Ahora tengo un ataque de daltonismo político. Me confunde ver a antiguos amigos de las luchas del Hospital de Clínicas siendo acusados de violar la Constitución por oportunistas. Me confunde ver a Federico Franco en una manifestación en defensa de la Carta Magna. Me confunde ver a personas adultas sosteniendo hoy exactamente lo contrario que decían hace pocos meses. Que nostalgia de aquellas películas del Far West de mi infancia en las que uno no se confundía: el bueno era el sheriff y los malos los salteadores de diligencias o los desalmados pieles rojas.

Antes, cuando estaban en juego principios o valores, algún sector ganaba y se quedaba con el poder. Eso podía ser bueno o malo para el país, pero marcaba un rumbo para el futuro. Ahora, en este lodazal de meras ambiciones personales, nadie gana. Es un conflicto en el que todos perdemos pero sobre todo, los que se embarcaron en esta aventura. Intentaré clasificar esas pérdidas.

Será la izquierda, la que pagará el mayor costo. Sus intereses coinciden de modo fatídico con los de los cartistas. Pero a diferencia de estos, los sectores progresistas tienen necesidad de referencias éticas y un mínimo de coherencia. Por eso, algunos de sus líderes sienten de manera tan dolorosa este proceso de derretimiento de su credibilidad. Su legitimidad no está blindada por la coraza de historia, estructura y afectos familiares de los partidos tradicionales. Espere y verá cómo se arrepentirán de estas decisiones. Sobre todo si gracias a las mismas, Cartes resulta reelecto.

También pierde mucho el PLRA, que nunca supo manejar sus rencores internos con el mismo pragmatismo de los colorados. Por asuntos menores los liberales alimentan odios que cruzan generaciones. Son unos capos en dividirse y el 2018 está demasiado cerca como para que se reconcilien.

Por último, también pierden los cartistas. Los dos últimos años de su Gobierno estarán contaminados de crispación y discordia electoral. Se preocuparán cuando descubran el bajísimo nivel de popularidad del presidente al que pretenden reelegir.

Hay demasiada pobreza moral en esta confrontación en la que nadie gana. Por eso no hay tanta gente protestando en las plazas. Se siente como una pelea ajena, la de un puñado de ambiciosos a los que les calienta muy poco la institucionalidad de la República.

+++ La reelección, o lo peor de la perversión política

El interminable debate de la enmienda para la reelección presidencial es desde hace meses el escenario de guerra entre el Gobierno y la oposición. Clarificando posiciones, la puja se da entre el cartismo contra un sector de la ANR, un sector del PLRA y un sector de la izquierda, porque en su plan tiene de su lado a un sector de la ANR, un sector del PLRA y un sector de la izquierda.

Y así como hay mezcolanza política entre aliados y adversarios, también en ese mismo escenario se da el debate sobre la viabilidad del plan, desde la perspectiva de su legalidad o no, que al fin de cuentas se define a votazo limpio.

Y si no, con certeza constitucional, que se aplica según la cara del cliente. Existe cuando los ministros de la Corte Suprema quieren perpetuarse en el cargo, o cuando el Poder Ejecutivo quiere legalizar los bonos, pero no cuando se trata del cerro de Ñemby. En el caso del conflicto de la Comuna con una constructora se rechazó in limine porque "este tipo de consultas no pueden formularse con un fin meramente especulativo y resulta absolutamente necesario señalar la norma constitucional que se quiere determinar en su alcance y aplicación", según Antonio Fretes y Miryam Peña. Pero para legalizar los nuevos bonos soberanos, la Corte sí es un órgano de consulta: "Es propicio que toda duda que se suscite sobre el alcance de una norma constitucional, debe ser dilucidada por la instancia judicial de la República", dijo Raúl Torres Kirmser, secundado por Peña y Fretes.

++++ Compra y venta.

En este revoltijo también se agregan las acusaciones de toda laya, desde sobornos, compras de conciencia y otras miserias de la política. Con toda naturalidad, el senador Juan Darío Monges afirmó que el senador Juan Carlos Galaverna recibía USD 100.000 del presidente Cartes a cambio de "no ser radical" en sus críticas, secundado posteriormente por Javier Zacarías Irún. Y que el acusado responda que el acusador, Monges, es un "cuatrerito", o sea un abigeo. O que en los corrillos del Senado se diga con desparpajo que el cartismo no presenta la enmienda porque teme traición de último momento del senador Julio César Velázquez porque pide la friolera de USD 1 millón a cambio de su voto.

Solo en un país que ocupa eternamente el podio entre los más corruptos del mundo y con debilidad institucional categoría inanición, este tipo de confesiones se reduce al cuadrilátero político sin constituirse en un escándalo con consecuencias para los protagonistas. Sobre todo cuando desde el mismo oficialismo se diga campantemente que el presidente soborna. Estas confesiones públicas no constituyen pruebas para los fiscales, tan diligentes cuando están a la caza de ciudadanos comunes sin poder político o económico. Ni siquiera se tomaron la molestia al menos para guardar las apariencias.

++++ Oportunismo

Las posiciones políticas se reducen a la coyuntura. Los principios no existen, o se echan mano cuando uno está del otro lado de la vereda, especialmente en la llanura.

Así la enmienda es la vía legal o ilegal según la ambición del presidente de turno.

Cuando Nicanor Duarte Frutos (2003/2008) planteó reelección vía enmienda, los opositores dijeron que no porque sostenían que la vía para instaurar la reelección es la reforma.

Cuando Fernando Lugo (2008/2012) planteó la reelección vía enmienda, la Junta de Gobierno de la ANR en el 2011 emitió una resolución rechazando la pretensión "por innecesaria, inoportuna y peligrosa para la vida republicana de la nación". Entonces era presidenta la senadora Lilian Samaniego.

Cuando Horacio Cartes decidió tardíamente embarcarse a la aventura, la ANR cambió drásticamente su posición institucional. En la convención de octubre del año pasado, decidió apoyar el rekutu dando el mandato para impulsar "las medidas políticas y los mecanismos constitucionales y legales para instalar la figura de la reelección", bajo amenaza de proscribir la candidatura por el partido de quienes se opongan.

Hay mucha razón cuando se dice que en Paraguay nadie gana ni pierde reputación. Si no que lo digan Blas Llano y su grupo que lideraron la destitución de Lugo en el 2012 y ahora lo apoyan nuevamente para ser presidente. O cuando Lugo vota contra la enmienda, pero su movimiento a favor, o cuando sostiene que su juicio político fue un golpe de Estado, y hoy se alía con sus verdugos. El colmo del Síndrome de Estocolmo.

Y después sorprende que gane el Centro de Estudiantes de Derecho UNA la hija del zar antidrogas, echada del Ministerio Público por planillera, que gozaba de una beca destinada a estudiantes de bajos recursos, que basó su campaña en la compra de votos sorteando un automóvil, regalando alcohol, fiesta y agresión a periodistas, convenciendo a un millar de estudiantes que ese es el modelo de liderazgo que hay que premiar.

+++ Fuente

* [http://www.ultimahora.com/inventario-perdidas-n1074902.html Ultima Hora]
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