Portada: Recibiendo el sol en el solsticio de invierno (Etnia Aymra). Jesús de Machaqa, Parroquia Jesús de Machaqa, altiplano, Bolivia.

Jn 10, 10b “yo he venido para que tengan vida y vida en abundancia”

Luego de haber vivido varios años con las comunidades campesino-indígenas del norte de Argentina y de pasar unos meses por Bolivia, he sido destinado a la Amazonía, en la triple frontera de Colombia, Brasil y Perú.

En este tiempo de llegada, he podido compartir la novena de navidad con algunas comunidades e ir metiéndome de a poquito en la vida de la selva y su gente. En este andar me he encontrado con el relato sistematizado de una experiencia de trabajo muy interesante que ha acompañado nuestro compañero jesuita Valerio Sartor. Este proyecto ha sido llevado adelante por Fucai y Misereor. El nombre del proyecto me ha impactado y me ha hecho rezar con mucho de lo que he vivido en estos años: “Comunidades indígenas de abundancia”. El proyecto hace un énfasis en el contraste entre la escasez y la abundancia.

Es evidente la conexión de la palabra abundancia con la cita del evangelio con que he encabezado estas líneas. Abundancia es el lugar existencial en que somos colocados quienes hemos tenido el regalo, la bendición, de conocer a Cristo. Con Él se hace presente la vida en abundancia, el Reino de Dios. La abundancia como experiencia de vida dinamiza dos aspectos que dan cuenta de la calidad de nuestra experiencia de fe: la gratitud y la gratuidad.

Por otra parte, la palabra abundancia y sus efectos gratitud y gratuidad, están íntimamente conectados con la experiencia de un Dios creador y providente. Conectados con el Dios Resucitado y vivo en la historia. Conectados con el Dios que nos habita y nos anima a anunciar su presencia abundante en la vida. En fin, esta realidad de la vida en abundancia en relación con la vida de un presente y activo en la historia, hace eco en aquella propuesta de oración con la que San Ignacio nos invita a rezar al cierre de los Ejercicios espirituales, la contemplación para alcanzar amor.

De la mano de lo que he experimentado estos años en las comunidades campesino-indígenas y la experiencia de fe vivida en el caminar a su lado, podemos afirmar que en la cultura y la espiritualidad de nuestros pueblo originarios acontece y se palpa esta Vida en Abundancia.

Cierto es esto para los ojos de la fe, por eso es necesario despertar el corazón y la mirada. Urge en nuestra tarea de anuncio gestar espacios y experiencias que den cuenta de esta presencia providente y abundante de Dios, que no llega con nosotros sino que habita allí desde siempre.

A la vez que podemos afirmar lo anterior, también debemos expresar que se hace necesario despertar la mirada de nuestros hermanos y hermanas, porque no siempre es percibida esta realidad de abundancia. Es necesario trabajar generando espacios y propuesta integrales en las que pueda acontecer este cambio en la mirada. En otras palabras, espacios y propuestas en las que podamos caer en la cuenta de la presencia providente y abundante de Dios.

Sabemos que vamos a contracorriente con la cultura dominante, la cultura del consumo, la cultura de lo superficial, la cultura de la inmediatez, la cultura de descarte, la cultura de la renta, la cultura del siempre quiero más. Esta cultura, se asienta fundamentalmente en la dinámica de la necesidad, en hacernos creer que vivimos en la escasez. Se hace urgente entonces trabajar, como se lo ha hecho en el proyecto referido, para que anunciemos esta presencia abundante de Dios que nos libere de la falsa necesidad.

Muchos discursos sobre Dios y la vida, cristianos y paganos, atraviesan la cotidianeidad de nuestros pueblos originarios. Quiera Dios encontrarnos compartiendo y viviendo el del Dios de la abundancia, la gratitud y la gratuidad. Que nos encuentre junto al Cristo de la fe, caminando con su Pueblo, en este Kairos de la iglesia al que se nos invita a sumar. Que María, Madre de la Vida en Abundancia, ayúdanos a experimentar y anunciar este tiempo preñado de sueños y sueños de abundancia. Que “de la abundancia del corazón hable nuestra boca” (Mt 12, 34b).

 

Asamblea comunitaria por conflicto en Escuela de la Comunidad Nuevo Simbolar (Etnia Lule-Vilela), parroquia San José de las Petacas, Boquerón, Santiago del Estero, norte de Argentina, Parque Chaqueño americano.

 

Mico llamado Maiki, Hermano Rodrigo sj y Doña Eufrasia (Etnia Huitoto). En chagra de la familia Pijachi, Km 22, trapecio amazónico, Leticia, Colombia.

 

Por: Hno. Rodrigo Castells Daverede sj

Equipo de la Red de Solidaridad y Apostolado Indígena