Nos escribe el P. David Pantaleón, S.J. desde Cuba, para contarnos las informaciones más recientes y relevantes en esta región del continente: 

 

Un noviembre para no olvidar: tres acontecimientos que lo cambian todo

 

1. “Caminante no hay camino, se hace camino al andar. Golpe a golpe, verso a verso…” cantaban los jóvenes artistas este 27 de noviembre sentados frente al Ministerio de Cultura al final de un largo día de espera. Unos 32 artistas firmaron un documento de reclamos concertados durante la larga jornada. El ambiente era ordenado, tranquilo. Se recitaban poemas a coro. Surgían aplausos espontáneos cada 15 minutos. En medio de ellos se hicieron presente jóvenes de la pastoral juvenil y sacerdotes en comunión fraterna y sentida. Llegó hasta allí el director de cine Fernando Pérez y el actor Perugorría, entre otros. Los protagonistas son los artistas. Y cerrando la lista de sus reclamos una frase resume bien la fuerza y la novedad que les brilla en los ojos: “¡no más violencia policial, no más odio político, que sean el amor y la poesía lo que una a este pueblo!”. Desde el comienzo ha estado en el centro del debate algo tan frágil y, al mismo tiempo, indestructible como la declamación del verso emotivo de un poema de amor y libertad.

Un intelectual cubano decía en sus reflexiones que algo está cambiando en Cuba para bien desde hace algún tiempo, pero que ahora ya se asoma por aquí y por allá de diversos modos. Las actividades atrevidas e irreverentes de los jóvenes del movimiento San Isidro y el maltrato sufrido han sido la oportunidad esperada por diversos sectores de la población para reclamar derechos y llamar al dialogo sin más violencia que el propio sacrificio personal.

2. Se reiniciaron los vuelos y comenzaron a llegar algunos compañeros jesuitas que esperábamos desde hace tiempo para compartir vida y misión. Llegó el padre Jorge Luis Rojas para asumir la parroquia de Reina. Llegó el Padre Raúl Arderí para asumir la pastoral juvenil y vocacional, acompañar a los prenovicios y enseñar en el Seminario diocesano. Llegó el maestrillo Yasniel Romero para integrarse a la comunidad de Camagüey desde el Centro Loyola y la Pastoral Juvenil. Concluidas las cuarentenas obligatorias ya se está incorporando cada uno a su lugar de trabajo. Falta por llegar el maestrillo Elkin Ariel (dominicano) que tiene prevista su entrada al país para el mes de enero. Ariel viene a trabajar con el proyecto juvenil “Huellas” y con los jesuitas de Cienfuegos. También esperamos alegres y esperanzados la cercana llegada del P. Dany Roque SJ proveniente de México.

3. El primer domingo de adviento a las 4 de la madrugada, 29 de noviembre, falleció nuestro querido compañero jesuita Jorge Cela Carvajal. Un infarto fulminante se lo llevó en un instante. Consiguió llamarme al celular para decirme que se sentía muy mal. Le encontramos recostado en su cama. La habitación en orden. Algunos apuntes sobre la mesa de trabajo. Tres libros con marcas de lectura: “Diferentes, desiguales y desconectados” (mapas de la interculturalidad); “Las Familias Cubanas en el parteaguas de dos siglos” y “Desde el vientre materno te llamé” (Reflexiones sobre el aborto). Estaba escribiendo esos días sus reflexiones para el retiro al clero diocesano que debía acompañar en enero. En su agenda sobre la mesa resaltaban dos tareas: preparar ese retiro y redactar una carta de navidad que enviaba a sus amigos. Apenas había redactado un párrafo de esta carta en su borrador: “Cada año escribo una carta resumiendo la historia vivida. Es una manera de reconectarme, al menos una vez al año por Navidad, con mucha gente querida que tengo a distancia, no de corazón, ni de protocolo de Covid-19, sino geográfica. Pero este año mi carta será distinta, como lo ha sido el 2020. El año ha estado marcado por una pandemia que rompió todos los planes estratégicos, los cálculos científicos de progreso…”, ya no escribió más. Se nos fue hacia la luz en la madrugada del domingo. En la oración compartida en el templo de Reina estábamos arropados de dolor y gratitud. Una multitud se congregó fraterna y orante. Agradecidos por el sacerdote intelectual y sencillo. El gran luchador contra la inequidad. El que nos ayudó a ver “la otra cara de la pobreza”. El gran promotor de la educación popular y la democracia participativa. El gran tejedor de redes de solidaridad, de instituciones de la sociedad civil y comunidades de fe. El laborioso asesor pastoral de la Iglesia. El amigo fiel, sonriente y oportuno.

La semilla está sembrada. La cosecha será pascual. Nuestra presencia en Cuba estrena nuevos desafíos. En todas nuestras obras y comunidades hemos de reinventarnos a la escucha del Espíritu que grita en las calles, que nos renueva en los que llegan, que nos llama a resucitar con los que ya han completado su camino.


P. David Pantaleón, S.J.
30 de noviembre del 2020