Esto es una traducción de un artículo de Kevin Clarke, publicado el 15 de julio de 2021 en la revista America, de los jesuitas en Estados Unidos.

 

Mientras los grupos locales de derechos humanos informan de la detención de casi 300 activistas y manifestantes en Cuba, la Conferencia Cubana de Religiosas/os (CONCUR) emitió una declaración el 13 de julio, instando al gobierno a liberar a los ciudadanos detenidos desde que comenzaron las protestas el 11 de julio. Los miembros de la junta directiva de la CONCUR, reconociendo “la voz de Dios en los reclamos del pueblo”, también instaron al gobierno a permitir que los cubanos expresen libremente su descontento y a dejar de utilizar la violencia para repudiar y reprimir a “los que piensan diversamente y lo expresan en público”.

La declaración de la conferencia propuso cinco puntos “indispensables para superar la difícil situación actual y construir entre todos la fraternidad”. Los miembros de la conferencia afirmaron que “es un derecho legítimo y universal de cualquier ciudadano manifestar sus reclamos de manera ordenada y pacífica en el espacio público” e instaron a la liberación inmediata de los manifestantes detenidos.

La declaración también “reclamó el derecho” a la comunicación y a la libre circulación de la información, objetando los esfuerzos del gobierno cubano esta semana para suprimir las redes sociales y bloquear la telefonía móvil.

En un discurso televisado el 14 de julio, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel pareció dar un paso atrás en su postura inicial de línea dura, ofreciendo por primera vez una autocrítica al reconocer que las deficiencias del gobierno habían contribuido a las protestas de esta semana, las mayores vistas en Cuba en 25 años. El 11 de julio había instado a los “revolucionarios”, “comunistas” y a los contramanifestantes a salir a las calles para “combatir” a los manifestantes que clamaban por “libertad” y deploraban la escasez y el hambre en Cuba.

“De los disturbios tenemos que sacar experiencia”, dijo el miércoles por la noche. "También tenemos que hacer un análisis crítico de nuestros problemas para actuar y superar, y evitar que se repitan".

Los manifestantes han expresado su enfado por las largas colas y la escasez de alimentos y medicinas, así como por los repetidos apagones eléctricos. Algunos exigieron un ritmo más rápido de vacunación contra el coronavirus. Pero también hubo llamados al cambio político en un país gobernado por el Partido Comunista desde hace unas seis décadas.

La policía intervino y detuvo a decenas de manifestantes, a veces con violencia. El gobierno ha acusado a los manifestantes de saquear y vandalizar tiendas. El 12 de julio continuaron las protestas de menor envergadura, y las autoridades informaron de al menos un muerto. El 14 de julio no se registraron incidentes.

En su declaración, los superiores religiosos de Cuba instaron a la no violencia y al diálogo para abordar la crisis. “Todos debemos evitar caer en la trampa de la violencia como modo de imponer la propia verdad”, dijeron. “Nos preocupa que por falta de capacidad de diálogo y de escucha se ataque, repudie, persiga y condene desde el gobierno a los que piensan diversamente y lo expresan en público”.

Hablando desde La Habana el 15 de julio, Danny Roque, S.J., no estaba convencido de que el discurso del presidente haya logrado aplacar el descontento. El Padre Roque dijo que hoy la ciudad de La Habana estaba tranquila, pero describió una gran presencia policial en las calles, especialmente cerca de las zonas comerciales y los hoteles.

Según el sacerdote, el gobierno está tratando de comunicar el mensaje de que está en control. El presidente y el Estado cubano han estado intentando desviar la atención de los constantes problemas sociales y económicos de la nación, dijo, en parte culpando de las carencias al embargo estadounidense y a otras fuerzas que escapan a su control. (La Conferencia de Obispos Católicos de EE.UU. ha instado a las sucesivas administraciones estadounidenses a que levanten las restricciones de viaje y el embargo a Cuba, pidiendo un compromiso económico, cultural y religioso).

El padre Roque está de acuerdo en que el embargo contribuye a las aflicciones de la nación, pero sugirió que la escasez de alimentos, medicinas y servicios, así como los cortes de electricidad, también son consecuencia de fallos estructurales. “Tenemos muchos, muchos problemas en Cuba que podemos resolver aquí”, dijo. “Sólo necesitamos más libertad, sobre todo derechos económicos para el pueblo, para que la gente pueda ser más protagonista de su vida, de su situación económica. Pero la ley cubana no lo permite”.

Cuba sigue siendo una “nación dependiente y económicamente frágil” tras la pérdida de antiguos patrocinadores como la Unión Soviética y Venezuela debido a su persistente apuesta “por un sistema económico que, al igual que en el resto de los países en los que se ha implantado, no ha conseguido resolver problemas [elementales] ni garantizar un mínimo de desarrollo económico”.

El padre Roque describió lo que ha estado sucediendo en Cuba como una insurrección popular. “Esto ocurre cuando la gente está tan cansada, tan frustrada y ha llegado a un límite tal que prefiere salir a la calle y pagar el precio que esto implica antes que seguir viviendo así”.

Aunque la hostilidad de Estados Unidos sigue siendo una excusa fácil para la crisis actual, el socialismo en Cuba sólo ha logrado una igualdad de la miseria, acusó el padre Roque. Añadió que incluso el tan cacareado sistema sanitario cubano se ha mostrado inadecuado ante la amenaza del coronavirus.

“Sin ningún estudio serio que lo respalde, el Estado proclama el supuesto éxito de dos candidatas a vacunas cubanas”, dijo. “Sin embargo, la realidad es que vemos hospitales abarrotados, personas atendidas en el piso, pésimas condiciones hospitalarias y falta de medicamentos básicos”. Todo ello forma parte de la vida cotidiana normalizada en Cuba, dijo.

Las protestas comenzaron el 11 de julio en San Antonio de los Baños, una pequeña ciudad al sur de la capital. Esas manifestaciones “generaron una reacción en cadena”, dijo el padre Roque, que acabó extendiéndose a unas 30 comunidades más, incluida la capital, La Habana. El padre Roque describió que se oían gritos de “¡Libertad!” “Abajo la dictadura” y “Que renuncie”, mientras miles de personas salían a las calles para exigir derechos civiles y asistencia humanitaria. “Cuba ha sido testigo de las mayores protestas ciudadanas que ha vivido el país en los últimos 62 años”, dijo.

El presidente Díaz-Canel instó el 11 de julio a los partidarios del gobierno a responder con violencia a las protestas en curso, según un informe de Human Rights Watch. “Convocamos a todos los revolucionarios a salir a las calles a defender la Revolución”, dijo el presidente. “La orden de combate está dada”.

Según H.R.W., fuentes locales informan de que 275 personas han sido detenidas por agentes de seguridad del gobierno, y el paradero de muchas de ellas sigue siendo desconocido.

Informa H.R.W. que la policía y los agentes de inteligencia también se han presentado en los domicilios de periodistas y activistas, ordenándoles que se mantengan alejados de las calles. Otras fuentes informan de la detención, muerte y lesiones de otros manifestantes y activistas desde que comenzaron las manifestaciones generalizadas.

En su declaración, la conferencia de superiores religiosos cubanos instó al diálogo y a la escucha para “poner remedio a las causas que originaron estas manifestaciones”.

La declaración de los superiores religiosos católicos de Cuba amplía el mensaje emitido el 12 de julio por los obispos de Cuba, que igualmente pidieron al gobierno que respetara el derecho del pueblo cubano “a expresar sus necesidades, aspiraciones y esperanzas y, a su vez, a expresar públicamente cómo algunas medidas [del gobierno] que se han tomado les están afectando gravemente.”

(Con información de The Associated Press)

Sigue el mensaje de la CONCUR.

 

MENSAJE DE LA CONFERENCIA CUBANA DE RELIGIOSAS / OS

La Habana 13 de Julio 2021

A la Vida Consagrada que peregrina en Cuba
A toda persona de buena voluntad

Nosotros, como responsables de acompañar a la Vida Consagrada en Cuba, acogemos con profundo respeto e interés los clamores y esperanzas que ha manifestado la gente que ha salido a protestar por las calles este domingo 11 de julio en todo el país. Como personas consagradas vivimos desde la fe estos acontecimientos y reconocemos también en esos reclamos del pueblo la voz de Dios. Los que salieron a las calles no son delincuentes, son gente común de nuestro pueblo que encontró un modo de expresar su descontento.

En comunión con el importante e inspirador mensaje de nuestros obispos en el día de ayer 12 de julio, también sentimos que “no podemos cerrar los ojos o entornar la mirada, como si nada estuviera sucediendo”.

Como hermanos en el camino del pueblo cubano queremos proponerles estos cinco puntos que nos parecen indispensables para superar la difícil situación actual y construir entre todos la fraternidad:

1. Recordemos y defendamos que es un derecho legítimo y universal de cualquier ciudadano manifestar sus reclamos de manera ordenada y pacífica en el espacio público que no es monopolio y privilegio de ningún grupo ideológico determinado.
2. Es necesaria la pronta liberación de todos los que han sido apresados injustamente por el solo hecho de ejercer el derecho a manifestarse, a expresar sus reclamos.
3. Reclamamos el derecho a la información y comunicación que ha sido violado al extremo cortando la conexión de la telefonía móvil y bloqueando las redes sociales. Esto aumenta la incertidumbre y el desconcierto en una población que ya se siente agobiada por situaciones económicas, sanitarias y sociales críticas.
4. Todos debemos evitar caer en la trampa de la violencia como modo de imponer la propia verdad. Nos preocupa que por falta de capacidad de diálogo y de escucha se ataque, repudie, persiga y condene desde el gobierno a los que piensan diversamente y lo expresan en público.
5. Es importante escucharnos entre todos para poner remedio a las causas que originaron estas manifestaciones. Solo yendo a la raíz de los problemas podremos remediarlos verdaderamente.

Nos encomendamos a la Virgen de la Caridad para que superando toda tentación de violencia y exclusión nos guíe por los caminos de la fraternidad, la reconciliación, la justicia y la paz.

Junta Directiva de la CONCUR

 

Imagen e información de americamagazine.org