El golpe de Estado ocurrido en febrero en la nación asiática sigue trayendo violencia y muerte. Entre las víctimas, muchos menores de edad. La iglesia asiática y organizaciones internacionales condenan la masacre.

 

Desde hace casi dos meses, civiles desarmados pero extremadamente valientes siguen demostrando su oposición al golpe de Estado del 1 de febrero. En el 76º Día de las Fuerzas Armadas de Birmania, tuvo lugar la jornada más sangrienta: más de 100 personas, incluidos algunos niños, fueron asesinados por los militares, lo que eleva el número total de víctimas a más de 400.

Actos indefendibles

Un día que "quedará grabado como un día de terror y desgracia", afirma en twitter la delegación de la Unión Europea en Myanmar. "El asesinato de civiles desarmados, incluidos niños, son actos indefendibles". Palabras de condena también por parte del embajador británico Dan Chugg para quien las fuerzas de seguridad se han "deshonrado a sí mismas", mientras que el enviado estadounidense Thomas Vajda calificó la violencia como "horrible".

"Estos asesinatos -añade Amnistía Internacional- muestran una vez más el descarado desprecio de los generales por la insuficiente presión ejercida hasta ahora por la comunidad internacional. La ONU, a través del Alto Comisionado para los Derechos Humanos, condenó la conducta de los militares y dijo estar "conmocionada". Los enfrentamientos tuvieron lugar en 44 localidades del país asiático.

Oración por la Iglesia hermana

En las últimas semanas, las Iglesias asiáticas han hecho numerosos llamamientos y manifestado expresiones de solidaridad con la Iglesia y el atormentado pueblo birmano. Entre ellas se encuentra la carta abierta dirigida en los últimos días por 12 cardenales miembros de la Federación de Conferencias Episcopales de Asia (FABC) al cardenal Bo, en la que expresan su pleno apoyo al compromiso de la Iglesia en Myanmar por una solución pacífica del conflicto y contra la violencia militar contra civiles inocentes. En el mensaje, los cardenales asiáticos se dirigieron a los militares, a los manifestantes y a todos los actores políticos birmanos, reiterando, con el cardenal Bo, que "la violencia nunca es una solución; la fuerza nunca es una solución". Sólo da lugar a más dolor y sufrimiento, a más violencia y destrucción".  Recordando que Asia "es un continente de paz y esperanza", y que es "una sola familia", la carta concluye reiterando una vez más que "la paz es posible".

 

Con imágenes e información de religiondigital.org