre y cristiano del continente” y, con ello, resurgió “la problemática de su ser y originalidad, el redescubrimiento de sus valores”. No obstante, la religiosidad popular adquirió su mayor grado de comprensión, valoración y legitimidad en relación con la historia y la cultura, las cuales exigen mayor grado de conciencia: “Puebla en su desarrollo eclesiológico toma a la Iglesia como pueblo de Dios. Pueblo, cultura y religiosidad popular son temas íntimamente ligados entre sí”.

Comprender la religiosidad popular, la historia y la cultura lleva a hacer distinciones que ayuden a situar y aclarar la reflexión teológica en su profundidad y pretensión acerca de elementos como la religión, la religiosidad, la devoción y la piedad. A ellos se suman la religión del pueblo y la religiosidad y la piedad populares. Al respecto, conviene advertir que deben proveerse distintas opciones en el momento de acuñar conceptos, toda vez que las palabras configuran realidades.

Debido a que nuestro pueblo es el destinatario y el sujeto de nuestro quehacer teológico, la realidad, el contacto con el pueblo, la experiencia y vivencia de cercanía al pueblo es una realidad de encarnación concreta. Aquella realidad nos hace optar por un modo de hacer teología, a partir de la realidad, sus situaciones reales, sus acontecimientos y sus problemas.

Actualmente, es necesario recordar que debemos, primero, partir de la vida, la historia y la realidad, no de la proyección de lo que se es y lo que se hace y, segundo, pasar de nuestras zonas de confort para asumir las realidades ambiguas cuyos matices incomodan y amenazan. La opción es por el amor generador de la vida, el amor fiel, el sentido y la fuerza de la relacionalidad. Se ha de pasar de la doctrina al Evangelio, de la religión a la fe; pasar a preguntarse: “¿Dónde rezan los pobres?, ¿cuál es la religión de los pobres?, ¿qué celebran los pobres? […]. Este matiz religioso le da una tonalidad nueva a la reflexión teológica en América Latina”.

(Seguir leyendo)

Víctor Marciano Martínez Morales, SJ
Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá, Colombia

 

Información: researchgate.net