Contribuir con el desarrollo de las sociedades de las que forman parte es uno de los objetivos fundamentales de la Asociación de Universidades Confiadas a la Compañía de Jesús en América Latina (AUSJAL), una red de la que participan 30 universidades de 14 países, que cuentan con 235 mil estudiantes. Entre los diferentes convenios firmados a lo largo de los años, podemos citar el establecido entre la AUSJAL y la Red Eclesial Panamazónica – REPAM, algo que en los últimos meses se ha concretado en un convenio para mitigar los efectos de la crisis provocada por la pandemia del Covid-19 en los pueblos de la Amazonía.

Este martes, 17 de noviembre, tuvo lugar un webinar en el que se ha abordado la colaboración de las universidades jesuitas con la Red Eclesial Panamazónica para los derechos humanos, la ecología integral y la mitigación de los efectos de la Covid-19. Conducidos por el jesuita Fernando Ponce León, rector de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador – PUCE, ha contado con las reflexiones de representantes de los pueblos indígenas amazónicos, como son Patricia Gualinga y la hermana Laura Vicuña Pereira Manso, del mundo académico jesuítico, como el padre Luis Arriaga, presidente de AUSJAL, Ana Lucía Torres, directora del Instituto de Salud Pública de la PUCE, y Sandra Lucía Alvarado, coordinadora de educación a distancia del Programa de derechos humanos y ecología integral REPAM / AUSJAL. También ha participado del encuentro virtual, el cardenal Pedro Barreto, presidente de la REPAM.

En sus palabras de bienvenida, el padre Arriaga destacaba la importancia de los pueblos amazónicos y de “poner nuestros talentos, nuestra vida profesional, para colaborar con los pueblos que luchan para mantener vivo nuestro planeta, frente al asedio al que su territorio ha estado sometido por muchos siglos”. La Compañía de Jesús está en la Amazonía desde 1549, como recordaba el rector de la ITESO, teniendo desde el principio el objetivo de la defensa de la fe y la promoción de la justicia. Ese planteamiento continúa presente hoy en día, buscando acompañar a los pobres y excluidos, a los jóvenes, en la creación de un futuro esperanzador, cuidar de nuestra casa común, sin una visión antropocéntrica y sí integral, de armonía entre los seres humanos y la naturaleza.

Para alguien que habla desde la realidad de los pueblos amazónicos, como es Patricia Gualinga, uno de los desafíos es aterrizar en el territorio. Eso la llevaba a preguntarse "¿por qué los pueblos indígenas no han podido acceder tradicionalmente a las universidades?". En verdad, los pocos que lo han conseguido, “cuando acceden se sienten perdidos, porque venimos de un contexto completamente distinto”, según la auditora en el Sínodo para la Amazonía. Ella afirmaba que las universidades, en investigación, sí han estado en territorio, pero puede ser que no hayan entendido la realidad del contexto. Gualinga ve necesario que los jóvenes indígenas puedan acceder a las universidades, y, al mismo tiempo, que, “en las universidades, de donde sale gente que estará en el gobierno, también vayan con una ética, con una visión multinacional, plurinacional, y con una visión sobre todo de justicia”.

Ante esta situación ve necesario buscar caminos para mejorar la educación en los territorios amazónicos, ver como la universidad puede acercarse a esta realidad donde entran en conflicto los intereses de los pueblos y de las grandes empresas. La representante de los pueblos originarios en la Conferencia Eclesial de la Amazonía – CEAMA, desde la idea de que existen diferentes realidades amazónicas, destacaba su tradicional lucha por los derechos, entre ellos el respeto a la naturaleza, algo difícil de conseguir, pues eso entra en conflicto con los intereses de las grandes empresas.

El Programa de derechos humanos y ecología integral es una iniciativa relevante y pertinente, según Sandra Alvarado, algo que hace una llamada a sumar esfuerzos para proteger una Amazonía amenazada. Para ello, el programa del que es coordinadora quiere que “los estudiantes sean sujetos activos y autónomos de sus saberes”, ofreciendo “elementos conceptuales y de reflexión crítica en torno a los derechos humanos y la ecología integral, para que sea un agente capaz de cuidar y defender el territorio de acuerdo a los nuevos estándares de derechos de los pueblos indígenas amazónicos”. Se trata de una actividad dirigida a agentes pastorales, líderes indígenas, profesionales vinculados con la Iglesia católica, profesores y estudiantes que trabajan en perspectiva de acción social y de defensa de los derechos humanos.

No podemos olvidar que la Amazonía siempre fue un espacio de mucha resistencia, algo en lo que insistía la hermana Laura Vicuña Pereira Manso. Según la religiosa, “la pandemia ha hecho visible el caos que vivimos en la Amazonía, la falta de atención de políticas públicas a los pueblos amazónicos”. Ella denunciaba que los invasores de las tierras indígenas no guardan cuarentena, siguen explotando con más fuerza y voracidad los territorios indígenas. Frente a eso los pueblos se han organizado, compartiendo la experiencia del pueblo karipuna, con quien trabaja en su condición de agente del Consejo Indigenista Misionero – CIMI, que ha hecho posible la reducción de casi 50% en la deforestación, algo no es suficiente, pues el pueblo karipuna quiere la deforestación cero.

Ante las amenazas a los pueblos en su integridad física y territorial, el estado brasileño ha dado la espalda a los pueblos indígenas. Se necesita un proyecto de vida que garantice la vida de las futuras generaciones en sus territorios, según la representante de los pueblos indígenas en la CEAMA. Los derechos de los pueblos originarios no están siendo garantizados, afirma la religiosa, algo que también se puede decir de los conocimientos ancestrales, que no siempre son reconocidos, pero que han salvado muchas vidas en este tiempo de pandemia.

Entre los desafíos, señala la falta de acceso de los pueblos indígenas a la universidad, mantener los territorios, lenguas y tradiciones, la ayuda y protección a los defensores de los derechos humanos, de los territorios y de la casa común. Para ello ve necesario una solidaridad global, pues si no cambiamos nuestra forma de vivir y de relacionarnos con la Madre Tierra, tendremos un futuro penoso.

La AUSJAL y la REPAM han llevado a cabo en los últimos meses un trabajo para la mitigación de los efectos del Covid-19 en territorio panamazónico, algo que era presentado por Ana Lucía Torres. Según ella, "el Covid exacerba las condiciones de desigualdad previas que vive la población", algo muy presente en la Amazonía, un territorio en disputa, donde la salud tiene que ver con una serie de condicionantes. En ese sentido, en la Amazonía nos deparamos con problemas sociales relacionados con el Modelo de Desarrollo Extractivista, lo que debe llevarnos a comprender las dinámicas territoriales para entender las consecuencias de la pandemia.

Algo que está dificultando la toma de decisiones, según la directora del Instituto de Salud Pública de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, es la falta de información sobre la pandemia en la Amazonía, algo que se refleja en los números de contagiados y fallecidos, que considera subestimados. Por eso, al ver la gestión que se ha llevado a cabo en relación con la pandemia en la Amazonía, nos deparamos con líderes políticos han desestimado la gravedad de la pandemia, especialmente el presidente Bolsonaro. A eso se une la realidad que se vive en los grandes conglomerados urbanos o en los lugares de difícil acceso, la desinformación de la población sobre el virus, su contagio y su tratamiento.

Frente a esa situación, Ana Lucía Torres destaca las respuestas desde la población, las reacciones de los pueblos indígenas desde sus cosmoviones, prácticas culturales y medicinas ancestrales ante al abandono del sistema de salud estatal. Por ello hacía una invitación a trabajar en la mitigación del Covid en la Panamazonía, a profundizar en el trabajo entre AUSJAL y la REPAM. Entre las propuestas concretas se deberían analizar las estrategias, fortalecer las capacidades de los pueblos originarios en el campo de la salud comunitaria, implementar un Observatorio Territorial de Salud Panmazónica, buscar políticas públicas con la participación de los pueblos y estrategias frente a futuras pandemias.

El cardenal Barreto, que comenzó su ministerio episcopal en el Vicariato de Jaén, Amazonía peruana, destacaba la importancia de la Amazonía en su vida. El purpurado reconoce lo mucho que fue aprendiendo con la sabiduría de los pueblos amazónicos a lo largo del proceso sinodal, enfatizando la alegría de los pueblos indígenas y del hermano Francisco, como le llaman, durante la asamblea sinodal. Siguiendo el lema de la REPAM, afirma que la Amazonía es fuente de vida en el corazón de la Iglesia y de la humanidad.

La REPAM ha encauzado la necesidad de un trabajo pastoral coordinado de la Iglesia en la región, pues según Barreto “siempre ha habido un compromiso de la Iglesia con los pueblos indígenas desde el siglo XVI”. La REPAM ha ayudado a descubrir “la gran riqueza de la Iglesia en la Amazonía, con líderes de los mismos pueblos indígenas amazónicos, sacerdotes, laicos, obispos, religiosos, religiosas”, según el presidente de la REPAM, que afirma que eso ha hecho con que “los excluidos fueron incluidos en el proceso evangelizador de la Iglesia universal, los abandonados se sintieron acompañados, los invisibles comenzaron a ser visibles, no solamente para la Iglesia, sino también para la humanidad”.

Para el cardenal Barreto, “la comprensión de la problemática socio ambiental y de las culturas originarias es una gran riqueza para la Iglesia y para la humanidad”. En ese sentido, recordaba que la Iglesia es y debe ser aliada de los pueblos originarios, algo pedido en el Sínodo y que se ha concretado en la CEAMA, que tiene relación muy estrecha con la REPAM. Para el cardenal, “las poblaciones originarias de la Amazonía han confirmado su percepción que ahora la Iglesia católica, bajo el liderazgo del Papa Francisco, se ha reafirmado en el acompañamiento cercano y solidario de las poblaciones indígenas, con una clara actitud de protección y defensa de esta región”, algo que, desde el punto de vista pastoral, ve como “compromiso definitivo e irrenunciable de nuestra misión evangelizadora de dignificar y proteger la vida de las personas, especialmente la de aquellas que son descartables y excluidas”.

 

Por: Luis Miguel Modino

Fuente: Religión Digital